Sunday, October 08, 2006

El pasado con una sonrisa

No es bueno ni saludable tener la vista anclada en el pasado, simplemente porque como dice el refrán agua pasada no mueve molinos, así de simple, sin embargo es necesario alguna vez hacer un alto en el camino y ver como hemos llegado hasta donde estamos, ver lo que ha pasado, las cosas que han cambiado y las que siguen igual, porque nunca se sabe lo que uno puede sacar en conclusión de dicha reflexión.
No voy yo a exponerles aquí mi vida resumida en breves líneas ni a contarles cosas de mi pasado, para eso tienen otros mensajes en este blog si quieren ver cubierta su curiosidad. Este post es llano y sencillamente una puesta en escrito sobre las cosas que pueden habernos ocurrido a todos nosotros o no, como un experimento en el fondo para comprobar hasta que punto, quizás, la vida y sus sucesos no nos separen tanto a este intento de escritor y ustedes, mis valiosos lectores y lectoras (cada vez más, algo que alimenta mi ego, para que ocultarlo J ).
En los añitos que tengo ya, 26, que no es que sean muchos la verdad, por mucho que se empeñe el dueño de cierto rincón barrido en llamarme viejo, he vivido ya unas cuantas experiencias muy interesantes vistas ahora desde la lejanía y la calma del tiempo pasado.
¿Se han preguntado alguna vez cuánta gente han conocido ya en sus vidas? Y hablo sólo de las que se acuerdan mejor o peor, no de toda esa otra gente que en algún momento formo parte de su vida y que ahora mismo, no guardan ni un ápice de recuerdo sobre ellas, como si nunca hubiesen existido. He intentando sacar un número aproximado y tuve que parar cuando llegue cerca de los 300 sólo entre compañeros, profesores y amigos de mi vida académica. Con mi vida amorosa lo he tenido más fácil porque aún me acuerdo de todas mis parejas (por lo escasas evidentemente), tanto las más serias como las más formales. Pero les aseguro que el número total de esas personas de poder hallarse sería increíble.
Los recuerdos que más gracia me hacen son los referentes a esos amores insufribles que todos hemos tenido, con mayor o menor intensidad. Esas chicas o esa chica que nos volvió loco, que nos trajo por la calle de la amargura, embobados, enamorados hasta los últimos rincones de nuestro cuerpo. La de veces que imaginaba que reunía el valor para declararme, la de cartas y escritos creados para ella, las entradas en el diario, las borracheras para aliviar el dolor o disimular la debilidad que sentíamos, las falsas esperanzas que nos subían en una montaña rusa de felicidad y tristeza continúas. Ese momento mágico cuando una de ellas nos hizo caso por un segundo o unos minutos, cuando pensamos que nuestros sueños iban a verse cumplidos, cuando nos cogió de la mano, cuando nos rozamos por primera vez. Incluso es probable que nos diese un beso, y ¡que beso amigos!, como en ese pasado ya vivido, parecía que no había persona más alegre en el mundo. Cuando nos dijo que éramos su mejor amigo en una confesión bajo el alcohol o después de un desengaño amoroso, ¡y la cara de gilipollas que se me quedó! No se ustedes, pero vistos ahora estos recuerdos me hacen mucha gracia y me muestran que en este tema, sigo igual de cándido que años atrás.
Y los amigos. La de litros de alcohol que hemos compartido, la de juergas y risas, enfados, peleas, confesiones, descubrimientos, decepciones, etc. Siempre me ha intrigado como nace esa complicidad entre dos personas, esa confianza capaz de superar vergüenzas, miedos y obstáculos internos y que nos permite contar aquello que nunca contaríamos a otra persona. ¿Dónde están los primeros amigos? Los de la infancia, con los que jugábamos inocentemente al balón, a ir en bicicleta, en imaginar mil y un mundos donde éramos los absolutos dueños. ¿Y los otros? Los de hace no mucho, cuando empezábamos a perder la inocencia y la vida nos obligaba a entrar en el mundo de los adultos a trompicones y de forma poco educada. ¿Los conservan aún, tienen contactos con ellos? ¿Cuantas personas siguen ahí después de tanto tiempo? Personalmente en este tema he tenido tantas buenas y malas experiencias por igual que me sorprendo que aún siga pensando que la amistad es un tesoro. Conservo amigos, bueno, uno, desde hace exactamente trece años, nada más y nada menos. Otros se quedaron por el camino, por dejadez, problemas o simplemente por que la vida pasa. Mis amigos más recientes no tienen tantos años, exactamente cinco y cuatro años respectivamente. El tiempo dirá lo que sucede, pero me sigue llamando poderosamente la atención como las promesas de amistad no duran más allá del contacto y las noches de juerga, y no es que me parezca mal.
Si queridos lectores, muchas cosas hemos vivido ya y muchas más nos quedan aún por vivir. Y esa es la magia de la vida, tener la esperanza y la valentía de desear en cada minuto de nuestra existencia que ocurran cosas nuevas, buenas y malas. Que les vaya bonito.

2 comments:

Rocío said...

Sabes? mis mejores amigos los hice en el instituto. No sé que pasó que cuando empezamos en la universidad, nos distanciamos... ya no soliamos coincidir porque cada uno tiró para una esquina del país y llegué a pensar que todo se habia acabado. Pero a principio de este año (después de 6 años ó 7)nos volvimos a encontrar todos. Como cosa de magia, los abrazos fueron más fuertes y más sinceros que los primeros incluso, las risas, todo era exactamente igual... Después de estos meses, día sí día también, quedamos juntos para irnos de fiesta, celebrar cumpleaños como cuando teniamos 15 años... sólo que ahora el grupo aumentó con las parejitas respectivas :)
Antes miraba a ese pasado con muchísima añoranza, ahora directamente lo veo como lo mejor que me pudo pasar...
Besitos van pa Verín ;)

Oso said...

Otra historia lacrimal (me subo a la habitación de llorar de nuevo, ¿hay sitio?). Me gustaría decir que en cuestión de amistades mi vida es un auge constante de demostraciones de amistad. Nací en Valladolid, de ahí no conservo ninguna amistad, viví en santiago, amigos de verdad ninguno, mi paso por Coruña no fue mucho más existoso (los siento por ti Alberto pero ya sabes lo que hay) y Madrid no está cambiando mucho esta historia.

"¡Qué triste!" estará pensando alguno o alguna (seguro que es alguna la que lo piensa ya que las mujeres se compadecen más de las desgracias ajenas) y yo les digo (con permiso de las palabras): "¡Al carajo!". No se compadezcan de mí. Mi vida es magnífica, he vivido solo sin amistad verdadera toda mi vida y tras muchos problemas, ninguno de gravedad extrema, sigo aquí a mis 23 años (y sí Alberto con 26 tacos eres un yayo, soy yo, el del rincón barrido ese que dices). Y a día de hoy (y no puedo hablar mucho porque estoy preparando una entrada para mi blog personal, el rincón ese sucio...) puedo decir que la riqueza no está en la amistad duradera sino en la amistad efímera... y hasta ahí puedo leer.

¿Saben eso de "dalo todo sin esperar nada cambio"? Lo he convertido en mi lema de la vida. Ya sea conocido o desconocido, amigo o no tan amigo, lo importante es darlo todo de ti mismo. Dando uno se siente más especial, compartir lo que uno puede dar es lo más gratificante del mundo. Esperar algo a cambio estropea esa sensación de haber abierto todo tu ser a un desconocido. En Madrid he tenido una experiencia curiosa con una personita que, habiendo estado juntos dos veces, me abrió su corazón, pero no lo hizo gratuitamente lo hizo porque vio que yo lo daba todo sin esperar nada a cambio. Que mañana esa persona desaparece de mi escenario, pues que tenga buen viaje, quizá algún día, entre bambalinas nos volvamos a encontrar y pueda volver a darlo todo de mi mismo.

Saludos y enhorabuena por la reflexión.

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