Sunday, July 17, 2011

Perdido entre Tres Cantos y Colmenar Viejo

Lo tenía todo preparado: las zapatillas deportivas, la ropa, el agua y la comida, un pequeño mapa y las ganas de repetir una caminata entre Tres Cantos - Colmenar Viejo - Tres Cantos que ya había realizado con Felipe y su bellísima chica.

Tomo el cercanías muy temprano, a las ocho de la mañana ya estoy en Tres Cantos. Busco el hotel y el parking del cual salimos la última vez, bien, lo encuentro con facilidad. Comienza el reto.

Y cuando llevo tres horas caminando noto que algo no va bien, pues no diviso por ningún lado el perfil de Colmenar Viejo ni la cuesta que lleva a su cementerio. Intento ubicarme según los pasos dados en el mapa que llevo conmigo, pero no me localizco, miro a mi alrrededor para ver si encuentro algún punto de referencia para poder ubicarme, pero no hay manera. Miro al cielo, grito al vacío y me digo a mí mismo: "tío, la has cagado pero bien, estás perdido".

Después de unos segundos donde el corazón casi me sale del pecho, intento tranquilizarme. Pienso: "vamos, no es la primera vez que recorres estos parajes, tranquilizate, no ganas nada con perder la calma y puedes perder mucho si te alteras." Respiero profundamente y tomo la decisión de volver sobre mis pasos. No conozco lo que tengo por delante, pienso, pero si conozco el camino que he dejado atrás. Algo dentro me dice que seguro que volveré a Tres Cantos.

Tres horas después, agotada el agua, sin comida y un poco mareado veo el hotel a lo lejos, el parking y sé que estoy en Tres Cantos. Me dirigo a la estación de Cercanías, tomo el tren y me vuelvo a casa. Un escalofrío recorre mi cuerpo cuando me siento en el vagón. Comenzaba a ser consciente de lo casi me juego perdido en la sierra, sin agua, sin comida, sin poder ubicarme y sin que nadie supiese que había salido de caminata. Lo peor de todo es que a pesar del escalofrío, el temblor no es por remordimiento o por miedo, sino por el frío del aire acondicionado del tren.

Al llegar a casa me ducho, me hidrato y duermo. Al levantarme son las ocho de la noche. Me llaman para una cena a las diez por el Santiago Bernabeu, acepto.

Ahora mismo son la seis de la mañana. Hace casi veinte y cuatro horas que me levanté para el reto. Y lo único que he aprendido en todo el día es que al fin me he dado cuenta de lo solo que ando mi camino....

2 comments:

Feliun said...

Vaya, siento que te perdieras. De todo se aprende, estoy seguro de que la próxima vez te irá mejor! Cuando salgas por ahí, eso sí, que alguien sepas dónde vas a estar! Un abrazo desde el otro lado del charco.

Alberto said...

¡Gracias por tus palabras Feliun! Errores para alguien que no debería ser un novato, pero que cometí por orgullo y falta de modestia. Claro que he aprendido :D no siempre se lleva a un maestro al lado jajajaj

Un abrazo amigo.

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