Tuesday, June 11, 2013

Deseos peligrosos

Su deseado anhelo se convirtió en su peor enemigo. Y eso que ella se lo avisó....

Lisa Lyon, 1982. © Robert Mapplethorpe Foundation. 

Sunday, May 26, 2013

Y brillaban las estrellas

Mordía tus labios,
y besaba tus pechos.

Perdía mis sentidos al igual que el viajero,
en el profundo desierto de tu cuerpo,
 arrastrándome entero a través de él,
buscando como un poseso,
el oasis secreto.

Sediento de ti,
y de ti hambriento.
Anhelando de tus senos, alimento,
y agua pura de tu sexo.

Agarrado en las perfiladas dunas,
tus caderas de fina y suave arena,
del pozo de tu ombligo asciendo,
coronando esas laderas de piel y hueso.

Y mientras cae la noche, por fin entro,
vencido,
dentro de tu cuerpo.

Y brillaban las estrellas en tu rostro...

Tuesday, May 21, 2013

En búsqueda del tesoro perdido (I)

D estaba desde hacía unos días muy inquieto y no sabia muy bien el por qué. Aunque no había sucedido nada que explicase su cambio de actitud, algo le decía que no todo marchaba como debía. Acostado en la cama, observaba como el pequeño ventilador del techo daba vueltas con una lenta parsimonia rítmica, convirtiendo sus tres aspas en una sola. La vista a veces nos engaña, pensó D, quizás más veces de lo que pensamos.

Se irguió de la cama y clavó su mirada en el espejo que tenía delante. Allí estaba él, el de siempre. Su pelo, sus ojos, sus pómulos, sus orejas, sus labios, su pecho, su cuello, las manos con sus dedos, sus brazos y su vientre, sí, todo era como lo recordaba, nada había cambiado, pero sin embargo, no podía quitarse la sensación extraña de que algo pasaba. Cierto era que la imagen que el espejo reflejaba era indudablemente la suya, pero incluso en esa identidad reconocida, percibió algo distinto, aunque no sabía localizar el origen del mismo.

Se percató, al mismo tiempo que se levantaba para vestirse, que había una carta que alguien había colado por el hueco de la puerta con el suelo. Se acercó con la intención de leerla, pero se asustó. De repente, la nota le parecía amenazante, peligrosa, como si cada paso que le acercaba hacia ella, fuese un camino a un abismo al que parecía condenado a lanzarse. Al cogerla, un vértigo recorrió todo su cuerpo e hizo que la pequeña habitación, austera, desordenada y falta de limpieza diese vueltas. Se asió a la esquina de la pequeña mesa llena de libros y restos de comida y todo dejó de girar, pero su respiración se hizo más profunda y su corazón comenzó a latir con más fuerza. Entonces, leyó la nota con atención:

"Esta carta está escrita para cambiar tu vida D, pero únicamente logrará ese efecto si deseas realmente emprender ese camino que te lleva aguardando desde siempre. No te preguntes quién soy, no me conoces y no llegarás a saber quien soy nunca, simplemente puedes achacar este acontecimiento al destino, al universo a cualquier deidad o aceptar, simple y llanamente lo que es, una oportunidad.

Sé que desde hace tiempo te encuentras un poco perdido, desorientado entre la inmensidad de los acontecimientos que día a día, ocurren en tu vida. Has olvido lo que te hizo fuerte y has aceptado que el estado de derrota en el que te has instalado, es lo cotidiano, lo normal, lo que debe ser. Pero estás equivocado, y además, lo sabes, algo en ti, esa voz que tan bien conoces y has decidido ignorar, no para de repetírtelo.

Sin embargo, hoy, si así quieres que sea, puede ser el primer día del resto de los días de victoria que te quedan. Si realmente quieres volver a recuperar el timón del barco en el que navegas, deberás empezar a escucharte, a quitarle la mordaza a esa voz interior que, como ya te he dicho, has silenciado hace tanto tiempo, casi el mismo que llevas con la derrota cuestas.

¿La escuchas? ¿sí?, ¿estás dispuesto a reencontrar tu camino al éxito? Si es así, felicidades, porque hoy morirás, pero no te asustes, es normal tener miedo, pero tranquilo, acepta ese miedo, compréndelo, asúmelo y cuando lo visualices cara a cara, comprenderás como vencerlo.

¿Te atreves a saltar al abismo?"

D se derrumbó en el suelo tembloroso y sudado, agarrando con fuerza la carta entre los dedos de su mano derecha, únicamente repetía una frase, voy a morir, voy a morir, voy a morir.

Monday, March 25, 2013

Cordón Umbulical: la luz de una opotunidad

Todo comienza siempre desde la oscuridad. Las grandes mitos cosmogónicos son el relato de la aparición de la luz frente a la negrura eterna imperante en el pasado. En esa oscuridad, no hay nada, por no haber,no hay ni posibilidad de vida, y por tanto, de tiempo. No hay presente. Nada importa.

Así comienza "Cordón umbilical" de Daniel de Vicente, rompiendo, haciendo desaparecer ese color negro que impregna el todo, dando paso a la luz, a la oportunidad, al tiempo, a la vida y lo que es más importante, a la elección. La elección entendida como el acto de elegir nuestras propias lecciones, dejando patente que toda lección procede de una e-lección, que es el significado que dota esa "e" a la palabra.

Y ante nosotros se nos presentan una serie de personajes diferentes en lo externo, pero tremendamente iguales en su contenido. Unos entes visualmente sencillos que muchos reconocemos o nos reconocemos. Unos personajes complejos y con multitud de máscaras y disfraces.

Es de agradecer que la puesta en escena de los mismos sea sin grandes aspavientos en lo referente a la escenografía, pues dota de un sentido simbólico que acompaña al texto de una manera perfecta. Ya que no importa el lugar, ni el ambiente, ni el donde. Ni como visten o adornan sus cuerpos esos seres complejos en lo espiritual, vanales y simples en lo superficial. Lo verdaderamente importante está en lo que dicen, lo que no dicen, lo que hacen y no hacen, es decir, en las elecciones que toman.

Decía que todos ellos, diferentes en el continente, comparten un serie de rasgos en el contenido, que es sobre lo que pivota su leitmotiv:

- el fracaso
- la oportunidad
- el miedo
- la elección
- la lección

Lo que Daniel luce en el escenario, son seis personajes que viven un fracaso vital , al que además, parecen esclavizados como un bebé a su madre a través del cordón umbilical. En la oscuridad, no pueden hacer nada por cambiarlo, pero esa luz que comienza con la obra, es también el inicio de la oportunidad, del presente que es el tiempo del cambio, de la elección, de la posibilidad de romper con las cadenas uterinas que les mantienen atados a la infelicidad.

Todos y cada uno de los seis personajes que componen la obra, tienen la oportunidad brindada por esa luz, de enfrentarse a ese miedo que les atenaza y lograr ser felices. Sin embargo, el sexteto decide, cada uno en su momento, no enfrentarse a ese miedo, no luchar, aceptar el fracaso y por ende la derrota. Se resignan pensando que nada pueden hacer por cambiar su destino, aunque se aferren a pequeñas mentiras que les permiten seguir conservando una difusa y pobre esperanza de felicidad, eso si, sin darse cuenta de esa cuerda ardiendo, que es la mentira, no es más que el alimento que permite reforzar más aún ese cordón umbilical que los ata y esclaviza.

Y asumiendo la derrota, ya no el fracaso, como el estado natural de sus vidas, dando por concluida la oportunidad que esa luz significó en la oscuridad, no queda más remedio que volver a lo negro, al apagado de esa pequeña llama de esperanza que durante un tiempo brilló, pero que ellos no quisieron aprovechar. Y ya nada vuelve a importar, pues en la oscuridad, ya no hay tiempo, ya nada es relevante, ya no es necesario mostrar lo que ahí sucede.

Pero el público o el lector, que asiste a esta tragicomedia moderna, no sufre ese apagón, esa marcha de nuevo hacia las tinieblas, pues una vez concluida la obra, se enciende para ellos otra nueva luz, esta vez la de los focos, dándoles la oportunidad de, una vez visto lo vivido encima del escenario, tomar sus propias elecciones gracias a la lección que el genio creativo del autor, nos ha querido enseñar. Daniel nos lanza la pelota para que ahora, juguemos nosotros en nuestro presente.

"Cordón umbilical" de Daniel de Vicente, en el Teatro Lara los días 8, 10, 15 de Abril.

Thursday, February 28, 2013

Filosofía del límite. Un homenaje a dos bandas.

Llevo desde hace mucho tiempo creyendo que todos y cada uno de nosotros, en mayor o menor medida, tenemos dentro un filósofo y por ende, una filosofía propia. Mantengo esa idea porque doto a la filosofía, no de una definición restringida y cerrada que es la que ofrece el mundo académico, sino que muy al contrario, conservo la que desde los tiempos de su concepción tuvo, es decir, como la capacidad de llegar a conocer y actuar del yo, con su propio ser y con el mundo. Aquello que nos permite un logos y una praxis, una forma de pensar y una forma de actuar. En esa creencia no es de extrañar por tanto, que reúna hoy aquí a dos filósofos, uno con la etiqueta oficial como es Eugenio Trías, y otro que lo es a pesar de no tener diploma que lo acredite como tal, David Roncero.

Mientras me encontraba intentando escribir un humilde homenaje póstumo a Trías, descubrí que muchas de las actitudes y formas de filosofar de Eugenio compartían una esencia con la filosofía vital de David Roncero.  De esa coincidencia de pensar, conocer y ser nace este artículo.

Eugenio Trías
Lo que une en este dueto extraño a Trías y Roncero es que ambos son unos filósofos del diálogo, de esa conversación que se produce entre dos, si bien con la mágica característica de que se trata de un diálogo que nace, crece, se desarrolla y muere como una especie de monólogo. Se encuentran ambos en el límite, concepto vital para los dos que explicaremos más tarde, del diálogo y el monólogo, donde se trasciende o superan las barreras de una y otra forma de expresión. Eugenio dialoga con la cultura, mientras que David dialoga con su yo, pero pronto nos daremos cuenta de que ese dialogo es imposible, porque tanto el yo como la cultura no son seres que permitan una respuesta externa. Por tanto, podríamos pensar que se trata de un monólogo interior, sin embargo, van mucho más allá del monólogo, porque en él, no hay posibilidad de confrontación, porque el monólogo es unidireccional, pero ellos obtienen réplica, crean comunicación. Para que ello ocurra, para que nazca ese diálogo, como ya hemos dicho, es necesario la confrontación, y ambos no tienen reparos a ella, la buscan y creen firmemente como Hegel que las contradicciones o nos matan, o son el signo máximo de vitalidad.


Esa conversación, ese diálogo que produce la confrontación, es decir, en ese ponerse frente contra frente, buscan ante todo una propuesta, un camino donde encontrar los límites. Decimos camino porque es una actitud que necesita de ponerse en marcha, ya que ambos se han dado cuenta de que, al igual que Wittgenstein, que "los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo", y buscan algo que rompa esa limitación. Trías defiende que el arte es algo difícil de expresar con palabras, porque transciende al propio lenguaje, por eso se transforma en una experiencia. Roncero articula la misma analogía para la vida, cuya existencia de acontecimientos, de notas, van mucho más allá de lo limitante del lenguaje y que por tanto, deben experimentarse, es decir, vivirse también a través de la experiencia.

La experiencia por tanto es un límite en la concepción de Trías, que a pesar de ser difícilmente comunicable a través del lenguaje, permite ir más allá, permite el misterio de transmitir no con las palabras, sino con otros códigos de comunicación, que son para Trías la pasión y para Roncero las emociones. Pasión y emoción, se convierten por tanto, en fuentes de conocimiento, como lo es la Razón, con su propio código lingüístico,  el cual se expresa mediante la experiencia.


David Roncero
Necesitamos para seguir adelante, entender el concepto de límite como lo entiende Trías y ver como lo asimila Roncero en su filosofía de vida de forma natural. Frente a la figuración de límite como muro, barrera, frontera que impide ir más allá de lo establecido, Trías lo concibe como aquello que nos permite la confrontación y por tanto, nos permite el camino y la posibilidad de ir allí donde antes no hemos ido. El límite, por tanto, se transforma no sólo en pared, sino en puerta, no sólo en meta, sino en salida. El ser humano es un "ser como límite", que constantemente experimenta el límite, pero que mientras la Razón nos deja en el muro, la experiencia nos lo convierte en puerta a buscar otro límite más. La vida se convierte, a la sazón, en un camino de límites constantes que intentaremos ir superando, hasta toparnos con el último límite que no podremos comprender hasta que, como lógicamente cabe dentro de el razonamiento de su filosofía, no lo experimentemos, es decir, muramos, dejemos de experimentar la vida para experimentar la muerte, convirtamos la pared de la existencia en la puerta de la muerte. El límite, por tanto, para Eugenio y David no es limitante, sino creador de posibilidades.

Se deduce por tanto, que el ser es un límite que une lo conocido y lo desconocido, que une la meta y la salida, la vida y la muerte, la experiencia y la palabra. Con esa concepción de límite, construye Trías una triangulación filosófica para la vida con sus tres vértices: el ser límite, la razón fronteriza y el logos simbólico. Que vienen a ser el hombre, la pasión y la experiencia para Trías y que son para Roncero el yo, las emociones y la experiencia.

Con esta triada de conceptos, Eugenio construye una ciudad, un mundo, una forma de vida, que conecta con la filosofía de vida de David, que también construye su ciudad, su mundo, donde ambos diferencian cuatro barios o estados:


  • la RELIGIÓN que son las creencias.
  • el ARTE que es lo que hago
  • la ONTOLOGÍA que es lo que conozco
  • la ÉTICA que es como lo hago

Esta ciudad que vive en el límite, sólo puede vivir en el aquí, que también expresó T.S. Eliot en su poema:

Aquí es real la junta imposible
de las esferas de la existencia.
Aquí pasado y futuro se conquistan y reconcilian.
Ese aquí es el presente, el único lugar posible donde son factibles las experencias, por ende, donde existen los límites, la vida. Así, el presente se convierten en un límite más, es el muro del pasado y la puerta del futuro. Concepción que comparten tanto Trías como Roncero.

Nos encontramos por tanto, para terminar, ante dos filósofos de la experiencia, del límite, de la capacidad del ser para ír más allá, de transcender y cuya única forma de hacerlo, es en la acción, en el movimiento que nace, recordemos el principio, en ese diálogo que incita, que motiva, que llama a emprender. Ambos comparten esa necesidad de la experiencia, la única capaz de llevarnos al límite, a conocernos a nosotros, es decir, al ser, a descubrir que ese ser es un límite también, por tanto, que nos abre puertas a ser más allá de lo que somos ahora y que para ello, es vital no el uso único del lenguaje. Para ello, nos comunican lo importante que es no usar sólo el lenguaje limitante, sino  también lo vital de la pasión para Trías, de las emociones para Roncero. Pasión y emociones que rasgan la Razón y nos permiten comunicarnos y comunicar mucho más allá de las palabras, pasión y emoción que son para ambos, por tanto, el lenguaje del conocimiento, el lenguaje de la vida.

Thursday, February 14, 2013

Beautiful Life

what i´m wanting life is only to be free
feel so free feel
so free ye ye 
living in a world of blues harmony
you and me 
you and me yeah
right up to the sky 
out of my mind 
its a beautiful beautiful life 
feeling so fine 
till the sunshine 
its a beautiful beautiful life 
up to the sky

Tuesday, February 05, 2013

¿En qué escalón estás hoy?


¿Conoces la escalera que te lleva al piso de los retos logrados?


Monday, January 21, 2013

Microcuento XII: En el mundo de Oz

Decidió caminar y acabó encontrando su propio sendero de baldosas amarillas para hacer realidad sus sueños.


by ToTe

Tuesday, January 08, 2013

Mis Maestros XXVIII: Arturo Pérez-Reverte




"Yo no estoy dispuesto a ser esclavo de mis sentimientos y mis intimidades."

Monday, December 31, 2012

El año que quieres

Cerremos los ojos por un momento y dejémos volar a la imaginación. Pensemos que se ha presentado ante nosotros un ser mágico como un hada o un genio que nos promete hacer realidad todos nuestros deseos. No podemos dejar pasar la oportunidad, ¿verdad?. Que fantástico sería que eso fuese real ¡Pues lo es!. Todos nosotros llevamos dentro a ese genio o esa hada capaz de transformar nuestros sueños en realidad.

El nuevo año que inauguraremos en breves horas es el momento, ese golpe de suerte que siempre estamos llorando que llegue, sí, gracias a él hemos encontrado la lámpara mágica que tanto tiempo llevamos buscando. Pero se trata de una lámpara algo especial, no porque tenga una forma diferente a la de los genios de "Las mil y una noche" o "Simbad el Marino", sino porque si la frotamos saldrá un genio que misteriorsamente, es idéntico a nosotros. ¿Un fraude? Todo lo contrario.

Nosotros poseémos todo el poder necesario para convertir en real nuestros sueños y lo único que tenemos que hacer es querer hacerlo. Todos, absolutamente todos tenemos dentro la palanca para poner en marcha lo que deseámos.

Miremos cara a cara a ese genio que ha salido de la lámpara, reconozcamonos en el brillo intenso de sus ojos nuestra constancia y esfuerzo, reconozcamos en sus manos que son nuestras manos la habilidad para hacer cosas que no pensabamos ser capaces de hacer, en su corazón la pasión y entrega que es nuestra pasión y entrega, que esa sonrisa y felicidad que dibujan sus labios no deja de ser la sonrisa y la felicidad que está en los nuestros.

Nosotros somos el motor de nuestro cambio, la semilla del fruto que deseamos recoger, está en nosotros, está en nuestro "compropiomiso", ponte en marcha, levántate, emprende y disfruta el camino.

Wednesday, December 26, 2012

Citas y reflexiones para un año nuevo

"Si hay algo constante, es la quejumbre de todos los tiempos acerca de la inmoralidad dominante, por comparación con las épocas anteriores. Esto hace pensar que se trata de un reiterado espejismo, que lleva a abultar los males presentes e idealizar lo pretérito."
Julián Marías, filósofo español.


"Lloraba porque no tenía zapatos hasta que vi un hombre que no tenía pies."
Proverbio persa

"Somos tan imprudentes que vagamos por tiempos que no son nuestros y no pensamos en el único que nos pertenece. Que cada uno examine sus pensamientos. Los hallará todos ocupados en el pasado o en el futuro."
Blasie Pascal, filósofo y científico francés.


"Haz acopio de aquellas cosas que dependen únicamente de ti: sinceridad, dignidad, fortaleza, bondad, libertad, sencillez, seriedad en los propósitos, grandeza de ánimo."
Marco Aurelio, emperador romano.


"Pensar es fácil, actuar es difícil. Actuar de acuerdo con lo que se piensa es lo más difícil que hay en el mundo." 
Goethe, escritor alemán

"El río había aprendido que lo importante en la vida es ser fiel, es permanecer, perseverar, es tener esperanza, es saber comenzar siempre. Dentro de sí, en la zona más silenciosa de su ser, le surgía la vida, le nacía un mamantial."
Santiago Ramón y Cajal, científico español. Parábola del Río Mazariegos.


"Si tienes las antenas bajadas y tu espíritu está cubierto por las nieves del escepticismo y el hielo del pesimismo, te has hecho viejo aunque tengas veinte años."
Konosuke Matsushita, filósofo y empresario japonés.

Monday, December 17, 2012

Microcuento XI: Ten cuidado con lo que deseas

Llevaban casi media hora discutiendo, tan inmersos en sus gritos y sus quejas que, sentados en el banco de madera, todo lo que les rodeaba había dejado de existir. No se escuchaban, simplemente se gritaban, se reprochaban el daño que se habían permitido hacer, la extraña escenificación de una víctima que era el verdugo de la otra y viceversa. De pronto, ambos se callaron y pensaron al unísono, "ojalá desaparecieras de mi vida".


foto by ToTe                                                                         

Thursday, December 13, 2012

Brevísimos XXII: Pasapalabra


...............

es lo que te mantiene firme cuando todo lo demás cambia.

Monday, December 10, 2012

Filosofía, chorizos y un fin de semana.

A Borja y toda su familia por un puente tan especial.

Se acercaba el puente, por delante cuatro días que no sabía como llenar. Sin problema, internet siempre es una solución fantástica para este tipo de situaciones. Al cabo de unos correos con un amigo, llega la respuesta a mis dudas. Un amigo me envía el contacto de unos conocidos suyos, una casa rural en Galicia, cerca de mi casa y que me va a permitir estar tres días, hasta el sábado, y luego pasar el domingo con los mios.

El correo rezaba así: "Familia de Ourense ofrece alojamiento y pensión completa gratuita a cambio de ayuda para realizar las labores de la mata del cerdo para los días 6, 7, y 8 de Diciembre." No me lo pienso, llamo, me informan que efectivamente esas son las codiciones. Lo único que debo pagarme es el billete de autobús hasta la capital del Miño, una vez allí, el hijo mayor, Borja, irá a buscarme para llevarme hasta el pueblo, Casares. Les digo que cuenten conmigo.

El jueves a las 18:00 estoy en la estación de autobuses ourensana, con una amplia sonrisa me recibe Borja que carga mi pequeña maleta en su Land Rover marrón y algo destartelado. El pueblecito se encuentra a unos 36 km, durante el trayecto me explica que su padre había fallecido hace unos meses y unos de sus tíos paternos estaba ingreado en el hospital hacía semanas, viendo que no podían contar con mucha más gente para ayudarles en la matanza, él mismo decidió medio en broma medio en serio, ofrecer entre sus amigos y conocidos la propuesta que yo había recibido. Resulta que Borja era muy amigo de la novia de un amigo de mi amigo de Coruña.

El pueblecito, una veintena de casas tradicionales gallegas de granito, es la típica estampa del rural de Galicia, con sus callejuelas estrechas y retorcidas, puertas abiertas, gente mayor que no conoce otro mundo que el campo y el olor de la montaña, ese olor único y especial de la frescura y el aire totalmente limpio.

Nada más llegar, en la misma puerta están Julián y Marta, los abuelos de Borja, su madre María y su hermano Pablo, que esa misma noche se iba de viaje a Barcelona para buscar trabajo. Me muestran la casa y mi habitación y como no, al pobre animal que al día siguiente, se convertiría en jamones, paletas, chorizos y carne.

Borja me propone dar un paseo, al cual accedo encantado, harto de haber pasado casi ocho horas sentado. Durante el mismo, nos conocemos un poco más, me habla de su familia, de sus estudios de Matemáticas e Historia del Arte en Santiago de Compostela, de como van superando la pérdida de su padre. Me sorprende la calidez, la hospitalidad y la buena energía que desprende.

Casi dos horas y media después de haber salido, regresamos a su casa, donde ya tenían preparada la cena. Toca acostarse temprano, pues mañana el fatídico suceso gorrino será muy temprano, para aprovechar la helada. Resulta que el frío es el mejor aliado para que la carne, una vez despedazado el cerdo, se enfríe cuanto antes y pueda empezar, tanto el proceso de salado como el proceso de picado para llenar los chorizos y demás embutidos que íbamos a preparar.

Poco a poco todos los miembros de la familia se van despidiendo para descansar. Volvemos a quedarnos Borja y yo, momento que aprovecho para contarle que me gustaría subir la experiencia que iba a vivir el fin de semana a mi blog, y si ello se suponía algún tipo de problema. Me contesta que no, que están más que agradecidos por que haya decidido ayudarles en un momento tan duro para ellos. Seguimos hablando y bebiendo vino hasta cerca de las dos de la mañana, instante en que decidimos que ya era hora de irse a la cama. Amablemente me acompaña hasta mi cuarto y se despide.

Acostado, mientras clavo mi mirada en la oscuridad del cuarto, me asaltan las dudas sobre si estaré a la altura, toda la familia de Borja se ha mostrando tan encantadora, que el miedo a defraudarles comenzaba a hacer acto de presencia, decidí ignorarlo y cerrar los ojos, pues dentro de cinco horas, el despertador haría acto de presencia.


Y sonó.....

Y yo tenía pensado publicar el fin de semana que viví con Borja y su familia, pero ha sido tan especial y tan raro, que al final he decidido no contar nada más. La experiencia de la mata, las risas, la dureza del trabajo extenuánte, las agujetas en mis brazos y hombros, los vinos bebidos, las comidas, todo eso quedará en mi memoria. Porque pocas veces he podido disfrutar tanto ayudando y siendo uno más. Y por si todo eso no fuera poco, por las noches lo acompañamos de vino y filosofía.

Ahora pienso que el título de esta entrada debería haber sido: Filosofía, chorizos y un gran fin de semana.

Wednesday, December 05, 2012

Me gusta....

A veces es cuestión de números, otras veces es cuestión de palabras....

Me gusta sentirme así.
Me gustan los días grises y de lluvia en los cuales quedarme en casa me permite disfrutarme.
Me gusta ir al cine y no saber lo que puede pasar.
Me gusta el cielo cuando la luna está sin estrellas, yo lo hago compañía, también me gusta la noche sin luna, porque ha decidido venirse a mi casa a tomarse algo.
Me gusta cenar y compartir el postre con todos los que están a mi alrrededor.
Me gusta ver como vacío la botella y brindo por los amigos que están sin estar.
Me gusta estar borracho y no tener a quien hacer confesiones.
Me gusta leer mil y una páginas y cruzar mis manos, al terminar, sobre la tapas del libro y soñar.
Me gusta llorar sin derramar una lágrima, y también me gusta reír y oír mi propia sonrisa.
Me gusta el silencio que me arropa.
Me gusta estar sin mis padres y sentirles tan cerca.
Me gusta extrañar a mi hermana y poder disfrutar de su alegría.
Me gusta ser parte de la inocencia de mi sobrino.
Me gusta que Oscar esté donde el decida estar.
Me gusta recordar Coruña como un Comala, porque ya no quiero volver.
Me gusta ver como nos hemos olvidado los del máster, porque ahora ya somos amigos.
Me gusta ver como vuela de nuevo David en busca de nuevas metas.
Me gusta que Madrid me oprima, porque me obliga a luchar contra ello.
Me gusta oír una y otra vez a Sabina cantando Calle Melancolía y compartir con otro loco que es una canción positiva.
Me gusta escribir borracho porque no puedo controlarme.
Me gusta esta entrada de mi blog.
Me gusta....

Wednesday, November 28, 2012

Diga 33...

- ¡33!

Ni uno más, ni uno menos. ¿Cuestión de números? Parece que sí, si uno resta a 2012, 1979. ¿Algo más? Según Julio Iglesias media vida. Claro que para Cristo fue el fin del comienzo, morir para resucitar y llevar a cabo su misión. Un dato curioso, Bruce Lee, nace el 27 de noviembre, un día antes y muere, ¡exacto! a los 33. Cuestión de números.

Algunos datos más. Es el número atómico del arsénico, un metaloide y por tanto, ni metal ni no metal, es decir, justo en medio. Y si por algún motivo, quieres llamar a Francia, ¡eso es!, debes marcar el 33. Matemáticamente hablando, es un número compuesto cuyos factores propios son el 1, el 3 y el 11, que sumados dan 15, que al ser menor de 33, lo convierte en un número defectivo. No es un  número primo.

En la Sagrada Bíblia, 33:33 corresponde con el libro de Ezequiel que dice: "Mas cuando todo esto llegue - y he aquí que ya llega -, sabrán que había un profeta en medio de ellos.".  Y el libro que tengo delante, en la página 33, las 33 primeras palabras son: "lizar bien todos nuestros sentidos y, en este punto, llegamos a una nueva necesidad: ser honestos. ¿Qué significa ser honesto contigo mismo, Andrés?  - Supongo que reconocernos tal y como verdaderamente somos. - Jaime sonrió....". En mi blog, la entrada 33 se titula "Despedia" y es un poema de Jorge Luis Borges.

Hay muchas más operaciones, muchas más. Lo dicho, una simple cuestión de números.

Monday, November 26, 2012

Con los cinco sentidos y algo más

Hace mucho tiempo, en una aldea lejana, un joven se encontraba estudiando para entrar en la universidad. Con la mirada clavada en los libros, no percibió como por delante de la ventada de su cuarto, pasaba un anciano por el camino que llevaba a las montañas.

- Me podeís dar un vaso de fresca agua, por favor. El camino es largo y la calor sofocante y a este pobre anciano le queda aún mucho camino para llegar a casa. - Le dijo el caminante.

- Sí, pero luego marcháos, estoy muy ocupado estudiando.- Contestó el joven, malhumurado por el valioso tiempo que el anciano le estaba haciendo perder.

- ¡Gracias joven estudiante! A pesar de estar tan ocupado con vuestros asuntos, habeis dado agua a un viejo sediento y estoy en deuda con vosotros. Como veo que os gusta estudiar, que disfrutáis de aprender y deseáis alcanzar la sabiduría, os diré que no debéis confundir a ésta con el conocimiento. Ahora no os molestaré más. Pero no será la última vez que nos veamos.

El joven intentó contestarle, pero el anciano velozmente se puso de nuevo en camino, diriguiendo sus pasos hacia la montaña Aquel acontecimiento dejó al estudiante aturdido, pero rápidamente se volvió a sus libros.

Con el paso de los años, el chico aprobó con notas excelentes sus pruebas, logró ser profesor de universidad y adquirir muchos conocimientos, pero la afirmación que le había lanzado en su día el anciano, le seguía martilleando en su cabeza, "no confundas sabiduría con conocimiento". Lo que más deseaba era ser sabio, por eso a pesar de los reconocimientos en su trabajo, de todos los estudios que había realizado con éxito, notaba que le faltaba algo, se sentía incompleto.

Un fin de semana, regresó a la aldea después de mucho tiempo sin volver. Los recuerdos de su infancia y adolescencia le asaltaron y también, el encuentro con el extraño caminante. Ahora que se encontraba de nuevo en su vieja habitación, la frase del anciano no dejaba de llamar a la puerta de su mente una y otra vez y lo que era mucho peor, el sentimiento de que algo le falta era cada vez mayor.

Harto de encontrarse en esa situación, lleno de enfado por las palabras que el caminante le había dicho y que no podía olvidar, y que tanto mal le estaban causando, decidió ir en su busca. Preparó sus pertenencias para el viaje y se dirigió hacia la montaña, esperando poder encontrar al culpable de la situación en la que se encontraba.

Después de un día de camino, se encontró con una preciosa joven que estaba sentada a la sombra de un árbol. Vestía un modesto vestido de lino y algodón, tenía sus pies descalzos y se estaba peinando su larga y oscura cabellera. El ya  no tan joven estudiante se acercó a ella:

- Buenos días bella dama.-
- ¡Oh!, quién está ahí.- Dijo la joven.
- ¡Vaya, sois ciega! . Siento haberos asustado al acercarme sin avisar.
- No os preocupeís. Por favor, sentaos y compartid conmigo el motivo que os lleva por estos caminos.
- Vereís. Hace tiempo me visitó un anciano que se dirigía hacia las montañas, me dijo algo y desde entonces no me encuentro bien, le busco para que me aclare sus palabras y me ayude para solucionar mis problemas.
- Entiendo.- Dijo la joven, mientras posaba el cepillo en la hierba.- ¿Acaso no sois feliz?
- Yo pensaba que sí.. He logrado lo que quería, tener sabiduría, pero por lo visto, las palabras de aquel caminante me han casuado un mal que no soy capaz de curar. Vosotros sois muy feliz por lo que puedo comprobar, me gustaría preguntaros una cosa, ¿cómo es ello posible si sois ciega? ¿Acaso no os gustaría ver?.- Preguntó el profesor.
- Muchos tienen vista y solo ven, yo no la tengo, pero yo puedo hacer algo mejor. Si quieres usar tus ojos más allá, no basta con ver, tienes que observar. Ahora vete, tengo que seguir alisando mi pelo. El anciano al que buscas vive en una choza en lo más alto de la montaña.

Aturdido por la respuesta de la joven, el caminante se pudo de nuevo en camino. Al anochecer, vió el destillo de un fuego a lo lejos, aterido por el frío, decidió acercarse. La luz de la hoguera salia de una pequeña y pobre cabaña, por fin pensó, he llegado hasta el anciano. Sin embargo, una vez miró a través del cristal, vió que dentro había un leñador tomando su cena. Decidió llamar a la puerta para preguntarle si podía pasar la noche al calor de su fuego, pero por más que llamaba, el dueño de la choza parecía ignorarle. Harto de esperar, abrió la puerta y un viento gélido entró en la caliente habitación.

- ¿Quién sois? ¿Qué quereís de un humilde leñador? Y por favor, decídmelo por gestos pues soy sordo.
 El joven sacó entonces un cuaderno y un lapiz y anotó unas frases.
- ¡Claro!, ponéos cómodos y esperad a que os sirva un poco de sopa caliente, la verdad es que esta noche está siendo realmente fría en la montaña.

Hablaron durante un buen tiempo y el visitante comprobó con asombro lo feliz que era el leñador. Intrigado, le preguntó por escrito cómo era posible que lo fuese si era sordo, si no hubiese preferido oír.

- Es cierto que no puedo escuchar lo que me dicen los demás, pero no significa que no pueda comunicarme con ellos, pero gracias a mi sordera. Además, ser sordo no me impide oírme a mi mismo, escucharme lo que me digo. Muchos oyen, pero ni escuchan ni se escuchan. Ahora estoy cansado y creo que vosotros también, debemos irnos a dormir.

A la mañana siguiente, el leñador ya no se encontraba en la cabaña, el joven recogió sus cosas y se puso de nuevo en marcha. Al lado de su cuaderno, encontró una nota donde su anfitrión le indicada que si seguía el camino que bordeaba el río, llegaría hasta el anciano que andaba buscando.
Caminó hasta bien entrada la tarde y cuando el hambre le asaltó, se apartó a un lado y comenzó a comer. Al poco tiempo de estar comiendo un trozo de pan con queso, vio como se acercaban un padre y su hija, la cual iba saltando, corriendo, dando brincos sin parar. Al verlo, se desviaron del camino y se acercaron a él.

- Disculpad señor, pero llevamos ya muchas horas de camino y aún nos quedan unas pocas más para llagar a nuestra aldea. Unos bandidos nos robaron nuestra bolsa de comida y al verle, pensé que podría darle un poco de la suya a mi hija.-
- Será un placer. A ver pequeña, qué prefieres, tengo pan, queso, manzanas, jamón, un poco de cecina, galletas. Dime, qué te apetece.
- ¡Agradezco mucho su generosidad!, pero mi pequeña no tiene lengua, un accidente cuando era pequeña, tuvimos que amputársela. Ahora no puede distinguir los sabores de la comida.
- ¡Increíble! .- Soltó el joven.- Y aún así, se la ve tan feliz.-
- Que no pueda saborear una comina no significa que no pueda disfrutar de sus formas, sus colores y su olor. Muchos tienen paladar pero no saborean la vida, simplemente la engullen sin percibir nada más.

Después de comer con ellos y preguntarle por el anciano, el joven se puso de nuevo en marcha. Como aquella noche no encontró ningún lugar donde refugiarse, encendió una pequeña fogata, preparó una ligera cena y se tapó con sus mantas para pasar la noche. Sin embargo, poco antes del amanecer, algo le despertó, el ruido de unos cascos de caballo acercándose.
A los pocos minutos, un soldado de la guardia del emperador se acercó a él y le dijo si podía acercarse al fuego para calentarse antes de continuar su camino. El joven le indicó que si, mas cuando el hombre se acercó a la luz de la hoguera, comprobó que no tenía nariz. El soldado se dió cuenta y contó que la había perdido en una lucha contra unos bandoleros que intentaban asaltar un pueblo, desde entonces no era capaz de oler nada. A pesar de ello, el profesor pudo ver que el valiente combatiente esbozaba una amplia sonrisa.

- Y a pesar de todo ello, os veo muy feliz, cómo puede ser, si ya no sois capaces de oler.
- Muchos tienen nariz y sin embargo, no se detienen a oler una flor o la maravillosa fragancia de una mujer.

El soldado se despidió y por su amabilidad, le indicó que la choza del anciano que tanto tiempo llevaba buscando estaba muy cerca, a un día de camino. Eso le animó y se dispuso también a empreder el suyo. Llegó al nacimiento de un pequeño arroyo donde vió como una mujer entonaba una alegre canción. Se acercó a ella para preguntarle si iba en la dirección correcta y no pudo evitar ver que no tenía manos.

- Buenas tardes señora, veo que teneis no manos y sin embargo, aquí estaís tan alegre y feliz cantando.
- Muchos las tienen y no las usan para dar caricias o sentir el tacto de las pequeñas cosas o para tomar y no dar, golpear y no abrazar.

Desconcertado por la entereza de la mujer, la dejó cantando después de que ésta le indicara que la casa del anciano se encontraba ya a unos pocos kilómetros.
Llegó a la cabaña a la noche y el viejo estaba en la puerta, como si lo estuviera esperando, se acercó a él y dejó sus cosas en el suelo.
- Muchos años llevo esperándote joven profesor.- Le dijo en anciano.
- Tantos como yo llevo sufriendo un mal por vuestras palabras.- Le conestó el viajero.
- ¿Por mis palabras?
- Sí., desde que me dijo que la sabiduría y el conocimiento no son lo mismo, no he podido ser feliz, pensando que todo lo que había estudiado no me servía para ser lo que realmente quiero ser, todo un sabio.
- Vaya. Pero para ser sabio no hace falta leer libros o ir a la escuela, aunque todo eso ayude, claro está.
- ¿Cómo que no?
- Permíteme que te lo demuestre. ¿Qué has aprendido de tu camino hasta mí?

La pregunta dejó al joven descolocado, pensó y analizó todo lo que le había pasado durante el trayecto, pero no había recibido ninguna lección importante.

- Nada, contestó.- Solo me he topado con gente y sus rutinas diarias.
- Nada, vaya, como lo siento.- Le respondió el sabio.- Y sin embargo has recibido cinco lecciones muy importantes.
- ¿Cuáles?
- Que tienes unos ojos que no ven la vida, unos oídos que no la oyen, una lengua que no la paladea, una nariz que no la huele y un tacto que no la siente. Estás más ciego que la joven del peine, más sordo que el leñador, más augésico que la niña, más anósmico que el soldado y tus manos es como si estuviesen amputadas como las de la mujer cantante.

Aquellas palabras despertaron algo en su interior que el joven estudiante no había sentido nunca, algo en que en sus adentros parecía volver a la vida.

- Ahora lo entiendo maestro. Comprendo la diferencia entre la sabiduría y los conocimientos. Aquellas personas no podían ver, ni oír, ni oler, ni saborear ni dar un abrazo, pero si tenían algo que suplía todos y cada uno de mermados sentidos. Algo que yo a pesar de tener cada uno de ellos sanos, no he experimentado nunca, pero hay algo peor maestro.
- ¿Lo qué?
- Lo que suplía sus carencias era que sus corazones latían para vivir con felicidad a pesar de sus dolencias. Maestro, además de no ver, ni oír, ni oler, ni saborear, ni sentir, además de todo ello, lo peor de todo es que mi corazón no latía por la enorme alegría que supone el simple hecho de vivir.

Saturday, November 24, 2012

Reto I: La última vez

Nada me levanta más el ánimo por la mañana, que tomar un buen café en Starbucks y acompañarlo de un aria, en este caso, el "Pur ti miro", escena final de la última ópera de Monteverdi "L´incoronazione di Poppea". Su voz era magnífica, siempre lo era, por eso es mi soprano favorita. Café y ópera, si, hoy lo necesito más que nunca.

La fuerte discusión con él, en la que nos hemos dicho de todo, incluido esas frases hechas que llenan el hueco vacío que dejan los argumentos cuando fallan como "tú sabes que no es así", "tócame las pelotas", "ya te lo dije, siempre igual", de las cuales existen tantas que podría escribirse un libro titulado "Dichos para llenar silencios" o algo similar, había empezado en el desayuno. Él hablaba de lo bien que se lo había pasado la tarde pasada con sus amigos en la clase de spinnig, yo sobre lo curioso que era que hubiese un jugador al que llamasen también Tote. Ninguno escuchaba y al cabo de un segundo, saltó la chispa. Todos los reproches que los dos nos guardábamos, salieron a la luz. Y como no, una frase hecha hizo un receso en la discusión, "ya no lo aguanto más, me voy, se acabó para siempre." Es su forma de salir de las situaciones que no le gustan, dando un portazo.

Doy el último sorbo a la taza y respondo al móvil, un número que no conozco, me dicen algo que no entiendo bien al principio y luego, me doy cuenta de que todo ha terminado de verdad. Que ese portazo era el definitivo, y todo para mí perdió sentido, el madrigal que estaba escuchando, el sabor amargo del café, la discusión, todo, porque todo se habia acabado, y esta vez de verdad....

Tuesday, November 20, 2012

Un domingo cualquiera en la montaña

No soy capaz de encontrar las palabras para expresar la extraña sensación que siento, que a pesar de las agujetas en las piernas y el dolor en los brazos, quiera volver hacerlo.

El domingo comenzó temprano, a las seis y media de la mañana después de una noche llena de nervios y poco sueño. La ruta a la que me enfrentaba, era una invitación a probarme, a ver de qué material estaba hecho y sobre todo, a disfrutar de una experiencia magnífica. El que semanas antes, un maestro y mejor amigo la tildase de dura y que yo dejase en sus manos el invitarme al evento, solo hizo aumentar mi mochila de buena energía y ganas de demostrarme lo que era capaz hacer.

Así que con tres horas escasas de sueño y la mochila lista, trayecto en metro hasta Atocha para conocer y subir con unos amigos de David (gracias Rafa y Larua). Durante el trayecto en coche, los nervios comenzaban a aflorar, esa gente tenía experiencia, fondo físico y una energía desbordante. Mis miedos comenzaban a atenazarme sobre mis posibilidades.

Mientras esperábamos al resto del equipo, la charla distentida y amigable entre todos los presentes fue un auténtico bálsamo para mi incertidumbre. ¡Tenía ganas! ¡Quería comenzar ya a subir! Y cuando por fin estamos todos, nos lanzamos a la ruta.

La primera hora larga fue un agradable paseo entre árboles, setas y cortas conversaciones con todos los presentes. Cada vez salgo más de mi zona de confort y me gusta charlar con gente desconocida, aunque soy extrovertido, cuando entre un grupo de personas hay conocidos, solía centrarme en ellos y no saber apreciar al resto.

Y sin avisar, llega la subida, el verdadero momento. La primera media hora fue realmente bien, sin embargo, a medida que la pendiente iba siendo mayor y la distancia iba aumentando, junto con la necesidad de auparse a las rocas para seguir adelante, la experiencia se fue transformando poco a poco en algo duro, maravilloso, pero duro.

Lo fue porque a pesar de habar encontrado un ritmo apropiado para mi capacidad cardio-pulmonar, hubo momentos en que me faltaba aire, sobre todo cuando se realizaban cambios de pendiente bruscos. Cierto es que me recupero rápidamente, pero mis pulsaciones en esos momentos suben muy rápido y mis pulmones no son capaces de darme el oxigeno que necesito. Y aunque las piernas aguantaban muy bien, la espalda y los brazos comenzaban a quejarse, pero claro, faltaba aún mucho trayecto.

En la parte final de la subida, durante un momento, por mi cabeza pasaron mil ideas, pero una recurrente, ¿qué necesidad tenía de estar ahí? Mi cerebro intentaba demostrarme que estaba equivocado sacándome de mi zona de confort y casi lo consigue. Evidentemente era imposible rendirse, solo quedaba subir o subir, abandonar no era ni una opción ni una posibilidad, pero mi cabeza no paraba de mandarme mensajes negativos que tenía que transformar en positivos con mi empuje y corazón. Y los brazos y la espalda seguían aumentando su queja.

Cuando peor lo estaba pasando en la subida, de hecho, en el momento que ya no faltaba casi nada para terminarla, fue el preciso instante en que un torrente de energía me asaltó por completo, propiciado por dos acontecimientos. El primero, resolví mi diálogo interior sobre por qué estaba en esa situación con un rotundo, porque yo así lo he elegido, porque a veces para poder ganar, tienes que vencerte a ti mismo, tenía que derrotarme mentalmente para salir victorioso emocionalmente y lo logré. Segundo, al ver la pasión, el disfrute, la felicidad y la sonrisa que nuestro organizador estaba irradiándo a todos. A ese torrente de emociones positivas y fabulosas, solo puedo dolverle lo mismo sino quieres ser injusto y también, porque quiería sentir las mismas cosas buenas que él y los demás estaban sintiendo en la subida. Al final, llegué.

Y allí arriba, todos juntos compartiendo algo tan sencillo como un bocadillo y un poco de agua, unos plátanos o unos simples frutos secos, comprendo que esa es parte de la magia de la montaña. La lección de que las cosas sencillas, las cosas que luchas y alcanzas, unen y te hacen feliz, pero también que te permiten compartir parte de tu felicidad con los demás, es decir, estás siendo parte de algo mágico, una experiencia.

Las bajadas son para mi un disfrute, pero esta sumó algo más, hacerlo con cabeza y con técnica. Normalmente, si la ruta no es complicada, suelo dejarme llevar y simplemente bajar. Esta vez, tocó aprender, pensar, buscar rutas alternativas porque las usadas por los otros no me servían. Y aprender, aprender de la sabiduría de gente que te ayuda desinteresadamente con un "pon el pie aquí", "la mano así" o "lánzate que yo te sujeto". Pero sobre todo, me di cuenta de que no hay peor enemigo que el miedo y mejor amigo que la confianza. Toda el descenso fue una lucha constante contra el miedo a caerme, toda la bajada fue la demostración maravillosa de confianza en mí y la gente que me rodeaba.

Al final, escuchas el arroyo, ves parte de la cordillera a lo lejos, con sus riscos, las rocas, los árboles. Ves el cielo de un gris que jamás pensabas que fuese tan bello, la lluvia fina resbalando por tu cara, el olor de la tierra mojada, los ocres y castaños del paisaje que te abraza, las charlas amenas y fluidas de la gente a lo lejos.... y comprendes que a pesar de todo, vale la pena. Que aunque te duelen las piernas, la manos, los brazos y la espalda, que estás empadado, que has sufrido y luchado, te miras y no puedes evitar encontrarte tan vacío y a la vez tan lleno, que has llegado al momento en que sientes y te faltan las palabras.

Y las buscas pero no las encuentras, pero te da igual, porque simplemente en el fondo sabes que no es más que un domingo cualquiera en la montaña....

Thursday, November 15, 2012

Carta abierta

A mis maestros....

Vosotros mejor que nadie sabe que todo camino tiene en su sendero momentos buenos y momentos malos. Cuando yo decidí emprender el que ahora transito, sabía que no iba a ser un trazado fácil, recto y sin complicaciones, pues pocos caminos tienen ese perfil. Era consciente de que habría momentos en que iría muy deprisa y llegaría muy rápido a una de las muchas metas marcadas, pero también otras situaciones donde me encontraría dificultades e incluso hasta la posibilidad de tropezarme y caer. Así es el camino, uno elige que va andar, las situaciones vienen, uno actua y solo queda asumir las consecuencias y con qué emociones y sentimientos se va a enfrentrar a ellas.

Conocéis un poco el que yo ahora recorro. Y lo conocéis porque vosotros también lo habéis realizado, el camino del cambio, no de un cambio cualquiera, sino de un verdadero cambio interior que nos renueva espíritu y cuerpo. Se trata de un proceso largo, lleno de maravillosos retos y complicados momentos. Estoy muy orgulloso de todo lo que he andado en estos seis meses, pero me queda aún mucho por delante, muchos momentos donde sortearé las piedras y los agujeros que el camino me manda, pero también otros que no sabré preveer y donde la caida sea el resultado.

No tengo miedo a las caídas, vienen de serie cuando decides andar. Al fin y al cabo, cuando aprendes a montar en bicicleta, al principio te caes unas cuantas veces, luego vas aprendiendo y te caes menos, hasta que seguro de ti mismo ganas confianza y entonces, por ir demasiado de prisa, te caes de nuevo. Esas caídas son las que más duelen, porque van directas al orgullo y a la confianza, pero son de las que más rápido te repones, porque sabes que puedes ponerte en marcha de nuevo. Levantarme y asumir las heridas será mi trabajo, pues eso es lo que exige la ruta para seguir avanzando.

¡Gracias por enseñarme tanto!
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