Tuesday, September 26, 2006

Diario de un suicida cobarde

Hace tres años. Si, lo recuerdo perfectamente, hace tres años era un naufrago de esta puta vida. No sé si ustedes habrán sentido alguna vez lo que intento decirles. Esa sensación de vacío, de no saber muy bien el lugar que el cruel destino depara a uno, me encontraba totalmente falto de sentimientos, me sentía como una sombra oscura y triste, perdido en mil acontecimientos que ocurrían a mi alrededor y que no sabía interpretar, y mucho menos saber el papel que me correspondía en los mismos.
Fue una etapa muy difícil para mí, muy difícil, quizás el más largo y doloroso periodo de tiempo donde el que aquí humildemente se desnuda, pasó tragos amargos y sufridos. Y no es que el pasado hubiese sido más comprensivo, pues echando la vista atrás compruebo que tampoco es que todo hubiese sido un camino de rosas, pero no sé muy bien por qué, esas dificultades pasadas se mostraron más fáciles de solucionar o por lo menos, de encontrarle un sentido.
Sin embargo, hace tres años comprobé que la vida a veces como un auténtico puñal duele y mucho. Crearon en mí ser una sensación de algo parecido a la derrota, aunque debo matizar que tampoco se trataba de un sentimiento de perdida o derrota como ya he dicho, simplemente notaba que las fuerzas me habían abandonado, que dentro de mi cuerpo, de mi mente, todo se mostraba muy oscuro y demasiado liado. Jamás durante tanto tiempo se había apoderado totalmente de mi persona el abatimiento, la melancolía, la desgana, el hastío, la necesidad de no hacer nada, en definitiva, era un vagabundo deambulando por una vida que no comprendía y que no hacía más que darme puñaladas, una tras otra y con una saña que hasta llegue a preguntarme si, el destino había decidido joderme como no había jodido a nadie.
Acompañando a todo ese manojo de sensaciones, el impulso incontrolable de beber, de buscar refugio en la bebida de una forma que nunca antes había experimentado. Y bebía porque estaba desolado y aterrado, inundado por un miedo incomprensible a no poder superar ese estado de pobreza moral.
Buscaba calor humano de forma compulsa, casi como un enfermo, era una especie de vampiro de compañía que ansiaba en todo momento no sentirse solo, que tenía pánico de la soledad. El sexo se convirtió en un carrusel de despropósitos desenfrenados, de búsqueda desesperada de algo que no llegaba nunca, pero que ansioso buscaba. Era sexo por el simple gozo de cuerpos, de perderse por unos momentos en unos sentimientos falsos y vacíos, pero que hacían olvidar las otras sensaciones de oquedad y aislamiento. Evidentemente no servía de nada, y lo único que conseguía era aumentar esa sensación desolación interior.
Era una autentica carcasa vacía. Y me consumía poco a poco más aún en esa miseria y oscuridad.
No sé si ustedes alguna vez habrán sentido esa sensación de encontrarse vacíos, de mirarse al espejo y pensar que la única compañía que le esperaba a uno, día tras día, semana tras semana, era una soledad inmensa y sobrecogedora.
Han pasado tres años. Años de cambios, evoluciones, alegrías no esperadas y tristezas no deseadas. De vida en estado puro. La sensación ya no es la misma y la esperanza se muestra en el horizonte como una estrella brillante, dejando los malos recuerdos en eso precisamente, malos recuerdos.
Ha sido un largo viaje y muy difícil, donde unos se han marchado, otros han seguido y algunos se han incorporado. A todos ellos, sin rencor, gracias, y a los que aún siguen ahí, ánimo, como dice un sabio al que debo algunas cosas, nadie dijo que la vida fuese fácil.
Un viaje donde la catarsis de la escritura se ha mostrado como una medicina del alma inmejorable, donde las nuevas metas han abierto caminos que deseo recorrer ansioso, lleno de emoción y ganas de vivir.
No sé si ustedes alguna vez han sentido lo que he intentado decirles, pero si ha sido así, que largos y duros se hacen esos años…

Sin miedo

Alberto, como ves si puedo contar relatos subidos de tono entre dos hombres, J , y por supuesto, la mejor forma de convencerte de que no me avergüenzo de nada de lo ocurrido es esto. A los lectores, sólo decirles que aquí hay mucha verdad y también mucha literatura, no se compliquen, simplemente dejen llevarse. Les pido por un momento que disfruten de la lectura y recuerden una noche mágica con esa persona que les hizo especial y único ese momento, qué más da su sexo, la vida no anda sobrada de magia como para ir mirando esos pequeños e insignificantes detalles.

Miraste los ojos de un hombre ardiente y ansioso de carne y cuerpo, un fuego infernal y prohibido al que no pudiste negarte. Las caricias y los besos llegaron, luego, solos y producto de un instinto desconocido y totalmente animal. Te arrepentiste mil veces después. Pobre idiota.
Este cuerpo que tuvo tus manos en el suyo, tus labios en cada centímetro de su alma aún no se ha arrepentido de esa noche, de hecho, fuiste uno de los culpables de arrojar un poco luz en un tiempo donde sólo había negrura. Nos faltó el querer, pero nos sobró pasión y lujuria.
Me preguntaste no hace mucho si lo recordaba, y te contesté cómo poder olvidarlo. Cómo perder en el pozo de los olvidos esa noche de pecado divino y sexo infernal. Claro que lo recuerdo.
Ese delicioso momento de duda, sorpresa y sobre todo, misteriosa compresión y confabulación desconocida para todos los demás presentes. No sé cuando fue exactamente el instante cuando tus ojos negros se clavaron en los míos, cuando entre tus manos cogiste este corazón, en aquellos tiempos totalmente perdido, y lo hiciste tuyo.
Al momento mis labios se fueron a tu duro y grueso cuello, tus manos se fueron a mi pecho y las mías se perdieron en la espesa y densa mata de cabello de tu cabeza. Estábamos acompañados, pero para nosotros no había nadie, nos encontrábamos en una dimensión totalmente inalcanzable para el resto de los presentes.
Separaste bruscamente mis labios de tu cuello y me preguntaste sin hablar si estaba seguro, fue fácil contestarte cuando uní mis labios a los tuyos en un beso profundo. En ese instante ya no tenías dudas, yo hacía tiempo que las había descartado.
En la playa y desnudos, únicamente acompañados por la luna y cubiertos por una cama de arena y olas de mar, nos revolcamos como colegiales la primera vez, y es que, era nuestra primera vez.
Recuerdo como hundiste tu cabeza en mi ingle y tu boca busco aquello que deseaba por instinto, como mi cuerpo ansioso de ese placer no fue parco en agradecimientos, como mis manos intentaban tocar tu cuerpo lejano y tan cercano a la vez. Para qué contar el resto, eso sólo lo saben el cielo y el mar, la playa y nosotros.
No hubo un te quiero, ni nada de eso, los dos sabíamos que sólo buscábamos sexo, perdernos en un mar de pasiones y lujuria para olvidar lo que antes habíamos cargado a nuestras espaldas. Es cierto que hubo un tiempo después, que estuve perdido y algo dubitativo, pero cada vez que el sentimiento de duda asomaba, recordaba lo ocurrido y todo se pasaba.
Qué más daba que fueses un hombre y yo otro, qué más da que yo nunca antes lo hubiese hecho con otro, qué importaba, lo único de verdad importante fue que dos almas perdidas compartieron por un momento algo. Y aún me preguntas si lo recuerdo. Y aún dudas si me arrepiento. Lo único que me pregunto es por qué no he vuelto a tenerte a mi lado…

Monday, September 18, 2006

Reflexiones sobre palabritas. Post data sobre aniversario.

No soy yo de reflexionar en voz alta en este blog, y mucho menos hacerlo sobre cuestiones o temas personales que más o menos me afectan de forma directa, pues cuando concebí la idea de este trozo de papel virtual, lo hice como mera plataforma donde colgar mis escritos más fantasiosos o novelescos si prefieren llamarlos así. Me gusta escribir, y por supuesto, me gusta que me lean, aunque seguiría escribiendo aunque no lo hiciesen, pues de hecho, así fue durante mucho tiempo, y conservo muchos relatos y cuentos que no han sido leídos y están esperando en la recamara que me anime a su publicación o que reúna el valor suficiente para colgarlos de la red.
El lector avispado ahora mismo estará con la mosca detrás de la oreja pensando: ¡pero este hombre de que va!, si por todo el blog existen ya varios relatos y escritos donde habla de cuestiones personales. Touché. Es cierto, esos fragmentos están ahí, la mayoría escritos por la necesidad de aligerar la carga emocional del momento, por traspasar el límite personal de ingesta de alcohol con sus consecuencias o simplemente por catarsis, al necesitar ver escrito lo que pasaba por mi mente para luego reflexionar sobre ello. También es cierto, y el lector inteligente y atento me dirá, que es imposible no reflejar cierta parte personal, del ego más subconsciente, en cada cosa que uno escribe, y yo le diré que eso es cierto, que entre las pinceladas intencionadas a las situaciones o personajes que uno da adrede, y las que el subconsciente cola sin permiso del autor, es inevitable no verter algo de las miserias y grandezas de uno en lo escrito. Sin embargo, la gran mayoría de los textos escritos aquí son relatos o cuentos, con más o menos carga personal, pero nunca reflexiones personales directas.
Pero hoy quiero pensar en alto y delante de ustedes. Y quiero hacerlo sobre el consumo de lo que llamo fast feel. O sea, y perdón si mi inglés no es bueno, los sentimientos rápidos, del estilo fast food.
La sociedad que nos ha tocado vivir nos ha impuesto a todos una dinámica clara, el tiempo es oro, y por lo tanto, debemos aprovecharlo al máximo. Pero a mayores, nos impone la obligación de la movilidad, es decir, la necesidad de cambiar constantemente de lugar para buscar las mejores oportunidades de promoción y formación. Nos vemos avocados a ser flexibles para así no perder el tren de alta velocidad que es la vida. Por eso, estudiamos la educación básica en un lugar, la universitaria en otra, posiblemente muchos opten por la post-universitaria en otro lugar y acaben encontrando trabajo en otro sitio. Cinco años acá, otros tres o cinco allí, otro más allá e incluso el trabajo más acullá. Eso supone, que en menos de a lo mejor 12 o 15 años, uno acaba iniciando relaciones personales de compañerismo o amistad por decenas, en breves y cortos periodos de duración, abocadas la mayoría a sobrevivir un año o dos por encima de la marcha hacia otro lugar que supone la ruptura física de la relación. Y sólo son muy pocas aquellas incluso las que cumples esta última característica.
No quiero hacer pensar a mis lectores que estoy disgustado con esa situación o que la rechazo e incluso me auto-compadezco de tener que vivirla. Todo lo contrario, me gusta viajar, me gusta conocer gente y lugares nuevos, soy un alma inquieta y muy abierto a vivir experiencias nuevas. Además de ser muy competitivo, lo cual me lleva siempre a intentar dar un paso más allá para ser mejor y buscar constantemente los lugares donde puedo conseguirlo.
Sin embargo, esta la situación de fast feel que he descrito me hace reflexionar sobre como algunas palabras para mi muy importantes comienzan a perder valor o estar vacías de contenido. ¿Qué significan hoy en día palabras como compromiso, fidelidad, respeto, confianza? Es como si en el subconsciente general de todos existiese el mecanismo que nos dijera que no debemos comprometernos mucho en una relación, pues sabemos que va a durar lo que dura un año académico o una carrera universitaria, o incluso un contrato temporal. ¿Por qué tengo que respetar a mi compañero de trabajo, si se que dentro de tres meses me voy a la calle? ¿Por qué ser fiel a una amiga o novia, si me queda menos de un año para acabar la carrera y luego todo se habrá acabado?
Soy consciente de que las relaciones necesitan muy mucho de una componente, llamémosla, física, de contacto. Sobre todo si hablamos de relaciones de noviazgo. Pero también me pregunto hasta que punto los sentimientos antes sentidos han sido auténticos, productos de un compromiso, o por el contrario, ese compromiso desaparece debido a la temporalidad de esa vivencia, la cual es conocida, y nos lleva a un consumo rápido de sentimientos intensos pero poco duraderos. Y por supuesto, me conducen a otra reflexión, son los sentimientos que llamo fast feel mejores o peores que los, denominémoslos, tradicionales. La respuesta se la dejo a ustedes.
Soy consciente de que mis circunstancias vitales personales hacen que a lo mejor tenga una óptica desvirtuada de lo que ocurre, y en realidad todo esto no sea así. Sin embargo, tengo la sensación de que no soy el único que piensa así.
He sentido muchas veces que no hay ya capacidad de entrega, de sacrificio, de compromiso por el trabajo, los estudios, pero también sobre las relaciones personales. Cuántas veces no hemos oído la manida frase de que “seremos amigos para siempre”, o nos “mantendremos en contacto”, o nos “llamaremos”; pero en el fondo sabemos que no lo haremos, que no tenemos la capacidad de compromiso para llevarlo a cabo.
Y no hablemos ya del respeto. No respetamos a nadie, porque sabemos que difícilmente volveremos a toparnos con ella. No respetamos a nuestros vecinos de edificio, pues el alquiler dura sólo un año, no respetamos a nuestros profesores porque sólo nos darán una asignatura y luego si te he visto no me acuerdo. A nuestros compañeros los perderemos de vista dentro de un tiempo, para que intentar ser mejor persona con ellos, si todo el esfuerzo que dedique a ello se acabará cuando acabe mi carrera o este año.
Yo no sé si estoy escribiendo un discurso hipócrita, pues resulta que a lo mejor actúo igual que lo que no me gusta; sin embargo, si pienso que algo me describe como amigo, novio o persona es que intento siempre llenar de sentido y valor palabras como compromiso, lealtad, fidelidad o respeto. Son ustedes los que tienen que juzgarme al respecto.
Y toda esta larga y aburrida reflexión tiene como motivo, que si ustedes tienen a su alrededor personas que también lograr dar contenido a esas palabras no les hagan dudar, que también les hagan conscientes de que para ustedes también esas palabras tienen significado y se lo hagan saber. Si tienen a su lado amigos, parejas, padres, etc. comprometidos, leales, fieles, respetuosos tienen tesoros invalorables. Lo sé. Sé que soy un viejo tradicional en este aspecto a lo mejor. Pero si para ustedes este viejo tiene algo de razón, háganme un pequeño favor, díganle a quien tengan de decírselo, eso se lo dejo a ustedes, que les quieren, que les respetan, agradézcanselo. Dediquen un tiempo de este fast feel que vivimos a decir cosas como: te quiero, te respeto, gracias.
Y para servir de ejemplo, a todos los que me leen, que sepan que soy consciente de mi compromiso, que les agradezco su tiempo. A mi seres queridos que les quiero. Y por supuesto, a mis amigos, que les agradezco todo y cada uno de los momentos compartidos. Espero que todos, lectores, seres queridos y amigos sigan ahí, independientemente desde donde les escriba. Yo por mi parte haré que todo lo que esté en mi mano para que el compromiso que tengo con cada uno de ustedes no se pierda ni se consuma.

P.D. : El blog ha cumplido ya un año, no lo he celebrado ni puesto ningún post, y desconozco el motivo. Sobre todo cuando estoy muy orgulloso de él, aunque no reciba muchas visitas ni tenga muchos lectores, la verdad es que es algo importante para mí. De todas formas, sirva este post para festejarlo con todos los que llevan un año leyendo todo lo que publico de manera fiel. Mirá tu que bien, hablando de la fidelidad y la lealtad. Gracias a todos, a los que vienen siempre y los que sólo han venido es contadas ocasiones. Y gracias sobre todo a David , por ser el mejor lector y el más crítico que tengo, por no perderte ni una sola publicación y por todos los comentarios, espero que sigas ahi mucho tiempo, jajajajajajaja, egoístamente sienta bien saber que lo leen, y personalmente agradezco tu tiempo hacia mi persona, por lo menos hacia mis escritos.

Sunday, September 10, 2006

Lo grandioso de la literatura es que habla de un pedacito de nosotros aun cuando nosotros no somos los protagonistas de la historia, ¿o sí?

Dedicado a mis lectores, por permitirme el placer totalmente egoísta de sentirme leído.

Allí seguían los dos cuerpos unidos en un profundo abrazo. La cabeza de ella sobre el torso de él, arrodillados dos los en la cama, mientras la larga cabellera castaña de ella caía sobre su cuerpo como una suave sábana de seda. La fuerte y dulce mano de él la acariciaba con cariño y amor, susurrándole al oído palabritas mágicas para calmar el desánimo y la tristeza que la invadían desde hacía más o menos una hora. Su cabeza no paraba de preguntarse el por qué de haber llegado tan lejos, a pesar de las advertencias de él. Sin embargo, ella pensaba que sería una magnifica prueba de amor el demostrarle que sería capaz de aguantar lo que él ocultaba, y ahora, estaba pagando las consecuencias. No porque lo que viese fuese repugnante o desagradable, porque descubriese que él no la amaba, o que se ocultase debajo de todas esas capas y disfraces una persona maligna o perversa. Todo lo contrario. Encontró lo que buscaba, una persona tan buena y tan mala como cualquiera, con todas las miserias y virtudes propias de un chiquillo de veinte y tantos años. Él seguía consolándola con toda la dulzura que podía y sabía.
Ahora ya conocía que ocultaba debajo de tanto papel interpretado. Un pecho, un cuerpo, un alma sencilla y limpia, un hombre normal y totalmente entregado a su amor, pero, y que grande era ese pero, conocedor de lo único que ella no quería conocer y él quería ocultar. El tiempo.
Si, el tiempo. Él sabía que su naturaleza, su verdadero yo incluía un alma viajera, un pedazo en su ser que le obligaba a levantar el vuelo cada cierto tiempo. Era conocedor de que ese amor se acabaría llegado un momento, no por problemas o que por culpa del pasar del tiempo, esa devoción mutua se perdiese o fuese a menos, no.
Él era un marinero, de esos de rostro viejo y cansado, que entregaba en todo momento lo que poseía y sentía a aquel que tuviese la paciencia de esperar, mirar más allá que con los ojos. Nadie mejor que él representaba el carpe diem de los antiguos sabios del renacimiento. Su vitalidad y alegría eran el aura que le rodeaban, que intentaba mostrar a todos, que contagiaba y emana de su ser. Tanto como lo eran su seriedad cuando había que serlo, su tristeza y lloros cuando algo le dolía, en fin, una persona con todas sus virtudes y defectos.
Sin embargo, con todo eso iba su necesidad de viajar. Era un alma viajera, incapaz de echar raíces en un lugar. Y lo sabía. Conocía también que no deseaba por ello hacer daño a los demás cuando iniciaba una marcha de nuevo. Lo único que le permitía seguir vivo y en paz consigo mismo cuando se iba, era saber que no llevaba sus alforjas con pesos que no deseaba y, mucho menos, con penas y dolores que no quería y menos pretendía levantar. Y todo había funcionado siempre así hasta ahora.
Su cuerpo desnudo mostraba que incapaz de evitar su ansía de viajar, esta vez sus saquillos no irían vacíos, y por desgracia, no podía evitar dejar atrás un rastro de dolor y amargura. Tristeza que por su culpa infligía a dos bandas. Primero a ella, por mostrarle que ese amor tenía un fin, y nunca al ser amado le gusta saber con certeza que el amor tiene su cenit. A eso se unía el daño que se hacia a él mismo, pues dejarla atrás suponía para su ser una verdadera cicatriz que difícilmente podría olvidar y que durante mucho tiempo estaría marcado a sangre y fuego en su auténtico yo. Por tanto, ese daño propio aumentaba aún más el daño infligido a su amada. Todo se convertía en un círculo de heridas que no dejaba a nadie ileso.
Allí seguían abrazados los dos, unidos con fuerza, conocedores de la verdad. Él la cogió con dulzura con sus manos en sus mejillas, le levanto la cara y mirándola fijamente a sus ojos le beso la frente y luego un fuerte beso en los labios. “Te quiero” le dijo, “te amo” le dijo ella. ¿Y ahora qué? Pues él se fue una mañana, sin decir nada, sin miedo, empezando de nuevo su interminable camino, pero esta vez no era como las otras, esta vez había un pero….

Friday, September 08, 2006

Palabras, sólo palabras

Sigo esperando. Cada tic tac de reloj es un pasar de tiempo que me agota y me vacía lentamente, aguardando a alguien que me diga dos dulces palabras. Y mientras desespero en brazos del dios Cronos y envejezco, a mi castigada mente se agolpan los días que han pasado desde la última vez que amé.
Pobre de aquel que nunca amó, pobre de aquel que jamás sintió el dulce castigo de perder la cordura en manos de su amante, en desorientarse del norte lógico por culpa del cuerpo que le busca y ansía. Pobre, si pobre, de aquel que orgulloso habla de su soledad. Porque aquí estoy yo, el más solitario compañero de la soledad esperando que alguien me diga dos dulces palabras.
Cuanto tiempo sin poder mirar unos ojos cómplices, sin tener una sonrisa al oído que me susurre besos, sin unas manos fuertes que me abracen.
Ahora encerrado en los barrotes de mi soledad, sigo esperando, tic tac, mirando como las agujas del reloj avanzan, mientras este triste cuerpo se marchita y se despide, anhelando que al maldito palomo le apetezca y venga a la mano, amargo o dulce, enemigo o amigo, veneno o caramelo; porque sigo esperando que alguien me diga dos dulces palabras…

Sexo

Noté sus labios besando con fuerza los míos, su lengua buscando algo dentro, jugando impetuosa e indecorosa en una danza nada inocente con la mía. Mis manos, mis dedos, cada palma de mi sudorosa piel acariciando sus duros y suaves pechos de mujer joven. Mordisqueando con cierta saña mi cuello, mi torso, todo mi cuerpo de hombre ansioso de sexo salvaje y desenfrenado.
Su pelo cayendo sobre mi abdomen mientras sus dulces y calientes labios comienzan a descender cada vez más, hasta que una húmeda sensación delata que su hambrienta boca de sexo y amor comienza a besar el comienzo de mi pene. Una suave caricia de labios que poco a poco empieza a cerrarse sobre un tronco de carne enhiesto y deseoso de vencer cualquier pudor, con esos labios recorriendo cada centímetro mientras de mi pecho y de mis adentros suspiros de gozo subían cada vez más alto.
Con un movimiento fuerte la vuelco en la cama y hundo mi cara en su pechos suaves como la seda y comienzo a saborear lentamente cada milímetro del sudor de un cuerpo que comienza a temblar mientras con mis dedos juego con su sexo. La sensación de calor y humedad en las yemas de mis dedos juguetones aumenta mi deseo de poseerla, de hacerla totalmente mía, de hundirme dentro de ella y no abandonarla hasta que la fuerza que nos hace follar como animales nos abandone.
Mi mal educada lengua acaricia y lame sus muslos, pequeños círculos que poco a poco se dirigen a una cueva olorosa y misteriosa, portadora de miles de sensaciones totalmente carnales. Esa corona escondida entre sábanas de color carne, ese olor fuerte, de mujer joven y ardiente de sexo, el increíble sabor de hembra ansiosa de gozar como nunca lo ha hecho. Si, deseo comer cada centímetro de ese fruto prohibido que lentamente comienza a ansiar algo más.
Ella parece no querer perder la iniciativa, de esta forma me tumba en la cama y como la mejor de las amazonas, me abre sus puertas y noto como mi pene entra despacio, trozo de sensación por trozo de sensación, dentro de su caliente ser, mientras comienza un cabalgar lento y lujurioso. Mis manos recorren sus caderas, su cintura, sus pechos, su boca se lanza hambrienta sobre uno de mis dedos, con esos labios recorriéndolo pasionalmente.
La cojo por la cintura y la bajo hacia la cama, abriendo más sus sedosas piernas, mientras el vaivén fuerte y desenfrenado de mi ardiente sexo quiere cada vez más. La beso con pasión, quiero notar cada centímetro de su piel rozando mi ansiosa piel de calor y sudor humano, su pelo revuelto sobre la almohada y sus brazos sobre mi espalda, con esas uñas que no quieren desprenderse un ápice de mi cuerpo.
Así, juntos, mía, hasta que no quede en nuestros cuerpos un rastro de energía, un recuerdo patético de lo que fuimos antes de desnudarnos y fundirnos en la fragua de este loco acto de sexo perdido, lunático y desenfrenado.

Sunday, August 27, 2006

¿Y ahora qué?

¿Y ahora qué? Esa era la pregunta que le martilleaba constantemente la cabeza desde hacía unas horas. Sabía que tarde o temprano toda verdad saldría a la luz, pero no esperaba que fuese de esa forma y mucho menos, por supuesto, delante de ella. Todo había sido sencillo hasta el fatídico momento. Acostumbrado como estaba a mantener su vida como un teatro permanente, desde pequeño había aprendido a base de duros golpes unos más dolorosos que otros, que en la gran farsa de la vida, lo mejor es coger el guión por los cuernos e interpretar el papel o los papeles que mejor sepa uno. Así, como un niño prodigio descubrió que tenía un don especial, la habilidad de interpretar miles de papeles diferentes, ninguno real, todos ficticios, pero al mismo tiempo, ninguno falso, pues en cada uno de ellos había pequeños restos de su verdadera personalidad.
Así, se mostraba como el hijo, el amigo, el amante, el estudiante, el… miles de un él que en cual collage vitalista, podían sembrar la duda entre los que le rodeaban, pero para el actor protagonista suponía un juego maravilloso donde refugiarse del posible acoso del exterior. Y para aquellos que pensaban, osadía atrevida, que habían descubierto su verdadero rostro, en un giro melodramático magnífico, mostraba otra máscara más de su infinitud de personalidades.
Vertían sobre él, envidiosos y celosos de su capacidad, injurias de mentiroso y falso, sin embargo, sin alterarse lo más mínimo aseguraba que su farsa era precisamente eso, una farsa, jamás una mentira, pues simplemente jugaba con la verdad y sus múltiples formas. Le gustaba llamarse ilusionista de la vida. Pero ahora todo había acabado.
Desde un tiempo atrás había entrado en su gran comedia vital una mujer, un personaje más con la cual jugar e interpretar un papel más, pero con el paso del tiempo, esa linda actriz se mostró muy capacitada para ir quitando capa a capa todos los papeles que él intentaba levantar contra la insultante tenacidad y terquedad de ella por conocer a su verdadero yo. Así, como muy pocas personas antes habían logrado, consiguió llegar a la última máscara antes de conocer su verdadero rostro. Por aquel entonces, él estaba completamente enamorado de aquella mujer capaz de destruir en pocas semanas todos sus disfraces, sin embargo, algo por dentro le preocupaba cada vez más, si lograba llegar a su más hondo ser, a su verdadera personalidad, sabía que todo acabaría, por ello no hizo más que mandarle señales de que no siguiese quitándole capas, que no le gustaría lo que encontraría una vez le dejase desnudo. Ella, como si la vida le fuese en ello, no paró e ignoró completamente sus advertencias.
Fue así como en una noche de sábado, la última máscara cayó y ante ella apareció el auténtico rostro de él. Se hizo el silencio e incluso dio la sensación de que el firmamento se había nublado para no querer ser testigo de ese fatídico momento. Él había quedado con ella para decirle que la amaba con locura, que la quería como nunca había querido a nadie y que le profesaba auténtica pasión. Estaba por supuesto, interpretando el papel de amante, y como siempre, a pesar de lo teatral de su representación, en el fondo, sólo para aquellos que no le escuchasen, si no que lo viesen, que le prestasen la atención necesaria, sabrían que no estaba mintiendo, que de verdad la amaba. Ella por su parte, deseando conocer de verdad si esos sentimientos eran del todo ciertos o parte del papel, quitó la última prenda del disfraz y la última máscara cayó al suelo.
Por fin podía ver completamente desnudo a su actor, sin embargo, lo que vio le lleno de tristeza y amargura. Comprobó que la amaba de verdad, que sus sentimientos no habían sido fingidos como parte de un papel más, pero no sólo vio eso, sino que también pudo observar todo lo que él deseaba ocultar para prevenir el dolor que su simple visión causaba tanto a los demás como a él mismo.
Con los ojos llenos de lágrimas se le acercó al oído y le susurró, dulcemente pero dejando entrever el amargo destino, ¿y ahora qué?... .

Thursday, August 17, 2006

Sin inspiración

La botella vacía como único testigo, la pantalla del ordenador brillando en medio de la oscuridad y la brisa entrando por la ventana abierta de par en par. Un jazz meloso y dolorido llena de música una habitación pequeña y desordenada, llena de libros, hojas, papeles escritos y manchados de tinta, algunos de ellos manteniendo un mas que misterioso equilibrio.
Sentado en una dura silla de madera y mimbre, el escritor bebe su última copa de whisky con hielo, más de lo primero que de lo último, posando su mano derecha sobre la sien y mirando con desesperación la pantalla en blanco de su portátil, después de un buen trago, suelta un largo suspiro.
Cinco días piensa, cinco malditos días lleva intentado escribir algo decente pero no puede, algo se atasca entre sus dedos y su cerebro impidiendo que la hoja de Word de la brillante pantalla pierda su insultante virginidad. Cinco malditos días de sudores fríos, enfados, ataques de ira y frustración y sobre todo mucho, mucho alcohol.
Ayer había empezado con algo prometedor, durante una hora estuvo tecleando a un ritmo frenético, parecía que por fin la sequía que sufría llegaba a su fin, pero al cabo de esa hora, miró la pantalla, leyó lo escrito y maldiciendo de tal modo que hasta el propio diablo quedaría avergonzado, bebió un largo trago de whisky y cerró de un golpe la pantalla del portátil. Se quedó quieto y con la mirada perdida en el vacío durante un buen tiempo.
Se levantó y se acercó lentamente a la ventana que dejaba entrar una suave brisa de verano, comprobó como las cortinas se mecían dulcemente por culpa de la pequeña corriente de aire cálido. A lo lejos sólo podía ver el riachuelo que discurría impertérrito y totalmente ajeno a los problemas que le atenazaban, acompañado a los laterales por una hilera de pinos y nogales. El viento traía un olor verde fuerte, de campo, puro, libre de humos y fábricas tan propios de la ciudad. Más tranquilo volvió al ordenador mientras la música seguía sonando.
Levantó la tapa y volvió a leer lo escrito, soltó una maliciosa sonrisa y borró todo lo escrito en la hoja de Word, cogió el vaso de whisky y bebió un poco. Esta noche tampoco parece muy productiva, pensó y se dejó llevar por el jazz y el rumor del viento.
Se negaba a aceptar que su atasco literario se debiese a aquel suceso ocurrido hace seis días, aunque si bien es cierto que desde entonces no era capaz de escribir nada que le gustase y sólo hacía beber y beber.
Su altiva soberbia mezclada con cierto sentido exaltado de orgullo y narcisismo le impedía reconocer, mejor dicho, le llevaba a creerse que lo ocurrido entonces no le afectaba, y luchaba con todo lo que tenía a su alcance para que así fuese; sin embargo, tampoco podía dejar de pensar en ello, su más profundo ser sabía que había cometido un error y lo estaba pagando. Por tanto, no se extrañaba que ahora volviese a recordar lo ocurrido.
Hace seis días había salido a dar una vuelta por el pueblo, ya que este se encontraba en fiestas. El pueblo era un pueblo tan típicamente pueblo que lo había elegido para pasar un tiempo de sus vacaciones de verano precisamente por eso, por ser un pueblo que no se destacaba por nada especial. Sus paisanos con boina, sus vacas, sus asnos, sus perros llenos de pulgas, sus calles sin asfaltar y llenas de polvo, sus mujeres con la cabeza cubierta con un pañuelo llevando sobre ellas barreños de patatas, uvas o cualquier hortaliza recogida de sus campos, su taberna con serrín y sus clientes jugando al dominó y a las cartas. El caso es que le pareció perfecto para lo que buscaba, un lugar alejado y silencioso donde poder escribir y leer tranquilo. Consiguió un viejo caserón de una familia que llevaba tiempo en Madrid y mediante unas cuantas llamadas convenció a los dueños para que se lo alquilase los meses de verano.
Llevaba entonces tres días en el pueblo cuando le dijeron que al día siguiente se celebraban las fiestas patronales. En fin, pensó, quizás hablar un poco con los aldeanos no me vendrá mal, a lo mejor alguno conoce alguna historia interesante de la zona o sucesos extraños que merezcan la pena.
Así, la noche de la fiesta bajó desde su caserón al pueblo, pues se encontraba a unos cuantos metros del resto de la aldea. A lo lejos podía escuchar los pasodobles de la orquesta mientras caminaba y miraba el despejado y estrellado cielo de verano. De golpe se tropezó con una chiquilla que lloraba agachada en el borde del camino.
Le pidió perdón mientras se ponía de rodillas para mirar si la chica se encontraba bien y de paso averiguar el por qué de ese llanto. Al poner su mano sobre el hombro de la niña, un escalofrío recorrió todo su cuerpo, y una brisa se levanto de forma misteriosa. En ese momento la chica lo miró aún con los ojos todos llenos de lágrimas. Él se quedó petrificado, jamás en su vida había visto unos ojos como aquellos, de profundo y mágico negro. Se sintió de golpe transportado a una noche lejana y extraña, sin estrellas pero no por ello menos bella, los ojos de esa niña transmitían tanta pasión y dolor que notó como algo se aferraba con fuerza a su corazón.
La enigmática chica, sin dejar de mirarle, le cogió la mano de su hombro, levantándose y una vez de pie, le besó la palma de la mano de tal forma, que nuestro perdido escritor sólo atinó a soltar un suspiro. Ella se acercó a su oído y le susurró una frase que aún hoy en día le reconcome: “has tenido la desgracia de conocerme, ahora sólo te quedan dos opciones, o pasar de largo y pensar el resto de tu vida lo que podría haber sido o bien, dejarte llevar y arrepentirte para siempre por haberme conocido y no poder tenerme más veces.”
El pobre escritor decidió dejarse llevar, disfrutar del momento, pensando que no era de esas personas que se enamora tan fácilmente o que se pone a pensar en el pasado de modo melancólico. Durante toda su vida, había conocido a muchas personas, y tal como habían llegado se habían ido sin causar en él el más mínimo pesar o dolor, no podía sospechar que esta vez iba a ser diferente.
Decidido la tomó de la mano y la llevó a su caserón, a su cama, donde con frenesí y una pasión casi desconocida para él, la desnudó, se desnudó y durante toda la noche disfrutó de su cuerpo.
A la mañana siguiente cuando se despertó, ella no estaba en cama, no había rastro de hecho de que una mujer hubiese estado en ese cuarto. Valentón, soberbio y lleno de orgullo se duchó y pensó que ahora nadie podía quitarle lo bailado.
Desde entones hacía cinco noches que no podía hacer más que beber y enfadarse por no escribir nada que mereciese la pena. Y entre copa y copa se repetía la cantinela de que era culpa de la inspiración, que aquella cita extraña para nada le había afectado y que de hecho no la echaba tanto en falta como la chica había pronosticado. Sin embargo, en su más profundo ser, en su alma, unos ojos negros le seguían atenazando, invadiendolo por completo, haciéndolo suspirar cada vez que se acordaba de ellos.
Borracho ya, comprobó que en la pantalla de su portátil empezaban aparecer letras que el no estaba escribiendo. Asustado se alejó un poco y al cabo de un rato vio que alguien o algo estaba escribiendo una frase.
Ebrio como estaba necesitó acercarse un poco a la pantalla para poder leer el mensaje, lo que leyó lo dejo helado, petrificado, con una angustia en su ser que soltando un suspiro profundo comenzó a llorar desconsoladamente….

Monday, August 07, 2006

La locura

La locura nos concede la verdadera libertad, pues no hace el loco lo que quiere y todos los demás, los “cuerdos”, ciegos ante el vuelo libre, nos conformamos y resignamos, asumiendo nuestra pobreza imaginativa con frases como: ¡Déjalo, está loco!

No contienen la misma raíz la palabra cuerdo y cuerda, no es una cuerda un instrumento para atar, para acortar movimientos, ¿quién ha sido el malvado amo que ha decidido castigarnos atando nuestra voluntad a la cordura?

¿Estoy acaso yo cuerdo? ¿Estoy acaso yo loco? ¿Estoy acaso? O simplemente soy un pensamiento momentáneo, al cual con el pasar del tiempo, olvidará una mente y jamás volveré a estar, ¿jamás? No lo sé, también cabe la posibilidad de que me convierta en un recuerdo, un simple recuerdo, pero ¿valoramos realmente los recuerdos como se merecen? Porque me hace gracia que los recuerdos sean re con cuerdos, escala musical con cordura; ¿son los recuerdos melodías acaso de los momentos cuerdos de nuestra existencia?

Sin embargo, ¿hasta qué punto nuestros recuerdos son momentos verdaderos de nuestra existencia conservados en su originalidad?, como toda partitura musical, y los recuerdos lo son, existen multitud de posibles acordes; acordes de acuerdo con nuestra cordura, otros por nuestra necesidad de recordar acordes que nos permitan la felicidad, luego están los que deseamos dejar atrás pero cual canción pegadiza y persistente se resiste a abandonarnos.

¡Oye tú! ¡Sí, tú!, el que está escribiendo esto, dime: ¿Estoy acaso cuerdo? ¿Estoy acaso loco? ¡Deja de escribir y dame una respuesta, date una respuesta!... ¿Tienes una respuesta?

Batallas

Este viejo soldado cansado de luchar por victorias ya olvidadas y lejanas. Este viejo soldado sin patria ni metas, vacío de ideas y causas justas que defender, seguirá empuñando su arma, a pesar de su cuerpo lleno de heridas, porque ya no sabe hacer otra cosa. A este viejo soldado sólo le queda el orgullo del que lucha por seguir viviendo, por narices, por cojones como diría él, de seguir luchando para que ningún cabrón pueda decir que le ha derrotado. Porque el único derecho que le queda es el de reventar como más le plazca sin que nadie le diga como tiene que hacerlo.

Saturday, July 22, 2006

Miremos, a ver qué pasa

Si, que ganas tengo ya. Miremos las cosas nuevas que se avecinan, miremos la vida que nos queda por sentir, disfrutar. Miremos al futuro increíble y lleno de retos que comenzamos a percibir a lo lejos. Si, siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, que bien, poder decir: Miremos, a ver qué pasa.

Y si quiere alguien acompañarme, jajajajajjaaj, gracias por querer viajar con aerolineas alberto, sólo existe una condición, tener ganas de vivir. Sentir curiosidad e ilusión por lo nuevo. Resumiendo: Miremos, a ver qué pasa.

ADIOS

Esto se terminó. Fin, the end, finito. Coruña hecha el telón, llega el momento de los aplausos, de los vitores, de los abrazos cariñosos y agradecidos, de mirar a los ojos y decirnos que gracias por los años compartidos. Que no sea esta una despedida triste, al contrario, hagamos de este momento un instante de alegria al recordar todos las buenas cosas que hemos compartido, cada segundo de felicidad que vivimos todos juntos.

¡Ah, Coruña!, cuantas cosas buenas me has dado, ni siquiera puedes percibir su número. Hagamos un pequeño resumen de lo bueno, de lo que llevo en mis alforjas. Volemos por un tiempo al pasado, volemos hace seis años. Por aquel entonces, un 27 de septiembre llegaba asustado de una villa un chico joven de 19 añitos, que al momento quedó impresionado por el mar, tus calles, tu porte y lo raro del hablar de tus gentes. Recuerdo la mezcla de temor, ilusión y curiosidad que por aquel entonces me recorría. El descubrir calles, parques, jardines, el ir poco a poco haciendo mi casa una ciudad extraña. Y que decir del momento que entré por primera vez a la facultad un día de clase. Todos desconocidos, yo solo, alguna gente ya en grupos, hablando con alegría, y yo esquinado, asustado y deseando no meterme en una fiesta donde a pesar de haber sido invitado, parecía que sobraba. Pero, oh sorpresa, el tiempo nos descubrió a todos, poco a poco nos fuimos conociendo, compartiendo risas, problemas, llantos, y después de cinco maravillosos años, acabamos llamándonos amigos. Que final más bonito.

Y la pensión. Oh mi pensión. Que lugar más maravilloso amigos, en serio. Que de increibles buenos momentos, que de charlas, tertulias, peleas, lloros, penas, amigos, en resumén, que de vida. Quizás no sea el lugar ni el momento apropiado para pedir perdón por mis manías y mis malos momentos, pero que diablos, si a alguien he ofendido, mis más sinceras disculpas, nunca en el hacer daño ha ido en mi intención.
En las paredes de esa casa dejo cuatro años de mi vida, los mejores momentos de mi vida hasta el momento. Entre las paredes de esa casita tuve el honor y el privilegio de tratar a un chico encantador aunque dulcemente travieso. Jamás podré decirle a la cara a Andrés que gracias por los cuatro años increibles que me hizo pasar, me faltaba el valor para decírselo. Pero ambos sabemos que siempre hice por él todo lo que pude, como hecho de menos sus bromitas y comentarios, jjajajaajajajajajaj. Desde aquí chaval, que la vida te trate lo mejor que pueda. Y Raquelilla, dos añitos aguantándome, ella, todo sonrisa y vitalidad, soportando a un pobre melancólico que tuvo unos meses muy malos. Poco tiempo para concernos, pero igualmente chica, que todo lo bueno se te cumpla. Y esa, casi mi segunda familia, ay, esa gente abierta y encantadora. Bene, Leire, Susana, Martita, Betty, y como no, Walter, y ese pequeñin ya de Iago, jajajaajja, esos ojitos azules increbiles. Que todo os vaya muy muy bien, os lo merecies todo.
En esa casita encantada también conocí a la persona más original y maravillosa que podais hecharos a la cara. El odia que haga esto, así que no voy a decir nada más, porque todo esta dicho y todo lo que diga a mayores sólo es repetir lo ya dicho. Permíteme, eso sí, que por lo menos te de las gracias por haber sido conmigo como fuieste. Lo que nos depare el futuro, lo veremos.

Y mis colegas del gimnasio. Gente, como os aprecio. En estos dos últimos años me habeis dado mucha alegria y vida. Eso no se paga con dinero. Entré con un cuerpo de mierda, necesitando un cambio. Ahora salgo con el mismo cuerpo, JAJAJAJAJAJAAJAJ, pero con el alma restaurada y nueva. Gracias, en serio. A mi monitor de cicclo indoor, José, por demostrarme que no hay esfuerzo pequeño, que no hay meta que con trabajo no pueda superarse, por hacerme creer en mi mismo. A ti y toda tu encantadora familia, Mari, el pequeño Rodrigo y la guapísima Amanda, un abrazo muy fuerte. A mis niñas de aerobic y step, jajajajajajajaj, qué deciros, lo que ya sabeis, que nunca un hombre ha podido estar mejor rodeado de bellezas y chicas majas. Aunque lo intenté miles de veces y miles de veces no quisisteis ligar conmigo, jajajajajaja, siempre bailamos en las cenas hasta rompernos los pies. Un besazo para todas vosotras. A Juán, Raquel, Andrés y María, gracias por recibirme con los brazos abiertos y despedirme con un abrazo. Raquelilla, no me llores, jajajajajajajajaj, eres la chica con la sonrisa más contagiosa y linda de todo el gimnasio. Cuidaros mucho.

No quiero que esteis tristes. En serio. David, Ele, mi niña, mi Isa, mi dulce amor. Me ha partido el alma ver en vuestros ojos lágrimas de adios, no he llorado y no voy hacerlo ahora. De vosotros me llevo vuestra amistad, en el fondo, soy un ladrón, jajajja, de hecho deberíais odiarme, pues me llevo lo mejor de vosotros. Mis amigos. Que bien suena eso. Suena como Dios, jajajajaja, MIS AMIGOS. Así que, secad vuestras gotas de tristeza y reid, pues esto no es un adios. Yo no me voy tan facilmente. Algunos lo saben muy bien. Seguiré dando guerra mientras en este pequeño cuerpo quede sangre y ganas de vivir. A vosotros, a cada uno de vosotros, mi más humilde querrer. Os llevo cual oro en paño dentro, muy dentro, grabados a fuego en mi alma. Y si el futuro dice que la historia se terminó aquí, en mi pasado más feliz vuestra amistad seguirá brillando y dándome fuerzas siempre. Cuidaros mucho, por favor, cuidaros y sed muy felices. No sabeís cuanto os quiero. Y si la gente se rie de estos sentimientos, si la gente piensa que soy un blando porque no puedo reprimir mis sentimientos, que le parta un rayo. Sois mis amigos y eso me basta para hacer frente cualquier insulto.

Esto se acaba. Quedan ya pocas horas. Veo al telonero acercándose al telón. Levantaos todos, todos los que habeis formado parte de mi maravillosa e increible vida en Coruña, y brindemos en este brindis virutal por todos nosotros, por toda la vida derrochada y compartida. Este humilde chico de villa que llegó hace seis años a esta ciudad se despide dando a cada uno de vosotros mil gracias de corazón. El telón cae, solo queda decir una cosa: ADIOS.

ADIOS, ADIOS.

Friday, July 21, 2006

esperanza + miedo = cauto

esperanza.



1. f. Estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos.

2. f. Mat. Valor medio de una variable aleatoria o de una distribución de probabilidad.

3. f. Rel. En la doctrina cristiana, virtud teologal por la que se espera que Dios dé los bienes que ha prometido.

miedo.

(Del lat. metus).

1. m. Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.

2. m. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.


cauto, ta.

(Del lat. cautus, part. pas. de cavere, precaver).

1. adj. Que obra con sagacidad o precaución.

Cuando me desperté la manzana ya estaba allí.

Cuando me desperté la manzana ya estaba allí. Verde, brillante, grande, apetitosa, parecía la manzana más sabrosa del mundo. Pero esa manzana no debía estar en la cabecera de mi cama. Así que allí estaba yo, medio dormido, en pijama y mirando una fruta verde que misteriosamente había aparecido de la nada. Extrañado y viendo que llegaba tarde a clases, me vestí corriendo y me marché. A la noche la manzana ya no estaba.

Un melocotón. La manzana a la mañana siguiente se había convertido en un melocotón peludo y naranja, oloroso, dulce. Asustado pensando que alguién estaba entrando en mi habitación a colocar frutas, corriendo escaleras abajo pensaba que a la noche cerraría la puerta. Ahora sin embargo, debía coger el autobus para ir a la universidad. Al regresar, el melocotón ya no estaba. Cerré la puerta y muy intranquilo me acosté.

Una maldita pera. Ahora habían dejado una maldita pera de agua, amarrilla, con tonos marrones, grande e incluso con su ramita y su hoja. Me abalance sobre la puerta y comprobé lleno de pánico que estaba cerrada, que nadie la había forzado. Ni siquiera reuní el valor de quitar la pera de la cabecera, acurrucado en mi cama asustado, decidí esperar haber que pasaba. Me quedé dormido. Al despertarme me llamarón al telefono móvil, querían que jugase un partido de futbol y pensando que me vendría bien salir de casa y despejarme, me fuí no sin antes cerrar todo con llave. Despues de ducharme, volví a fijarme en la cabecera de la cama. La pera ya no estaba allí. Aterrorizado casi no dormí en toda la noche.

Al despertarme me econtré....

Sunday, July 16, 2006

Ayudame a olvidarte

Haciendo barcos de papel los años se fueron volando, surcando los mares buscando una isla llena de palmeras y de silencio. El que se escondía en los cañones de la noche y buscaba en tus ojos la bandera que le faltaba al mastil de mi vida, en mis hojas de navegación las líneas te perseguían por todos los rincones del mundo conocido.
Tus cabellos al viento encaramada a la popa de mi barco, mientras la noche acariciaba tu dulce piel de azucar moreno, tus manos jugando con mi cuerpo y mis labios buscando tus besos, y nuestro barco de papel navegando por ese inmenso mar. Apoyabas la cabeza en mi pecho y los dos sabiamos que aquello no podía durar, pero eso nos daba igual, bebiamos ron y bailabamos al son de las estrellas y las olas del mar.
Y a la orilla de la playa en la mañana en aquel dia de verano, borrachos de pasión, desnudamos nuestros cuerpos y nos hicimos uno más uno, acariciando cada centimetro de piel buscando en ellos la carta esférica de nuestra vida, amándonos, gozando, intentando encontrar como dos niños perdidos nuestro peter pan. Nos confesamos tantas mentiras adornadas de amor que entre juegos y risas, el dia fue pasando en nuestra isla desierta.
Al alba sin despertarte me marché en mi barco de papel, los dos sabiamos que así tenía que ocurrir y aunque no encuentro mujer igual que tu en ningún puerto, ahora veo todo claro que querrer es muy complicado y que me niego a vivir esclavo de tus ojos, prisionero de tus besos. Sabes que no quería que vivieses esclava de mis heridas. Donde el corazón me llevaba era un mar de estrellas y en cada una de ellas vía tu cara y que esa locura que ocupaba mis dias, iba acabando conmigo y contigo.
Ayudame a olvidarte....

Saturday, July 15, 2006

Por mi

Por mi porque si, porque me lo merezco. Después de tantos años dejándome la piel por miles de cosas sin muchas recompensas, esforzándome por mejorar día a día, intentando ser el hijo, el amigo y el amante fiel, después de tantos años, me lo dedico.

Por mi porque he roto mi cabeza por ser buena persona, por luchar como un titán por lo que creo y por lo que quiero, por no dejar vencerme por adversidades ni enemigos, por no escuchar casi nunca un gracias o una pequeña palabra de aliento. Por ver como ya nada se valora ni trabajo ni esfuerzo, ni amistad ni compañía me lo dedico.

Por todas las mujeres que me quisieron y me odiaron, por todas aquellas que rompieron en mil trozos mi corazón, por aquellas que me tienen esclavo de un amor imposible e impasibles juegan con mis sentimientos, me lo dedico.

Por los amigos que se fueron, por los que sigen a mi lado, por aquellos que sigo peleando para que no se vayan, por todos vosotros, los que me dan aliento y los que se lo guardan, los que me apuñalan y los que me ignoran, a los que ayudé y me tiraron, me lo dedico.

Por una noche me bañaré en aguas de egoismo harto de dar todo lo bueno que tengo y no recibir casi nada a cambio, para limpiar mi cuerpo lleno de hipocresias y falsedades, de mentiras disfrazadas de medias verdades para no herir heridas ya muy profundas, me lo dedico.

Así que, por mi, por ser como soy, me lo dedico. A vosotros, por un sólo día, deciros que podeís volver mañana, pero hoy, solamente por hoy soy un puro egoista sin sentimientos.

El niño mago

Cuando era pequeño descubri que era mago, si, de esos extraños y misteriosos seres que con sus dotes arcanas pueden cambiar a antojo la realidad que les rodea. Todo ocurrió un atardecer de verano al entrar en salón de casa, allí mi abuelo, otro mago, guardaba todos los juguetes fantásticos que traía de recuerdo de sus lejanos viajes por lugares exóticos y maravillosos. Observaba como a la luz de ese atardecer, las sombras de todas las cosas existentes jugaban una danza misteriosa entre ellos, danzaban el papagayo de cristal con la bailarina de marmol, el jarrón chino con la la estatua de obsidiana egipcia, incluso la gran lampara de cristal parecía bailar con la gran mesa de noble madera que, presidencial, ocupaba el centro de toda la habitación. Hechizado me sumergí de lleno en ese magnífico baile, danzaba alrrededor de todo el cuarto, con los brazos abiartos y los ojos cerrados, con la cara alzada al aire y recibiendo cuando asomaba a la ventana, los calidos rayos de sol en ese atardecer del mes de agosto.

Baiaba y danzaba hasta que mi madre me llamó a cenar, corriendo deje el salón pues tenía ya mucha hambre. Sentado en la mesa de la cocina, reflexionaba si la fiesta seguiría en la otra habitación o si bien, por el contrario, también las sombras estaban cenando.

Entrada la noche y habiendo olvidado casi el momento mistico que había vivido, mi abuelo me acostó como todas las noches, y mientras me contaba un cuento de cabelleros, dragones, magos y princesas se lo pregunté. Abuelo, le dije, puedo yo ser un mago. Recuerdo su cara de sorpresa, su sonrisa de oreja a oreja y como con sus viejas y suaves manos se atusaba la barba blanca.
Acarició mi cabeza y se marchó diciendo que cuando uno es niño puede ser el mago más poderoso de la historia. Con esa esperanzadora frase, me dormí soñando que como hechicero derrotaba a dragones y salvaba princesas de oscuras cuevas y enormes castillos.

Al ir creciendo, fui perdiendo los poderes y llegado un momento, dejé de ser mago. No sé cuando empezó el efecto contrario al iniciado esa tarde de verano. Asustado volví a salón de mi abuelo, pero ya nada bailaba con nada, no había ni danza ni fiesta. Triste y melancólico me senté y miré por la ventana que el verano se acababa un año más y comenzaba el invierno. Esa noche dormi pero no soñé con magos ni princesas ni nada de nada.

Pero un día, un mágico día un hombrecillo pequeño apareció delante de mi y empezó a correr. No sé que me llevó a perseguirlo pero no podía evitarlo, corrí detrás hasta que se detuvo en una fuente. Se encaramó a lo más alto, yo subí también, luego se tiró y yo me tiré detrás.

La altura no era muy pronunciada pero me hice alguns heridas, entoncés llego una mujer, se acercó a mí y me dijo que si quería, me las curaría. Hechizado por sus ojos negros como la noche, acepté. Se llamaba Mariel y era muy guapa. En ese momento me enamoré de ella. Disfruté de cada pequeño dolor que al limpiar mis heridas con alcohol se producían, simplemente por estar en su compañía. Desde entoncés fuimos grandes amigos.

Mariel no era una chica al uso, no era muy inteligente, pero era tremendamente buena y alegre. Le gustaban las cosas sencillas como pasear por el campo, recoger flores, bañarse en el mar y soñar que volaba muy muy alto. Y sobre todo, no era capaz de borrar una sonrisa de su cara. Una noche en su casa me preguntó si yo era mago, la pregunta me dejo atónito, asustado y salí corriendo de su casa para no volver a verla más. No pudé evitarlo, algo me obligó a salir y echar a correr. Cuando al llegar a casa me acosté, no pude parar de llorar.

Dos años más tarde mi abuelo murió. No puedo olvidar la tristeza que recorría toda la casa, la gente que llegaba de todos los lugares del mundo, con el semblante serio y lloroso. Mi madre se acercó y me dijo que tenía una cosa para mí del abuelo. Me dió una carta de su puño y letra. Me fuí al salón y sentado en una butaca la abrí, comencé a leer. Al acabar una sombra gris inundó toda el recinto. Había comprendido por fín las misteriosas palabras de mi abuelo años atrás cuando me digo que los niños podían ser los magos más poderosos del mundo. Me advertía que al ir creciendo si uno no quiere dejar de ser mago, no podía perder la alegría por las cosas sencillas y la alegría constante. Me decía también que aunque perdiese los poderes, algunos espiritus bondadosos ayudaban a los hechiceros extraviados conduciéndoles a otros magos que les devolverán los poderes perdidos.

Cabizbajo y con las manos en los ojos supe porque había dejado de ser mago, comprendí por fín que no volvería a ser uno de ellos y que el niño que había en mí hacía tiempo que había muerto.

Dedicado a todos los que aún siguen siendo niños, aquellos que son capaces de hacer magia y que han consegido no perder sus poderes mágicos.

Saturday, July 08, 2006

Detenerse delante de un espejo

Mira el espejo y dime qué ves. Lo sé, se trata de un peligroso juego, quizás no te guste la imagen allí reflejada, pero no dices que eres valiente. Hazlo, detente por un momento y en un acto de máxima sinceridad contigo mismo di a tu alma, di a ti mismo lo que sientes.

Pobres diablos, vampiros de sentimientos, tú y yo somos vagabundos de gente, mendigos de cariño y farsantes del silencio. Siempre ansiosos de cambio, necesitados de perder de vista cualquier lazo de compromiso. Qué palabra ésta, compromiso, embarazosa para quienes han hecho de su religión la muda constante, la huida eterna. Lo sé, lo sabemos los dos, somos conscientes de que para dos almas errantes como las nuestras es imposible echar raíces.

Como vampiros de deseos que somos sólo necesitamos para sobrevivir victimas que se desnuden temporalmente ante nosotros, que nada escondan y que nos permitan beber de ellas todo su calor interno. Parásitos del alma, eso es lo que somos, no-muertos en busca de calor ajeno por haber perdido tiempo atrás el propio corazón.

¿Dices qué miento?, maldito fariseo embustero, acusarme de tal cosa. No es monotonía de nuestra vida el viajar sin parar, el saber que nuestro hogar está en algún lugar desconocido y lejano, pero que a ningún paraje podemos llamar casa. Y al igual que usamos ciudades lo hacemos con todo lo demás. Con cada una de las personas que tienen la desgracia de caer en nuestra línea de vida. ¿Recuerdas la historia de siempre?

Primero llegan los momentos del silencio. Este es el instante de presumir de la felicidad que encontramos en perdernos en rincones oscuros y solitarios. Gritamos al mundo entero que no necesitamos nada ni nadie. Nos ponemos la Mascara. Llega el segundo momento, de forma disimulada, maquiavélicamente, vamos saciando nuestra ansia de sentimientos con personas que vamos conociendo. Desplegamos cual general en la batalla, todos nuestros encantos y recursos con el único fin de que las victimas caigan en nuestra red de falsas mentiras. Si, ya lo sé, tenemos la valentía de advertir que somos peligrosos, que acercarse demasiado a nosotros puede significar perder la vida, pero en el fondo no es más que otra estratagema para encadenarlos más aún a nuestro lado. Aparece el vampiro. Ahora bebemos cada gota de sangre de su compañía, disfrutamos gozosamente de casa sonrisa, de cada momento de felicidad y alegría que nuestro rebaño de corazones nos proporciona. Y el más dulce sabor de sexo y amor nos lo proporciona nuestra alma preferida, aquella que más se descubre ante nosotros, la que con sensuales movimientos se desnuda frente a nuestros ojos lujuriosos y ansiosos de vida.

Al final, llega la muerte. Igual que llegamos nos vamos. Nada dejemos atrás, no permitimos que ningún peso abarrote nuestros ligeros fardos de viaje, porque ambos sabemos que el siguiente punto en nuestro destino, es también temporal, como los que nos precedieron y los que nos quedan por ver. Atrás dejamos silencio, oscuridad acallada de tristeza, reguero de victimas que nos recuerdan e ignoramos porque no podemos permitir que nos hagan daño. Pero somos conscientes también, de que a cada nuevo paso, una pequeña muesca se marca de nuevo en nuestro corazón, y por eso, en noches algunas noches de vino y melancolía, lloramos por dentro en honor a todos los amores que perdimos.

Miraos al espejo y antes de juzgar si yo y mi reflejo somos culpables, deciros si también vosotros no sois viajeros errantes….

Monday, July 03, 2006

Noche de poesia

Noche de verano tranquila, de estrellas
en el cielo, música en el viento, olor de jazmín y mar, de sueños
escritos en palabras lloradas, vertidas, vomitadas.
Algunas de ellas amadas,otras odiadas,
pero ninguna puesta sin ton, al contrario todas esculpidas con mucho son.

Asi el que quiera entender que entienda, que aquí, palabra
a palabra, letra a letra, viento a viento, suspiro muerto en cada
minuto de tiempo pasado, se muestra
todo desnudo, el cuerpo de un hombre que nada esconde,
pero que todo disfraza con ropajes de poesia y
muchas gotas de whisky.

A este hombre, cuerpo desnudo, no le duelen las palabras, le duelen los sueños,
le hieren los caminos abiertos y cerrados,
le marcan no las frases lloradas, sino las lágrimas escondidas en letras de color negro con fondo blanco.

Le sangran los ojos pensando en ventanas lejanas, en mitos falsos esculpidos en cuerpos de marmol blanco, gotas de rojo con las que escribe poemas,
letras negras de alma roja, lágrimas ya secas en la cara, pero frescas dentro,
muy dentro, ya escondidas.

A los que me entienden, cómo decirles lo que quiero, a los que no me entienden, cómo escribirles que les deseo.... la verdad es que nunca ha sido fácil decir te ...

Sunday, June 25, 2006

Barquitos de papel

Un niño hacía barquitos de papel que luego dejaba con cuidado en el mar. Éste, indiferente de los sueños del pequeño capitán, entre olas y agua hundía cada uno de los estupendos veleros soñados por el valiente marinero. Cada vez que sus grandes y limpios ojos azules veían que el papel desaparecía de la superficie del mar, regresaba con una sonrisa en la cara y rápidamente se afanaba en arrancar una hoja de una libreta y comenzaba de nuevo el proceso para crear otro barco.

Se detenía, pensaba durante unos segundos cual seria la doblez más apropiada, si el casco sería más fuerte usando doble papel, si quizás el problema de los hundimientos estaba en la falta de estabilidad, y entonces decidió que era hora de poner una vela. Buscó un trozo de madera por la playa, y cuando lo encontró, haciendo un pequeño agujero lo introdujo en medio del barco de papel; luego con otra hoja, simuló una vela grande, desafiante al viento y al mar que, regocijándose en su poder, iba y venía retadoramente en forma de ola. Ahora sí, pensaba el pequeño diablillo, y de nuevo volvía a sumergirse hasta las rodillas, aguantando los invites de las olas y el viento, y depositaba el barco en la superficie.

A los pocos segundos de contacto del agua con el papel, este se volvía a mojar y el mar de nuevo, con una sonrisa maliciosa, se tragaba de nuevo el velero de este valiente capitán. Y otra vez, con una sonrisa en la cara, daba la espalda a su enemigo y volvía junto a su astillero de hojas y papel y comenzaba una vez más otro barco. Sólo interrumpió su juego cuando la madre le llamó para comer un bocadillo y ponerle más protector solar. En dos segundos devoró su merienda, con unas ganas y una energía desbordante, ansioso ahora que recobraba las fuerzas, de vencer por fin a la fuerza del mar, volvió a su importante tarea.

Un joven miraba sentado en la orilla ensimismado el horizonte azul. Sentado de rodillas, apoyaba sus codos en las rodillas y con sus manos en las mejillas, dejaba que el viento jugase con sus cabellos. Su expresión era sombría, preocupada, melancólica. Las olas venían y mojaban sus pies desnudos, y parecía que su alma se hundía a cada paso. Miraba el mar, observaba el horizonte como el que espera algo, o peor aún, como el que no sabe que espera, el perdido, el barrido, el desorientado que no sabe volver al camino.

El niño capitán lo vio cuando volvía de perder otro barco en el fondo del mar. Lo miró extrañado y con su eterna sonrisa, cogió de nuevo una hoja de papel y hizo otro velero de papel. Sin embargo esta vez, una vez construido no fue corriendo a la orilla para depositarlo en su superficie. Se quedó mirando atentamente al joven que, sin inmutarse, dejaba que el mar mojase sus pies en cada ola.

Dando un saltito el valiente marinero paso por encima de uno de los castillos que había levantado por la mañana, y se acercó al melancólico chico. Una vez allí, se quedó parado esperando.

Al ver que no le hacían caso, depositó un barco al lado del mal educado joven que le había ignorado. Regreso con la misma sonrisa a su magnifico trabajo, hasta que llegada la tarde, su madre lo llamó para irse a casa.

Nuestro joven al ver que el azul horizonte se volvía poco a poco en tonos rojos, anaranjados y ocres, decidió que era momento de irse a otro sitio. Apoyando su mano derecha en la arena para coger impulso, vio a su lado un barco de papel, extrañado miró alrededor pero no había nadie. Se preguntaba de quién podía ser. No había nadie cerca, y mucho menos algún niño que pudiese reclamar su velero de papel. Sin embargo, un extraño sentimiento le invadió cuando cogió entre sus manos el barco hecho de hojas blancas.

Una sonrisa se dibujo en su cara que hasta entonces, había permanecido triste y melancólica frente al mar. Se acercó lentamente a la orilla, hasta que el mar mojó sus rodillas y con cuidado depositó el barquito de papel en la superficie. Evidentemente a los pocos segundos el barco se hundió. Al darse la vuelta, nuestro joven sin embargo, volvió a la arena de la playa con una sonrisa en la cara. Caminando cerca de la orilla, lentamente, vio como un castillo de arena era poco a poco derrumbado por el oleaje que comenzaba a subir su nivel, dio un pequeño salto para no pisarlo y silbando feliz, miró de nuevo el horizonte, sin perder la sonrisa y pensó que era un momento perfecto para viajar. Ir lejos y conocer lugares nuevos y extraños, dejarse vencer por la aventura y el riesgo, quitarse el miedo de encima y montarse en un barco de papel para navegar por un mar de retos y disfrutar mientras el oleaje no nos hunda.

Nuestro joven se marchó de la playa y en su cabeza solo veía un barco de papel surcando los mares, y él, en la popa arrimado, dejando que el viento del mar acariciase su cara, soñaba con las aventuras y los lugares por descubrir le quedaban.

Así que si cualquiera de ustedes, mi amigos lectores, desean acompañar a este humilde marinero de barcos de papel, sólo tienen que dejar volar la imaginación y ser capaces de soñar que un simple barquito hecho con hojas puede vencer las tormentas más fuertes y los vendavales más destructivos.
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