Tuesday, March 08, 2011

El Loco

Le llamaban el Loco. Nadie se acordaba ya de su auténtico nombre, e incluso los más viejos de lugar, aquellos que recordaban vagamente su llegada al pueblo, lo olvidaron cuando, al poco de estar entre ellos, el Loco comenzó a ganarse a pulso, como dicen los lugareños, su mote.

¿Por qué el Loco? No existe una única respuesta, todo depende de a quién se le haga la pregunta, pues todos tienen una versión diferente para justicar el apelativo con el cual cargaba uno de los habitantes más singulares de la zona. Uno dirá que se lo ganó el día que rondó con bellas canciones toda la noche a la hija de Don Cosme, un viejo ex-guardia civil retirado que harto de tanta serenata, llegó a amenazarle con pegarle un tiro con su vieja pistola. Otro afirmará, sin embargo, que fue cuando vestido de etiqueta, se ofrecía para hacer de paseante a todas las señoras y señoritas del lugar, pues decía que todas tenían derecho, por lo menos una vez en su vida, a sentirse como auténticas damas. Y así, con su traje de smoking negro y parajita roja, con los zapatos más limpios y brillantes que se recuerdan, saludaba galantemente a los lugareños y acompañaba caballerosamente a aquellas que decidieron participar de su locura. Don Jaime, el alcalde, opina que realmente el momento en que el Loco perdió su nombre fue en las fiestas patronales, y que ello es así porque jamás podrá olvidar lo que ese día ocurrió. Cada vez que cuenta la anecdota, todo su cuerpo toma un aire de seriedad y sobriedad, como si en vez de narrar una historia, se enfrentase a un tribunal intentando justificar su inocencia. ¿Qué pasó en esa fecha tan selañada? El Loco, con un traje gris a rayas, sombrero y un vaso de whisky se subió al escenario, habló con la orquesta y durante una hora, cantó con aire melancólico canciones de Sinatra. Tal fué su éxito, que la gente le vitoreaba, las jovencitas gritaban y los músicos intentaron ficharle para su gira. El Loco rechazo la propuesta sin dar ni un solo argumento.

Podríamos seguir así con mil y unas historias y cada una de ellas más esperpéntica y disparatada. Sin embargo, si uno tiene la suerte de preguntarle a Don Marcos, un jubilado de la Caja de Ahorros lleno de canas, con la piel arrugada, mirada triste y andares quedos debido a la artrosis, quizás obtenga la respuesta más cercana a la verdad, si es que ésta existe, del por qué de el Loco. Asegura Don Marcos, que el mote se lo fué ganando poco a poco, no por sus actos más estrafalarios y llamativos, sino por su singular forma de ser y comportarse. Es cierto, y debemos dar un voto de confianza al antiguo empleado de la caja por ello, que se conocían muy bien, pues pasaban mucho tiempo juntos y que el Loco no paraba de afirmar que únicamente tenía un amigo, y ese no era otro que el viejo Marcos. Como deciamos, era su personalidad, en palabras de Don Marcos, fuerte, potente, de esas que no dejan indiferentes. Era una persona leal y fiel, como así lo demostró más de una vez; también era decidido y valiente, jamás se dejeaba paralizar por el miedo y mucho menos, por el que dirán. Amaba su libertad, su espacio y sin embargo, disfrutaba de la compañía de todos y a todos respetaba y escuchaba. Y escuchar, recuerda Don Marcos, era lo que mejor se le daba. Todo el mundo se paraba a su lado y comenzaban hablar sin parar, y el Loco tenía siempre las palabras justas y las respuestas adecuadas.

Vivió su vida cada día como si este fuese el último e intentaba contagiar esa vitalidad a su alrrededor. Nunca perdió su sonrisa y aunque es cierto que, no siempre en su interior reinaba la felicidad, siempre compartió con sus amigos la alegría que desprendía sin pedir nada a cambio. Junto a ellos, también compartió esos momentos de tristeza y pena, sabedor de que las cargas debe llevarlas uno, pero que acompañado por amigos, se hacen más ligeras. Y también amó y aunque a pocas les llegó a decir un te quiero, a todas las que compartieron a su lado momentos de pasión las respetó y trató como si fuesen únicas. Hasta en el sexo era generoso, dicen muchas de las que le conocieron en esos lances, algo que Don Marcos afirma rotundamente, pues jamás se le escuchó una mala palabra, una grosería o una fanfarronada en esos temas.

Le llemaban el Loco, y todos en mayor o menor medida le respetaban. Digo le llamaban, porque un buen día, al igual que vino se fué, sin dar señales de vida, sin dejar una sola pista. Simplemente un hueco en el corazón de todas las personas que tuvieron la suerte de tratarle. Quizás, y esto es solo una suposición, el Loco ha llegado a tu pueblo, villa o ciudad.

¿Conoces al Loco? Yo si....

1 comment:

Alberto Fernández said...

Gracias a ti Oso por tu post it y me alegra saber que te ha gustado. No escribo para los demás, pero para que vamos a engañarnos, se agradecen las loas sobre todo si vienen de un buen amigo ;)

Un abrazo.

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