Wednesday, February 17, 2010

Tarde de exámenes en la UNED

Erguir la cabeza en un examen es como ser un risco en el mar. Las demás cabezas gachas, quietas, con las coronillas apuntando al cielo nos traslada a la sensación de estar observando un mar en calma, pero se trata de la engañosa tranquilidad que precede a la tormenta.

Con el paso del tiempo los nervios van creciendo y la tensión aumenta, el mar ya no está tranquilo, las cabezas se mueven como olas en medio de una tempestad. Unas prestas a buscar pupitres lejanos en el intento de encontrar el mapa del tesoro en manos de un pirata vecino, otras resignadas por el fracaso y asumiendo la derrota se impacientan mientras esperan que les llegue su turno de abondar el barco y pasar por la quilla. Se oye también al viento susurrar y en su son trae y lleva dudas mientras devuelve respuestas y soluciones; esa es la suave y ligera brisa del mar.

Un mar que como los otros posee sus propios depredadores, animales fieros dispuestos a arrojar fuera del agua a sus víctimas y acabar de forma sangrienta con ellas. Se agazapan en cualquier esquina, esperan pacientes y se acercan silenciosamente para poder sorprender a la pobre víctima en el último acto de sus vidas.

El risco mientras tanto no deja de observar, desde su privilegiada atalaya, la furia del temporal. Se muestra indiferente al viento, a las olas e incluso a los propios depredadores; se sabe a salvo, seguro de su fuerza. El risco se yergue entre mar porque toda su seguridad es prueba de su desfachatez intelectual. Observa el mar desde el orgullo, la vanidad y la pedantería de saberse a salvo, de pensarse aprobado en este examen, que como un mar, se cobra poco a poco sus víctimas, entre las cuales el risco sueña con no estar.

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