Saturday, July 22, 2006

Miremos, a ver qué pasa

Si, que ganas tengo ya. Miremos las cosas nuevas que se avecinan, miremos la vida que nos queda por sentir, disfrutar. Miremos al futuro increíble y lleno de retos que comenzamos a percibir a lo lejos. Si, siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, que bien, poder decir: Miremos, a ver qué pasa.

Y si quiere alguien acompañarme, jajajajajjaaj, gracias por querer viajar con aerolineas alberto, sólo existe una condición, tener ganas de vivir. Sentir curiosidad e ilusión por lo nuevo. Resumiendo: Miremos, a ver qué pasa.

ADIOS

Esto se terminó. Fin, the end, finito. Coruña hecha el telón, llega el momento de los aplausos, de los vitores, de los abrazos cariñosos y agradecidos, de mirar a los ojos y decirnos que gracias por los años compartidos. Que no sea esta una despedida triste, al contrario, hagamos de este momento un instante de alegria al recordar todos las buenas cosas que hemos compartido, cada segundo de felicidad que vivimos todos juntos.

¡Ah, Coruña!, cuantas cosas buenas me has dado, ni siquiera puedes percibir su número. Hagamos un pequeño resumen de lo bueno, de lo que llevo en mis alforjas. Volemos por un tiempo al pasado, volemos hace seis años. Por aquel entonces, un 27 de septiembre llegaba asustado de una villa un chico joven de 19 añitos, que al momento quedó impresionado por el mar, tus calles, tu porte y lo raro del hablar de tus gentes. Recuerdo la mezcla de temor, ilusión y curiosidad que por aquel entonces me recorría. El descubrir calles, parques, jardines, el ir poco a poco haciendo mi casa una ciudad extraña. Y que decir del momento que entré por primera vez a la facultad un día de clase. Todos desconocidos, yo solo, alguna gente ya en grupos, hablando con alegría, y yo esquinado, asustado y deseando no meterme en una fiesta donde a pesar de haber sido invitado, parecía que sobraba. Pero, oh sorpresa, el tiempo nos descubrió a todos, poco a poco nos fuimos conociendo, compartiendo risas, problemas, llantos, y después de cinco maravillosos años, acabamos llamándonos amigos. Que final más bonito.

Y la pensión. Oh mi pensión. Que lugar más maravilloso amigos, en serio. Que de increibles buenos momentos, que de charlas, tertulias, peleas, lloros, penas, amigos, en resumén, que de vida. Quizás no sea el lugar ni el momento apropiado para pedir perdón por mis manías y mis malos momentos, pero que diablos, si a alguien he ofendido, mis más sinceras disculpas, nunca en el hacer daño ha ido en mi intención.
En las paredes de esa casa dejo cuatro años de mi vida, los mejores momentos de mi vida hasta el momento. Entre las paredes de esa casita tuve el honor y el privilegio de tratar a un chico encantador aunque dulcemente travieso. Jamás podré decirle a la cara a Andrés que gracias por los cuatro años increibles que me hizo pasar, me faltaba el valor para decírselo. Pero ambos sabemos que siempre hice por él todo lo que pude, como hecho de menos sus bromitas y comentarios, jjajajaajajajajajaj. Desde aquí chaval, que la vida te trate lo mejor que pueda. Y Raquelilla, dos añitos aguantándome, ella, todo sonrisa y vitalidad, soportando a un pobre melancólico que tuvo unos meses muy malos. Poco tiempo para concernos, pero igualmente chica, que todo lo bueno se te cumpla. Y esa, casi mi segunda familia, ay, esa gente abierta y encantadora. Bene, Leire, Susana, Martita, Betty, y como no, Walter, y ese pequeñin ya de Iago, jajajaajja, esos ojitos azules increbiles. Que todo os vaya muy muy bien, os lo merecies todo.
En esa casita encantada también conocí a la persona más original y maravillosa que podais hecharos a la cara. El odia que haga esto, así que no voy a decir nada más, porque todo esta dicho y todo lo que diga a mayores sólo es repetir lo ya dicho. Permíteme, eso sí, que por lo menos te de las gracias por haber sido conmigo como fuieste. Lo que nos depare el futuro, lo veremos.

Y mis colegas del gimnasio. Gente, como os aprecio. En estos dos últimos años me habeis dado mucha alegria y vida. Eso no se paga con dinero. Entré con un cuerpo de mierda, necesitando un cambio. Ahora salgo con el mismo cuerpo, JAJAJAJAJAJAAJAJ, pero con el alma restaurada y nueva. Gracias, en serio. A mi monitor de cicclo indoor, José, por demostrarme que no hay esfuerzo pequeño, que no hay meta que con trabajo no pueda superarse, por hacerme creer en mi mismo. A ti y toda tu encantadora familia, Mari, el pequeño Rodrigo y la guapísima Amanda, un abrazo muy fuerte. A mis niñas de aerobic y step, jajajajajajajaj, qué deciros, lo que ya sabeis, que nunca un hombre ha podido estar mejor rodeado de bellezas y chicas majas. Aunque lo intenté miles de veces y miles de veces no quisisteis ligar conmigo, jajajajajaja, siempre bailamos en las cenas hasta rompernos los pies. Un besazo para todas vosotras. A Juán, Raquel, Andrés y María, gracias por recibirme con los brazos abiertos y despedirme con un abrazo. Raquelilla, no me llores, jajajajajajajajaj, eres la chica con la sonrisa más contagiosa y linda de todo el gimnasio. Cuidaros mucho.

No quiero que esteis tristes. En serio. David, Ele, mi niña, mi Isa, mi dulce amor. Me ha partido el alma ver en vuestros ojos lágrimas de adios, no he llorado y no voy hacerlo ahora. De vosotros me llevo vuestra amistad, en el fondo, soy un ladrón, jajajja, de hecho deberíais odiarme, pues me llevo lo mejor de vosotros. Mis amigos. Que bien suena eso. Suena como Dios, jajajajaja, MIS AMIGOS. Así que, secad vuestras gotas de tristeza y reid, pues esto no es un adios. Yo no me voy tan facilmente. Algunos lo saben muy bien. Seguiré dando guerra mientras en este pequeño cuerpo quede sangre y ganas de vivir. A vosotros, a cada uno de vosotros, mi más humilde querrer. Os llevo cual oro en paño dentro, muy dentro, grabados a fuego en mi alma. Y si el futuro dice que la historia se terminó aquí, en mi pasado más feliz vuestra amistad seguirá brillando y dándome fuerzas siempre. Cuidaros mucho, por favor, cuidaros y sed muy felices. No sabeís cuanto os quiero. Y si la gente se rie de estos sentimientos, si la gente piensa que soy un blando porque no puedo reprimir mis sentimientos, que le parta un rayo. Sois mis amigos y eso me basta para hacer frente cualquier insulto.

Esto se acaba. Quedan ya pocas horas. Veo al telonero acercándose al telón. Levantaos todos, todos los que habeis formado parte de mi maravillosa e increible vida en Coruña, y brindemos en este brindis virutal por todos nosotros, por toda la vida derrochada y compartida. Este humilde chico de villa que llegó hace seis años a esta ciudad se despide dando a cada uno de vosotros mil gracias de corazón. El telón cae, solo queda decir una cosa: ADIOS.

ADIOS, ADIOS.

Friday, July 21, 2006

esperanza + miedo = cauto

esperanza.



1. f. Estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos.

2. f. Mat. Valor medio de una variable aleatoria o de una distribución de probabilidad.

3. f. Rel. En la doctrina cristiana, virtud teologal por la que se espera que Dios dé los bienes que ha prometido.

miedo.

(Del lat. metus).

1. m. Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.

2. m. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.


cauto, ta.

(Del lat. cautus, part. pas. de cavere, precaver).

1. adj. Que obra con sagacidad o precaución.

Cuando me desperté la manzana ya estaba allí.

Cuando me desperté la manzana ya estaba allí. Verde, brillante, grande, apetitosa, parecía la manzana más sabrosa del mundo. Pero esa manzana no debía estar en la cabecera de mi cama. Así que allí estaba yo, medio dormido, en pijama y mirando una fruta verde que misteriosamente había aparecido de la nada. Extrañado y viendo que llegaba tarde a clases, me vestí corriendo y me marché. A la noche la manzana ya no estaba.

Un melocotón. La manzana a la mañana siguiente se había convertido en un melocotón peludo y naranja, oloroso, dulce. Asustado pensando que alguién estaba entrando en mi habitación a colocar frutas, corriendo escaleras abajo pensaba que a la noche cerraría la puerta. Ahora sin embargo, debía coger el autobus para ir a la universidad. Al regresar, el melocotón ya no estaba. Cerré la puerta y muy intranquilo me acosté.

Una maldita pera. Ahora habían dejado una maldita pera de agua, amarrilla, con tonos marrones, grande e incluso con su ramita y su hoja. Me abalance sobre la puerta y comprobé lleno de pánico que estaba cerrada, que nadie la había forzado. Ni siquiera reuní el valor de quitar la pera de la cabecera, acurrucado en mi cama asustado, decidí esperar haber que pasaba. Me quedé dormido. Al despertarme me llamarón al telefono móvil, querían que jugase un partido de futbol y pensando que me vendría bien salir de casa y despejarme, me fuí no sin antes cerrar todo con llave. Despues de ducharme, volví a fijarme en la cabecera de la cama. La pera ya no estaba allí. Aterrorizado casi no dormí en toda la noche.

Al despertarme me econtré....

Sunday, July 16, 2006

Ayudame a olvidarte

Haciendo barcos de papel los años se fueron volando, surcando los mares buscando una isla llena de palmeras y de silencio. El que se escondía en los cañones de la noche y buscaba en tus ojos la bandera que le faltaba al mastil de mi vida, en mis hojas de navegación las líneas te perseguían por todos los rincones del mundo conocido.
Tus cabellos al viento encaramada a la popa de mi barco, mientras la noche acariciaba tu dulce piel de azucar moreno, tus manos jugando con mi cuerpo y mis labios buscando tus besos, y nuestro barco de papel navegando por ese inmenso mar. Apoyabas la cabeza en mi pecho y los dos sabiamos que aquello no podía durar, pero eso nos daba igual, bebiamos ron y bailabamos al son de las estrellas y las olas del mar.
Y a la orilla de la playa en la mañana en aquel dia de verano, borrachos de pasión, desnudamos nuestros cuerpos y nos hicimos uno más uno, acariciando cada centimetro de piel buscando en ellos la carta esférica de nuestra vida, amándonos, gozando, intentando encontrar como dos niños perdidos nuestro peter pan. Nos confesamos tantas mentiras adornadas de amor que entre juegos y risas, el dia fue pasando en nuestra isla desierta.
Al alba sin despertarte me marché en mi barco de papel, los dos sabiamos que así tenía que ocurrir y aunque no encuentro mujer igual que tu en ningún puerto, ahora veo todo claro que querrer es muy complicado y que me niego a vivir esclavo de tus ojos, prisionero de tus besos. Sabes que no quería que vivieses esclava de mis heridas. Donde el corazón me llevaba era un mar de estrellas y en cada una de ellas vía tu cara y que esa locura que ocupaba mis dias, iba acabando conmigo y contigo.
Ayudame a olvidarte....

Saturday, July 15, 2006

Por mi

Por mi porque si, porque me lo merezco. Después de tantos años dejándome la piel por miles de cosas sin muchas recompensas, esforzándome por mejorar día a día, intentando ser el hijo, el amigo y el amante fiel, después de tantos años, me lo dedico.

Por mi porque he roto mi cabeza por ser buena persona, por luchar como un titán por lo que creo y por lo que quiero, por no dejar vencerme por adversidades ni enemigos, por no escuchar casi nunca un gracias o una pequeña palabra de aliento. Por ver como ya nada se valora ni trabajo ni esfuerzo, ni amistad ni compañía me lo dedico.

Por todas las mujeres que me quisieron y me odiaron, por todas aquellas que rompieron en mil trozos mi corazón, por aquellas que me tienen esclavo de un amor imposible e impasibles juegan con mis sentimientos, me lo dedico.

Por los amigos que se fueron, por los que sigen a mi lado, por aquellos que sigo peleando para que no se vayan, por todos vosotros, los que me dan aliento y los que se lo guardan, los que me apuñalan y los que me ignoran, a los que ayudé y me tiraron, me lo dedico.

Por una noche me bañaré en aguas de egoismo harto de dar todo lo bueno que tengo y no recibir casi nada a cambio, para limpiar mi cuerpo lleno de hipocresias y falsedades, de mentiras disfrazadas de medias verdades para no herir heridas ya muy profundas, me lo dedico.

Así que, por mi, por ser como soy, me lo dedico. A vosotros, por un sólo día, deciros que podeís volver mañana, pero hoy, solamente por hoy soy un puro egoista sin sentimientos.

El niño mago

Cuando era pequeño descubri que era mago, si, de esos extraños y misteriosos seres que con sus dotes arcanas pueden cambiar a antojo la realidad que les rodea. Todo ocurrió un atardecer de verano al entrar en salón de casa, allí mi abuelo, otro mago, guardaba todos los juguetes fantásticos que traía de recuerdo de sus lejanos viajes por lugares exóticos y maravillosos. Observaba como a la luz de ese atardecer, las sombras de todas las cosas existentes jugaban una danza misteriosa entre ellos, danzaban el papagayo de cristal con la bailarina de marmol, el jarrón chino con la la estatua de obsidiana egipcia, incluso la gran lampara de cristal parecía bailar con la gran mesa de noble madera que, presidencial, ocupaba el centro de toda la habitación. Hechizado me sumergí de lleno en ese magnífico baile, danzaba alrrededor de todo el cuarto, con los brazos abiartos y los ojos cerrados, con la cara alzada al aire y recibiendo cuando asomaba a la ventana, los calidos rayos de sol en ese atardecer del mes de agosto.

Baiaba y danzaba hasta que mi madre me llamó a cenar, corriendo deje el salón pues tenía ya mucha hambre. Sentado en la mesa de la cocina, reflexionaba si la fiesta seguiría en la otra habitación o si bien, por el contrario, también las sombras estaban cenando.

Entrada la noche y habiendo olvidado casi el momento mistico que había vivido, mi abuelo me acostó como todas las noches, y mientras me contaba un cuento de cabelleros, dragones, magos y princesas se lo pregunté. Abuelo, le dije, puedo yo ser un mago. Recuerdo su cara de sorpresa, su sonrisa de oreja a oreja y como con sus viejas y suaves manos se atusaba la barba blanca.
Acarició mi cabeza y se marchó diciendo que cuando uno es niño puede ser el mago más poderoso de la historia. Con esa esperanzadora frase, me dormí soñando que como hechicero derrotaba a dragones y salvaba princesas de oscuras cuevas y enormes castillos.

Al ir creciendo, fui perdiendo los poderes y llegado un momento, dejé de ser mago. No sé cuando empezó el efecto contrario al iniciado esa tarde de verano. Asustado volví a salón de mi abuelo, pero ya nada bailaba con nada, no había ni danza ni fiesta. Triste y melancólico me senté y miré por la ventana que el verano se acababa un año más y comenzaba el invierno. Esa noche dormi pero no soñé con magos ni princesas ni nada de nada.

Pero un día, un mágico día un hombrecillo pequeño apareció delante de mi y empezó a correr. No sé que me llevó a perseguirlo pero no podía evitarlo, corrí detrás hasta que se detuvo en una fuente. Se encaramó a lo más alto, yo subí también, luego se tiró y yo me tiré detrás.

La altura no era muy pronunciada pero me hice alguns heridas, entoncés llego una mujer, se acercó a mí y me dijo que si quería, me las curaría. Hechizado por sus ojos negros como la noche, acepté. Se llamaba Mariel y era muy guapa. En ese momento me enamoré de ella. Disfruté de cada pequeño dolor que al limpiar mis heridas con alcohol se producían, simplemente por estar en su compañía. Desde entoncés fuimos grandes amigos.

Mariel no era una chica al uso, no era muy inteligente, pero era tremendamente buena y alegre. Le gustaban las cosas sencillas como pasear por el campo, recoger flores, bañarse en el mar y soñar que volaba muy muy alto. Y sobre todo, no era capaz de borrar una sonrisa de su cara. Una noche en su casa me preguntó si yo era mago, la pregunta me dejo atónito, asustado y salí corriendo de su casa para no volver a verla más. No pudé evitarlo, algo me obligó a salir y echar a correr. Cuando al llegar a casa me acosté, no pude parar de llorar.

Dos años más tarde mi abuelo murió. No puedo olvidar la tristeza que recorría toda la casa, la gente que llegaba de todos los lugares del mundo, con el semblante serio y lloroso. Mi madre se acercó y me dijo que tenía una cosa para mí del abuelo. Me dió una carta de su puño y letra. Me fuí al salón y sentado en una butaca la abrí, comencé a leer. Al acabar una sombra gris inundó toda el recinto. Había comprendido por fín las misteriosas palabras de mi abuelo años atrás cuando me digo que los niños podían ser los magos más poderosos del mundo. Me advertía que al ir creciendo si uno no quiere dejar de ser mago, no podía perder la alegría por las cosas sencillas y la alegría constante. Me decía también que aunque perdiese los poderes, algunos espiritus bondadosos ayudaban a los hechiceros extraviados conduciéndoles a otros magos que les devolverán los poderes perdidos.

Cabizbajo y con las manos en los ojos supe porque había dejado de ser mago, comprendí por fín que no volvería a ser uno de ellos y que el niño que había en mí hacía tiempo que había muerto.

Dedicado a todos los que aún siguen siendo niños, aquellos que son capaces de hacer magia y que han consegido no perder sus poderes mágicos.

Saturday, July 08, 2006

Detenerse delante de un espejo

Mira el espejo y dime qué ves. Lo sé, se trata de un peligroso juego, quizás no te guste la imagen allí reflejada, pero no dices que eres valiente. Hazlo, detente por un momento y en un acto de máxima sinceridad contigo mismo di a tu alma, di a ti mismo lo que sientes.

Pobres diablos, vampiros de sentimientos, tú y yo somos vagabundos de gente, mendigos de cariño y farsantes del silencio. Siempre ansiosos de cambio, necesitados de perder de vista cualquier lazo de compromiso. Qué palabra ésta, compromiso, embarazosa para quienes han hecho de su religión la muda constante, la huida eterna. Lo sé, lo sabemos los dos, somos conscientes de que para dos almas errantes como las nuestras es imposible echar raíces.

Como vampiros de deseos que somos sólo necesitamos para sobrevivir victimas que se desnuden temporalmente ante nosotros, que nada escondan y que nos permitan beber de ellas todo su calor interno. Parásitos del alma, eso es lo que somos, no-muertos en busca de calor ajeno por haber perdido tiempo atrás el propio corazón.

¿Dices qué miento?, maldito fariseo embustero, acusarme de tal cosa. No es monotonía de nuestra vida el viajar sin parar, el saber que nuestro hogar está en algún lugar desconocido y lejano, pero que a ningún paraje podemos llamar casa. Y al igual que usamos ciudades lo hacemos con todo lo demás. Con cada una de las personas que tienen la desgracia de caer en nuestra línea de vida. ¿Recuerdas la historia de siempre?

Primero llegan los momentos del silencio. Este es el instante de presumir de la felicidad que encontramos en perdernos en rincones oscuros y solitarios. Gritamos al mundo entero que no necesitamos nada ni nadie. Nos ponemos la Mascara. Llega el segundo momento, de forma disimulada, maquiavélicamente, vamos saciando nuestra ansia de sentimientos con personas que vamos conociendo. Desplegamos cual general en la batalla, todos nuestros encantos y recursos con el único fin de que las victimas caigan en nuestra red de falsas mentiras. Si, ya lo sé, tenemos la valentía de advertir que somos peligrosos, que acercarse demasiado a nosotros puede significar perder la vida, pero en el fondo no es más que otra estratagema para encadenarlos más aún a nuestro lado. Aparece el vampiro. Ahora bebemos cada gota de sangre de su compañía, disfrutamos gozosamente de casa sonrisa, de cada momento de felicidad y alegría que nuestro rebaño de corazones nos proporciona. Y el más dulce sabor de sexo y amor nos lo proporciona nuestra alma preferida, aquella que más se descubre ante nosotros, la que con sensuales movimientos se desnuda frente a nuestros ojos lujuriosos y ansiosos de vida.

Al final, llega la muerte. Igual que llegamos nos vamos. Nada dejemos atrás, no permitimos que ningún peso abarrote nuestros ligeros fardos de viaje, porque ambos sabemos que el siguiente punto en nuestro destino, es también temporal, como los que nos precedieron y los que nos quedan por ver. Atrás dejamos silencio, oscuridad acallada de tristeza, reguero de victimas que nos recuerdan e ignoramos porque no podemos permitir que nos hagan daño. Pero somos conscientes también, de que a cada nuevo paso, una pequeña muesca se marca de nuevo en nuestro corazón, y por eso, en noches algunas noches de vino y melancolía, lloramos por dentro en honor a todos los amores que perdimos.

Miraos al espejo y antes de juzgar si yo y mi reflejo somos culpables, deciros si también vosotros no sois viajeros errantes….

Monday, July 03, 2006

Noche de poesia

Noche de verano tranquila, de estrellas
en el cielo, música en el viento, olor de jazmín y mar, de sueños
escritos en palabras lloradas, vertidas, vomitadas.
Algunas de ellas amadas,otras odiadas,
pero ninguna puesta sin ton, al contrario todas esculpidas con mucho son.

Asi el que quiera entender que entienda, que aquí, palabra
a palabra, letra a letra, viento a viento, suspiro muerto en cada
minuto de tiempo pasado, se muestra
todo desnudo, el cuerpo de un hombre que nada esconde,
pero que todo disfraza con ropajes de poesia y
muchas gotas de whisky.

A este hombre, cuerpo desnudo, no le duelen las palabras, le duelen los sueños,
le hieren los caminos abiertos y cerrados,
le marcan no las frases lloradas, sino las lágrimas escondidas en letras de color negro con fondo blanco.

Le sangran los ojos pensando en ventanas lejanas, en mitos falsos esculpidos en cuerpos de marmol blanco, gotas de rojo con las que escribe poemas,
letras negras de alma roja, lágrimas ya secas en la cara, pero frescas dentro,
muy dentro, ya escondidas.

A los que me entienden, cómo decirles lo que quiero, a los que no me entienden, cómo escribirles que les deseo.... la verdad es que nunca ha sido fácil decir te ...

Sunday, June 25, 2006

Barquitos de papel

Un niño hacía barquitos de papel que luego dejaba con cuidado en el mar. Éste, indiferente de los sueños del pequeño capitán, entre olas y agua hundía cada uno de los estupendos veleros soñados por el valiente marinero. Cada vez que sus grandes y limpios ojos azules veían que el papel desaparecía de la superficie del mar, regresaba con una sonrisa en la cara y rápidamente se afanaba en arrancar una hoja de una libreta y comenzaba de nuevo el proceso para crear otro barco.

Se detenía, pensaba durante unos segundos cual seria la doblez más apropiada, si el casco sería más fuerte usando doble papel, si quizás el problema de los hundimientos estaba en la falta de estabilidad, y entonces decidió que era hora de poner una vela. Buscó un trozo de madera por la playa, y cuando lo encontró, haciendo un pequeño agujero lo introdujo en medio del barco de papel; luego con otra hoja, simuló una vela grande, desafiante al viento y al mar que, regocijándose en su poder, iba y venía retadoramente en forma de ola. Ahora sí, pensaba el pequeño diablillo, y de nuevo volvía a sumergirse hasta las rodillas, aguantando los invites de las olas y el viento, y depositaba el barco en la superficie.

A los pocos segundos de contacto del agua con el papel, este se volvía a mojar y el mar de nuevo, con una sonrisa maliciosa, se tragaba de nuevo el velero de este valiente capitán. Y otra vez, con una sonrisa en la cara, daba la espalda a su enemigo y volvía junto a su astillero de hojas y papel y comenzaba una vez más otro barco. Sólo interrumpió su juego cuando la madre le llamó para comer un bocadillo y ponerle más protector solar. En dos segundos devoró su merienda, con unas ganas y una energía desbordante, ansioso ahora que recobraba las fuerzas, de vencer por fin a la fuerza del mar, volvió a su importante tarea.

Un joven miraba sentado en la orilla ensimismado el horizonte azul. Sentado de rodillas, apoyaba sus codos en las rodillas y con sus manos en las mejillas, dejaba que el viento jugase con sus cabellos. Su expresión era sombría, preocupada, melancólica. Las olas venían y mojaban sus pies desnudos, y parecía que su alma se hundía a cada paso. Miraba el mar, observaba el horizonte como el que espera algo, o peor aún, como el que no sabe que espera, el perdido, el barrido, el desorientado que no sabe volver al camino.

El niño capitán lo vio cuando volvía de perder otro barco en el fondo del mar. Lo miró extrañado y con su eterna sonrisa, cogió de nuevo una hoja de papel y hizo otro velero de papel. Sin embargo esta vez, una vez construido no fue corriendo a la orilla para depositarlo en su superficie. Se quedó mirando atentamente al joven que, sin inmutarse, dejaba que el mar mojase sus pies en cada ola.

Dando un saltito el valiente marinero paso por encima de uno de los castillos que había levantado por la mañana, y se acercó al melancólico chico. Una vez allí, se quedó parado esperando.

Al ver que no le hacían caso, depositó un barco al lado del mal educado joven que le había ignorado. Regreso con la misma sonrisa a su magnifico trabajo, hasta que llegada la tarde, su madre lo llamó para irse a casa.

Nuestro joven al ver que el azul horizonte se volvía poco a poco en tonos rojos, anaranjados y ocres, decidió que era momento de irse a otro sitio. Apoyando su mano derecha en la arena para coger impulso, vio a su lado un barco de papel, extrañado miró alrededor pero no había nadie. Se preguntaba de quién podía ser. No había nadie cerca, y mucho menos algún niño que pudiese reclamar su velero de papel. Sin embargo, un extraño sentimiento le invadió cuando cogió entre sus manos el barco hecho de hojas blancas.

Una sonrisa se dibujo en su cara que hasta entonces, había permanecido triste y melancólica frente al mar. Se acercó lentamente a la orilla, hasta que el mar mojó sus rodillas y con cuidado depositó el barquito de papel en la superficie. Evidentemente a los pocos segundos el barco se hundió. Al darse la vuelta, nuestro joven sin embargo, volvió a la arena de la playa con una sonrisa en la cara. Caminando cerca de la orilla, lentamente, vio como un castillo de arena era poco a poco derrumbado por el oleaje que comenzaba a subir su nivel, dio un pequeño salto para no pisarlo y silbando feliz, miró de nuevo el horizonte, sin perder la sonrisa y pensó que era un momento perfecto para viajar. Ir lejos y conocer lugares nuevos y extraños, dejarse vencer por la aventura y el riesgo, quitarse el miedo de encima y montarse en un barco de papel para navegar por un mar de retos y disfrutar mientras el oleaje no nos hunda.

Nuestro joven se marchó de la playa y en su cabeza solo veía un barco de papel surcando los mares, y él, en la popa arrimado, dejando que el viento del mar acariciase su cara, soñaba con las aventuras y los lugares por descubrir le quedaban.

Así que si cualquiera de ustedes, mi amigos lectores, desean acompañar a este humilde marinero de barcos de papel, sólo tienen que dejar volar la imaginación y ser capaces de soñar que un simple barquito hecho con hojas puede vencer las tormentas más fuertes y los vendavales más destructivos.

Saturday, June 24, 2006

Noche de San Juan

La noche de San Juan tiene algo mágico, misterioso, encantador. A la noche, frente al fuego, viendo como invencible asciende en miles de llamas, observando como la madera se convierte en ascuas y luego en cenizas, frente al mar y cubierto de estrellas, dejar volar los miedos y las preocupaciones supone un momento de purificación, y ese es el objetivo del sagrado fuego de la noche más corta del año.
Se acaba un ciclo en mi vida, ya no soy estudiante de universidad, se ha acabado la seguridad monótona y aburrida que me permitía no preocuparme por lo que hacer en pocos meses, era sencillo, simplemente volver del verano y estar de nuevo con mis compañeros de clases, reír, pasar buenos ratos con ellos, y malos por supuesto. Escuchar aburrido a los profesores, otras veces admirado, debatir, salir, gritar, enfadarnos, reconciliarnos, estar juntos, separados, etc.
Ahora delante la incertidumbre, el futuro, la nada y el todo, pues esa es la grandeza de emprender nuevos caminos, nuevos ciclos. Tengo ante mí todo un maravilloso sendero en el cual puedo elegir, dentro de unos límites, el futuro que deseo. ¿No es eso fantástico? Pues si les digo la verdad, estoy totalmente asustado, tengo un miedo horrible.
Soy en estos instantes como un globo con muchos saquillos de arena que le impiden volar muy alto, cerca de las nubes. En un saquillo tengo a mis amigos de Coruña, estoy harto de ver como no puedo estar a su lado y disfrutar de su compañía más tiempo. Mi vida en este aspecto se ha caracterizado por la regla de los 2 + 1. El placer de la compañía de mis amistades se ve limitado a dos años o en el mejor de los casos a uno más. Desde pequeño siempre la misma historia, el mismo cuento. Dos años, dos años, dos años más uno. Y lo peor de todo es que me dejo la piel para nada, y nunca aprendo.
En otro saquillo tengo a mis compañeros de gimnasio. Son encantadores, no sé como explicar lo buena gente que son, lo grato de estar con ellos, lo divertidos y sanos. Con ellos hacer deporte es un auténtico placer y no un sufrimiento.
Mi niña, como olvidarme de mi niña. El tercer saquito son mis dulces ojos negros de mujer morena, carne ardiente. Esa mujer pasional, esa alma incombustible, ese olor imborrable, esos besos embaucadores. Y aunque no te tengo como quisiera tenerte, sé que la distancia supone ya definitivamente perderte.
Maldita ciudad con mar, que me has hecho para que una alma viajera te miré y dude en marcharse. Ver tu paisaje de olas rompiendo en las playas, esa torre erguida y orgullosa, ese olor a salitre marino en una noche de primavera, esas niñas guapas. Coruña hechicera, rompe tu encantamiento, este pobre viajero quiere poder macharse y tú no lo dejas.
Muchos pesos, y demasiado miedo. ¿Qué tengo por delante? Lo que puedo ser. ¿Qué dejo atrás? Lo que soy.
Noche de San Juan. Una hoguera se apaga poco a poco, las fuertes y valientes llamas chispean por seguir vivas, las ascuas pierden su brillo lentamente, despacio. El calor de la hoguera se desvanece y el viento trae, junto con el rumor de las olas, un olor lejano, extraño y nuevo. El fuego se apaga, el ciclo termina. Y yo mientras, aquí sentado, sigo tiritando del miedo.

Saturday, June 17, 2006

El rincón cumple un año: he aquí mi humilde regalo

Lo conocí hace ya unos cuantos años, exactamente cuatro, llegó callado, reservado, educado, pero orgulloso, inteligente, divertido, carismático como ninguno y en pocos días nos conquistó a todos con su sonrisa constante, su vitalidad contagiosa y su energía radiante y desbordante.

Luego se marchó, pero él es de esas personas que sabes que nunca se marcha de todo, detrás suya dejó la imagen de una persona que será bienvenida siempre que decida volver. Y no lo digo yo sólo.

Hace un año, sentado desde un rincón, mirando y reflexionando sobre el mundo tanto interior como exterior que le rodea, decidió que tenía muchas cosas que contar, que deseaba hacerlo y que además, tenía algo de talento y estilo para hacerlo. Desde ese momento, poco a poco consiguió que echar de vez en cuando una mirada a su rincón era un placer cotidiano, una sorpresa grata y placentera pues resulta que el chico valía para comunicar.

Y allí sigue, tan alegre como lo conocí, tan orgulloso, divertido, inteligente, educado, carismático y chulo como siempre. Lo veo sentado en el rincón, mirándonos y mirándose, pensando y haciéndonos pensar sobre lo importante que es vivir cada segundo como si fuese el último. Escribiendo con una sonrisa picarona, con unos ojos claros y penetrantes, atentos a cada cosa que pasa por delante de su pequeño pero inmenso rincón.

Imaginate la sorpresa cuando me enteré de que el chico escritor se trataba de un Oso. Un rincón donde un Oso intenta buscar su lugar en el mundo.

A mí sólo me queda agradecerle que me haya permitido entrar en su rincón, desde entonces, el pasarme algunas veces por allí supone una sorpresa por no saber con que nueva marravilla va a sorprendernos este Oso escritor, ingeniero informático, patinador, prácticante de capoeria pero sobre todo, excelente persona y mejor amigo.

Sunday, June 04, 2006

Joyas para compartir

Segunda recopilación de los mejores poemas que anoto en un cuaderno azul. Cuantos recuerdos, momentos, risas y lloros anotados, cuanta vida escrita en palabras, cuantos sentimientos escondidos en frases y versos. Espero que los disfruten tanto como yo.

“O seu corazón é un laúde suspendido; nada maís tocalo resoa”
De Be´ranger

Palabra muerta

"De pronto la palabra no sirve,
suena a hueca,
se ha desembrado y está nin nervadura.

Intentas pronunciarla y en la boca
queda un sabor a humo y a vacío.

La desnuda palabra tronchada y sin aliento
que urgía al corazón... La que tanto alcanzaba.

Su nombre, a estas alturas de la vida,
a estas alturas de la muerte, su nombre
no significa nada...
si acaso una sonrisa
-amarga y cruel sonrisa-
por los años que nos sirvió de apoyo.

Ahora sólo ceniza que se expande,
esa palabra, amor, que todo lo podía." de Santiago Castelo,

Noche

"El ayer, el mañana, el todavía,
hojarasca fugaz que arrastra el viento
en medio del jardín, en la alta noche,
cuando dormitan solas las estrellas.

Déjame hacer un fuejo con mi vida,
deja que ardan todos etos años,
también los libros de mi biblioteca,
versos, amores, tardes, desamparo.

Quel viento lleve toda la ceniza
lejos, muy lejos, a un rincón sin nadie,
a una cumbre con nieve, al negro mar.
Las cenizas del tiempo que fue mío.

Qué placer en la noche sigilosa
soñar que ya estoy muerto, que la vida
no vendrña a consolarme una vez más,
que nunca más sus labios en mis labios.

Dejo el ayer en su azulada llama,
dejo al mañana entre la leña verde,
con su negro carbón al todavía,
dejo mi vida arder, un fuego frío.

El tiempo ya es ceniza entre mis manos,
son ceniza mis manos en el viento,
en esta noche, en el jardín sin nadie,
con sólo un árbol donde Dios se ha ahorcado." de José Luís García Martín

Siete: las partes del todo o el todo de las partes, frases sueltas con muy poco sentido .

Amanece

El día ha llegado.La decisión finalmente se ha tomado. En los mapas de la mente se ha trazado la voluntad del espíritu, un alma que no mirará atrás, mucho menos retroceder.

Partir

Antes una última caminata, a lo largo de la orilla de la playa, entre la fresca brisa que refresca la mente, bajo el cielo despejado donde circulan las ideas como aves buscando su alimento en el mar.
Sobre la arena tibia 0 enterrándose levemente cada paso descalzo en la humedad de la orilla acariciada por los delicados dedos del mar, olas que vienen y se van continuamente sin descansar, sin dejar de murmurar borrando nuestras huellas.

Relato que sólo tiene al mar por testigo
Secreto que sabrá guardar
Mi partida

Miro hacia atrás
Veo montes, colinas y mucho más
Lugares donde he escrito mi vida
Lugares ya recorridos
Donde me refugié de la lluvia
Y donde me escondí del sol
Ahora he salido a caminar
Intentar al sol mirar
A la cara si es posible
Avanzar al horizonte prometedor
Bajo lunas y soles
Diversos colores
Ir más allá de lo que está a la vista
Y más allá

Ahora junto a mi barquito
Aquel por mí construido
De madera, fuertes velas y firme timón
Expresión de orgullo del trabajo dedicado
Hoy, en la orilla, junto al mar,
Se prepara para flotar
Levar anclas, izar las velas
Y maniobrar orgulloso su timón
Tras una larga espera en el muelle de los planes
Junto a tantos otros capitanes
Ya decidido el camino
Solo un paso queda por dar
Partir y navegar

Llegó la hora de partir
Miro las estrellas
Luminosas, brillantes
Ellas están ahí, mirándome y orientándome
Reflejo en el cielo de mi posición en los mares de la tierra
Indicándome donde está el horizonte
Y con su movimiento
Me dicen que debo ir más allá
Seguir mi camino
Mi propio camino

Saturday, June 03, 2006

La Mascarada

Te conozco aunque pienses que puedes ocultarte detrás del disfraz que durante tanto tiempo has llevado y aún llevas. Paseas por la vida pensado que estas seguro detrás de ese teatro que día a día representas, y aunque lo consigues con la mayoría, debo confesarte que conmigo has fracasado. La máscara se ha caído hace ya tiempo y cada vez que te veo, observo tu verdadero rostro, tu auténtico yo.

Caminas con la cabeza ergida, orgulloso y valiente, sin miedo a nada ni a nadie, dices y redices que no miras jamás al pasado, que no vuelves la vista atrás, pero en el fondo sigues anclado con el peso de los recuerdos clavados, aquellos que te infliguieron las cicatrices que ocultas con tu disfraz.

Distancia conjugada con farsa, mentira sumada con impasividad, meras tretas o juegos de personalidad para no mostrar que necesitas estar rodeado, que la soledad te asusta tanto como presumes de disfrutar con ella. Pobre diablo encerrado en su infierno, intentado mostrar que vive en un Paraíso construido a base de efectos especiales y decorados de cartón piedra.

Sigue con tu comedia, actúa en el teatro de la vida y quizás levantes los aplausos del público, pero recuerda, llega un momento en que la obra se acaba, el actor se baja del escenario y entonces, ay entonces, en ese momento se da cuenta de que la Máscara ya no sirve....

Monday, May 29, 2006

"En este país"

Bienvenidas sean las críticas hechas desde el conocimiento, el respeto y la humildad del que desea que mejoremos. Por eso, cada vez que leo un comentario sobre España, lo primero que hago es intentar ver quién lo hace, cómo lo llIeva a cabo y qué pretende con ello. Incluso, muchas veces estos tres puntos no son necesarios cuando la crítica se realiza desde el humor mordaz y el sarcasmo inteligente, como es el caso de cierto amigo en su rincón, cada vez que sale de él y otea el mundo y la sociedad que le rodea y dice, sin pelos en la lengua, lo que opina al respecto. Y son valiosos para mi por su sinceridad, su humildad a la hora de llevarlos a cabo y su capacidad, no siempre, de poner magistralmente el dedo en la yaga . Sobre todo aquellos donde habla de la España que quiere y ama, el país al cual respeta y admira, en todas sus virtudes y miserias; sin embargo, lo que no puedo soportar son los profetas del: "En este país".
Y así se llama un fabuloso artículo de uno de nuestros escritores más importantes, Mariano José de Larra, el cual escribe un delicioso comentario sobre aquellos que no hacen más que vomitar palabras sobre nuestro país, y cito textualmente: "Borremos, pues, de nuestro lenguaje la humillante expresión que no nombra a este país sino para denigrarle...", hagamos callar a los Don Periquitos que no hacen más que sacar su lengua sucia, venenosa y viperina para atacar por el mero hecho de atacar a "este país", que pese a quien le pese, se llama España y poco tiene que envidiar, en lo bueno y en lo malo, al resto de naciones.

"Olvidemos, lo repetimos, esa funesta expresión que contribuye a aumentar la injusta desconfianza que de nuestras propias fuerzas tenemos. Hagamos más favor o justicia a nuestro país, y creámosle capaz de esfuerzos y felicidades. Cumpla cada español con sus deberes de buen patricio, y en vez de alimentar nuestra inacción con la expresión de desaliento: «¡Cosas de España!», contribuya cada cual a las mejoras posibles. Entonces este país dejará de ser tan mal tratado de los extranjeros, a cuyo desprecio nada podemos oponer, si de él les damos nosotros mismos el vergonzoso ejemplo." Grande, pasional, increíble y magnifico alegato de uno de los críticos más duros y geniales que ha tenido España. Como él sí, como hacen otros no. Es cuestión de estilo, sin duda, pero ya se sabe, sobre gustos no hay nada escrito.

Thursday, May 18, 2006

Ámame (en galego en homenaxe polo Día das Letras Galegas)

Véxote o lonxe e miña alma desexa posuirte ate que non me queden folgos no corpo. Amarte e tan pouca cousa, o que sento non é amor, senón loucura de paixón desenfrenada. Bicar os teus beizos ardentes queimanme como si bicara mil soles, mais non podo deixar de facelo porque abandoar o teu corpo sería igual que morer.
Ti, misteriosa e lonxana, escura e perdida no tempo, es o segredo mellor gardado da miña existencia; ti es a miña vida a pesar de que a cada pequena fracción de tempo que pasa, o teu veneno me invade cada vez mais e me vas consumindo, acabando, matando.
Querote inda que non poida evitar o destino que me agarda, querote a pesar de que vas ser ti quen me mate e enterre. Seino polos teus ollos, eses buracos negros que cada vez que me miran clavan en min centos de coitelos invisibles pero doentes cada un deles.
Mátame pero non deixes de amarme mentras o fagas.....

Sunday, May 14, 2006

Una tarde en tren o de la España más profunda

Puntualmente a las 18:45 sale el tren destino A Coruña desde Ourense, bueno, puntualmente no, digamos que la salida estaba programada para las 18:30, pero quien quiera puntualidad que se vaya a un país centroeuropeo.
Una vez dentro del coche número 51, asiento 88p, se despliega ante mi un habitáculo impresionante: un pasillo amplio donde es imposible molestar a los pasajeros ya sentados con la maleta, unos asientos amplios y con una separación que permite sin problemas sentarse, donde las rodillas pueden sentirse a gusto sin tener que pelearse con el asiento de delante. En fín, que puede pedir uno por 18 euros.
Sin embargo, no suficiente con las maravillas del tren, los pasajeros están a la altura de las circunstancias, pues en España la educación y el saber estar se saben que son una de nuestras virtudes. Cómo llamar sino a esa chica ourensana que estudia INEF en la Coru, cuatro filas más atrás, hablando de como trata ella a los hombres, de lo bien que tiene su casa, que a partir del lunes comienza la dieta, que está harta de los profesores. Aún recuerdo su voz aterciopelada, dulce, musical y nada subida de tono.
Qué decir de esos dos maravillosos jóvenes anti-sistema, tan preocupados por el medio ambiente que no gastan una gota de agua innecesaria en ducharse, pues más importante es que los rios no se queden sin agua. Agradecido quedo a mayores por la música ambiental con la cual deleitaron a todo el vagón 51. Gracias a su radio cd podimos oir joyas de la música como :"vomitar vomitar, lo que voy hacer hoy es vomitar" o "colega, colega, dame más cerveza, pasa de la pasma y fumate una hierbabuena." . Y pensar que en Viena están celebrando el centenario de Morzart, serán incultos estos austríacos.
La guinda del pastel, lo que demuestra realmente que este país está en la cabeza de la Europa moderna y civilizada, ese pedazo de baño del vagón con la puerta automática atrancada y el vide lleno de restos minguitorios de los pasajeros, que piensan para ellos: "usemos éste que está estropeado, no vaya ser que jodamos otro." Pero lo mejor era ese olor inconfundible en nuestras narices.
Y yo me pregunto: ¿y esa señora suiza, de viaje por España, después de haber viajado por Austria, Alemania, Holanda, Bélgica y Francia?, se llevará la imagen adecuada de nuestro pais o seguirá pensando que Spain is different.

Saturday, May 06, 2006

La mujer de ojos verdes

No era quizás el mejor momento para irse de vacaciones, pero Andrés necesitaba descansar un poco de la rutina diaria y buscar algo que rompiese con la monotonía que desde hace años le perseguía. Por ese motivo pidió unos días libres en el trabajo, encargó los billetes para El Cairo y amenazó a sus amigos de que durante una semana no quería que nada ni nadie le molestase. De hecho, dudó entre llevarse su teléfono móvil o no, pero al final lo incluiría en su equipaje por si se presentaba alguna dificultad imprevista y necesitaba ponerse en comunicación con alguien.
La mañana de la partida, tres horas antes de tomar su vuelo destino a Egipto con escala en Londres, revisó meticulosamente el equipaje, delante de él tenía los pasajes, los visados, el pasaporte, la cartilla de vacunación para presentar en la embajada de España, las maletas con ropa, unos mapas de la ciudad y un libro sobre la historia de las pirámides y el arte egipcio antiguo. Comprobando que todo estaba en orden, llamó a un taxi y se dirigió hacia el aeropuerto.
La nueva terminal era impresionante, grandiosa, faraónica, pero un auténtico caos de salidas con retraso, perdidas de equipaje, turistas perdidos y azafatas de compañías aéreas con una sonrisa en la cara intentando apaciguar los alterados ánimos de los viajeros.
Andrés reconoció que tuvo suerte, en una hora y pocos minutos había realizado todas las tareas antes de embarcar, lo cual le dejaba algún tiempo para hacer unas compras de última hora en la tienda del aeropuerto, sobre todo la prensa del día y algo dulce para picar durante el trayecto que se presentaba largo. Y así fue como la vio y una sensación extraña recorrió todo su cuerpo.
Se trataba de una mujer alta, morena, de oscura tez y unos ojos verdes impresionantes, llevaba un vestido verde esmeralda y cubierta la cabeza por un delicado pañuelo de seda blanco. Reflexionó que se trataba de una viajera de su mismo vuelo o, por lo menos, de una musulmana a punto de coger un vuelo destino a su país. Pero algo en su interior le decía que no sería la última vez que la vería.
Embarcó y tomó asiento al lado de la ventana, se acomodó en su butaca y se abrochó el cinturón de seguridad. Aunque el vuelo hasta Londres sería corto, la parada se esperaba breve, y por lo tanto, tenía la intención de no levantarse de su asiento hasta que tuviese que ir al baño o hubiesen llegado al destino final.
El despegue se realizó sin problemas, y en pocos minutos comprobó por la ventana un Madrid pequeño y minúsculo, donde los atascos, el ruido e incluso, los jefes chillones e incompetentes parecían ser algo de otro sitio y no de esa ciudad tranquila y lejana que podía observarse desde la ventana del avión.
La azafata pasó ofreciendo bebida y otras cosas a los viajeros, Andrés pidió una tónica y se dispuso a leer la prensa que anteriormente había comprado, entonces, se acordó de la linda mujer árabe que había visto en el quiosco. Se preguntaba si serían viajeros del mismo avión, sin embargo, no le parecía correcto levantarse de su asiento para otear, como si mirase desde una atalaya, las cabezas de los restantes pasajeros para ver si la encontraba. Desistió de su búsqueda y se centró en la lectura.
No llevaban una hora en vuelo, cuando un vestido verde y un pañuelo blanco pasaron por su lado distrayéndole de las últimas cotizaciones del crudo en el mercado energético. Levantó la vista y vio que efectivamente se trataba de la mujer de ojos verdes y tez oscura. Parecía que intentaba llegar hasta la cabina de los pilitos, e incluso podía comprobarse que ocultaba algo extraño debajo de su bello vestido. Las azafatas no hacían más que rogarle que se sentara y que no podía acceder a una zona restringida para los pasajeros. Andrés durante un tiempo volvió a tener la extraña sensación que había experimentado en el aeropuerto la primera vez que la vio.
Y como de la noche a la mañana, en una milésima de fracción de segundo, oyó un disparo y un golpe seco en el suelo, como si algo o alguien se desplomara, vio a una de las azafatas tendida en suelo del avión con un charco de sangre, la gente en ese momento comenzó a gritar y volverse histérica. Unas voces gritaban intentado imponer silencio y algo de orden, y tenían un acento árabe muy marcado hablando español.
Tres personas, todas ellas mujeres vestidas con trajes verdes esmeralda y pañuelo blanco en al cabeza se movían por el pasillo con armas en sus manos, intentado de manera fallida calmar la situación. Pero por increíble que pareciese, lo consiguieron al término de unos minutos.
Dijeron que se trataban de mártires del todopoderoso Alá, que era mujeres iraquíes que habían perdido a sus niños y que querían vengarse de los invasores de su país y los infieles del mundo occidental. Sin más explicaciones asaltaron la cabina y se propusieron estrellar el avión contra la nueva terminal de aeropuerto. Andrés no sabía que hacer, estaba aterrado, asustado, paralizado por el miedo, y maldiciendo en mil idiomas la estúpida idea de haberse ido de vacaciones.
A la hora siguiente, cerca de Madrid de nuevo, Andrés comprobó acongojado que unos cazas del ejercito del aire habían sobrevolado en avión, escuchó un sonido raro, como de un cohete de fiesta pero más pronunciado y a los pocos segundos…. Las vacaciones habían terminado.

Saturday, April 22, 2006

El alferero

Cipriano Algor era alfarero. También era viejo, muy viejo, bueno, eso era lo que decían de él, porque Cipriano pensaba al respecto que aunque su cuerpo no fuese el de un jovenzuelo, su corazón y su alma seguían con las mismas ganas de vivir que las de un adolescente cualquiera.

Tenía una hija y un yerno, su esposa hacía unos cuantos años que había muerto después de una larga enfermedad, recordaba el día que, en la cama que habían compartido durante muchos años, ella le besó la mano y luego murió, Cipriano no lloró, se levantó le dio un beso en los labios y le susurró al odio: “tranquila, volveremos a vernos, ahora descansa.”

Su hija y su yerno trabajan en el descomunal centro comercial que hace unos dos años habían abierto a unos cuantos kilómetros del pueblo, desde entonces su alfarería no conseguía levantar el vuelo, llena de perdidas y cada vez menos ventas. La gente había cambiado sus delicadas vasijas de barro artesanales por las de plástico, más baratas, limpias y tan frías y poco artísticas, pero a él le daba igual, seguía levantándose a las seis de la mañana todos los días para preparar el barro y el horno y seguir haciendo sus vasijas de barro. Su hija no hacía más que gritarle que dejase de trabajar tontamente, que la gente ya no quería comprar sus tonterías hechas a mano, el yerno por su parte, callaba pero por dentro, y Cipriano lo sabía, deseaba que el viejo se fuese a una residencia y así poder vender la casa y marcharse a uno de los edificios que el centro comercial había construido para los trabajadores fijos.

Un buen día, con un sol radiante y una magnifica brisa de primavera, después de haber horneado la última tanda de jarrones de barro y haberlos colocado a secar, el yerno se acercó a él y le comentó que por fin habían conseguido el piso que tanto deseaban por tanto, tendrían que recoger todo y marcharse para la ciudad, por supuesto, Cipriano tendría su propia habitación. Mirándolo fijamente, Algor dijo no y siguió con sus tareas en al alfarería, porque una vez acabada la tanda de vasijas, había que dejar todo limpio para el día siguiente. Cuando uno está enfrente del torno, las cosas no pueden estar fuera de lugar, pues un despiste a la hora de tornar significa perder una pieza. Cipriano defendía la tesis de que el alfarero era como una especie de Dios, que tenía que estar atento a como modelaba su pieza, en como la forma amorfa del barro se iba convirtiendo poco a poco, gracias la unas manos viejas pero expertas, en un objeto determinado, ahora un plato, ahora un jarrón y al final quizás un botijo. El yerno no insistió en la proposición, se marchó esperando que posiblemente la hija ablandase la terquedad del viejo, pero tampoco por la noche, cuando la hija de Cipriano le comentó la oferta, el empecinado viejo aceptó.

A las dos semanas y después de varias amenazas de abandonarlo en ese cuchitril de casa y alfarería, la hija y el yerno se marcharon a vivir al centro comercial. Cipriano los despidió y volvió a su tarea, en su cara no había rastro de tristeza o amargura, al contrario, era feliz porque podía seguir haciendo lo que más le gustaba.

Una vez cada dos semanas, recibía la visita de sus amada hija y su yerno, celebraban una comida por todo lo alto y le contaban las maravillas que había en el centro comercial, la de multitud de cosas que podían comprarse y la amplísima oferta de ocio que la ciudad y el propio centro ofrecían, sin embargo, Cipriano decía que esas cosas no eran para él.

Era una mañana de invierno, un martes para ser más preciso y Algor escuchó desde su cama, en la cual estaba tapado hasta el cuello por el frío que hacía, el ruido de un motor, pensó que no podía tratarse de su hija, pues había venido a visitarla el domingo y aún tendría que pasar algún tiempo para otra visita, curioso se levantó y observo por la ventana. Efectivamente, en el descampado entre la casa y el taller había un coche con matricula extraña, parecía distinguirse a una pareja y un niño.

Bajó una vez vestido y dirigiéndose hacía ellos les preguntó que deseaban, querían comprar artesanía, habían visto el letrero de la alfarería y buscaban algo artesanal, no plástico industrial. Cipriano les mostró todo lo que tenía guardado. Mientras los padres miraban y elegían aquello que querían comprar, el niño, con cara de pillo lo miró curioso, en su cara se veía que estaba bastante extrañado.

-“¿Y tu vives sólo?.” Preguntó el niño.

- “Si.”

- “Y no te aburres aquí, sin nadie con quien hablar.”

- “No, tengo muchas cosas que hacer, ves.”- Dijo señalando Cipriano el almacén.- Todo eso lo creo yo con mis manos.”

- “Yo también soy un artista, en verano hago castillos de arena. Todos me preguntan porque los hago si siempre acaban destruidos por culpa del mar, pero no les contesto. Me gusta hacer castillos de arena, además, seguro que algún día hago uno que el mar no pueda romper.”

- “Ay pequeño, que listo eres.”

Los padres volvieron en ese momento con unas cuantas piezas, Cipriano les regalo dos más y al pequeño le dio una figurita de un rey hecha por él mismo de barro, “este eres tú, el rey de tus castillos de arena.” El coche se alejó y Algor volvió para casa, tenía ganas de tomarse un café calentito, de camino recordó lo mucho que se parecía a ese niñito, cuando era feliz todo el día, feliz porque sí, incluso recordó como iba dando saltitos todo el día feliz, y con una sonrisa se dijo: “menos mal que sigues siendo feliz, aunque no puedas dar saltitos, la edad no perdona Cipriano, sigues siendo feliz.”

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