Monday, May 31, 2010

Cobarde, vencido y débil

Me llamas cobarde, vencido y débil
mientras clavas tus dagas negras en mí,
sin darme respiro ni consuelo.

Acusas este cuerpo de estar poseído
por la más cruel melancolía,
de ser un desperdicio ahogado
en las turbias aguas de la auto-compasión.
Fuerte en tu indiferencia, únicamente lo eres
por la ignorancia de la verdadera situación.

Este cobarde reprime mil legiones dentro de si,
para no lanzarse sobre ti,
y amarte hasta la batalla final.
Este vencido se levanta una y otra vez,
de las heridas que le hizo tu cuerpo,
y sigue caminando a pesar del sufrimiento.
Este, al que martirizas de débil,
rompe una y otra vez las paredes tu amado sexo,
las ataduras de tus brazos,
las invisibles cadenas de los besos que le apresan a ti.

Ni cobarde, ni vencido ni débil. Simplemente un alma,
errante, perdida y melancólica por seguir adelante,
Y sin embargo, tan necesitada de las flores de tu cabello,
la seda de tu piel y la luz de tus luceros,
anclado a la cordura de tu sonrisa,
drogado del placer de tu sexo,
nostalgia del sabor de tu ser.

No sigas tatuando más cicatrices en mi maltrecho cuerpo.
Porque dentro de mí se libra la contienda por seguir amándote
u olvidándote, a pesar de que ello me mate a cada intento.
Si por mi fuera, arrancaría con mis frágiles manos
la ropa que te cubre,
y comería en tus rojas fresas carnales,
la savia que alimenta mi frágil ser.
Amaría toda la seda que te viste, 
para empaparme de tu fragancia,
mientras mis hombros desnudos se cubren
con los cabellos de tu sien.
Me perdería en tus escarpados pechos,
y buscaría una meta imposible con las yemas de mis dedos,
en el mapa de tu espalda.
Entraría en ti para sentirte centímetro a centímetro,
suave y húmeda,
para que sintieses piel contra piel,
mi gozo envalentonado por tenerte, poseerte,
elevarte al mundo que no quiero perder.

Cobarde, vencido, débil repites una y otra vez.
Y no te das cuenta de que ya no hay amor en mí,
porque tú me lo has quitado todo. Y aún así,
te sigo amando aunque en mi rostro,
tú únicamente veas miedo, derrota y pena.

Me engaño para seguir luchando así que,
no me llames vencido,
no sabes cuan dura es la batalla de olvidarte,
mientras mi corazón aún sabe que te sigo amando...

2 comments:

Oso said...

Menuda explosión de emociones. He tardado en comentar porque he tardado en leerlo...

Alberto said...

Oso: Espero que esa explosión de emociones no se quedará en el papel :D

Este relato llevó tiempo, sudor y lágrimas sacarlo adelante. Incluso dudé mucho en publicarlo, pero ahora me alegro de haberlo hecho.

Mil gracias por detener tu camino unos minutos en mi blog. Un abrazo.

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