Son las tres y media de la mañana de un sábado 24 de Febrero, llevo sin dormir exactamente 20 horas y cargado con una maleta me dirijo en taxi a la Terminal 1 de Barajas camino a Frankfurt, escala inevitable para enlazar destino Pórtland Oregon.
Después de una hora de espera para facturar, Lufthansa como buena compañía germana despeja a las 6:05 de la mañana del sábado. Desayuno continental y lectura para soportar las tres horas casi de vuelo hasta Frankfurt. La llegada prevista se cumple, otra vez la puntualidad germana no puede quedar entre dicho.
Frankfurt es la cuidad financieramente hablando más importante de toda la Unión Europea, allí nos encontramos al Banco Central Europeo, la mayoría de las sedes bancarias del país teutón y por supuesto la Bolsa alemana (Deutsche Börse AG). Su aeropuerto es el segundo tras Ámsterdam que más tráfico mueve de toda Europa y es la salida y entrada para la mayoría de los vuelos internacionales. Pero es también cuna del genial Goethe.
A las 10:15 y después de haber superado el tedioso e incluso intimidatorio y molesto control de pasajeros para poder viajar a los USA (con preguntas tan inevitables para evitar la entrada en país como: ¿cuál es el motivo de su viaje a los United Status?), despegamos de la mano otra de vez de Lufthansa en vuelo directo a Pórtland, doce horas de maravilloso viaje.
El itinerario del mismo nos lleva desde nuestra salida a nuestro destino atravesando el mar del norte entre Dinamarca y Gran Bretaña, sobrevolamos Islandia y nos metemos de lleno en Groenlandia muy cerca del Polo Norte. Las vistas de las inmensas placas de hielo y los icebergs hacen que el viaje ya merezca la pena. La comida dentro del vuelo es otra cosa.
A las doce de la mañana de mi reloj, dos horas después (jajajaja, es decir, doce horas después de haber despegado de Frankfurt) estamos en Portland Oregon, no confundir con Portland Maine. Una enorme cola en aduanas y la cara de mala ostia del encargado de aduana y su pregunta sobre mis por qué en los USA me amargan el día, pues porque después de doce horas no soportas las preguntas estúpidas de un yanki paranoico que ve terroristas en todos lados. Observa atentamente el pasaporte, mira que vengo de España y torciendo en su boca en una especie de sonrisa dice. Ok boy, you pass, wellcome to USA.
Ahora mismo son las 21:36 de la noche del domingo siguiente, el jet lag pasa factura y hace ya no sé cuantas horas que no duermo.
Les seguiré relatando mis experiencias, no me echen de menos porque ya lo hago yo con ustedes.
Monday, February 26, 2007
Sunday, February 11, 2007
La literatura y un rincón
La literatura, en mi humilde opinión, tiene multitud de formas. Podemos encontrarnosla grandilocuente e impresionante, de bellas formas y perfecto estilo; como cuando nos introducimos en los clásicos y las grandes obras. También está la literatura de esparcimiento, aquella de libros supuestamente menores en calidad y formas, pero que nos entretienen. Por último, está la literatura de rincón, sencilla y directa, sin muchos aspavientos pero jodidamente cercana y real, porque nos habla de la vida, del cambio, de los miedos e ilusiones, de lo difícil que es caminar hacia adelante y hacerlo lo mejor posible.
La literatura de rincón nunca ganará un nobel, jamás tendrá premios o grandes reconocimientos, pero lo que si tiene para el lector atento es un torrente de ganas de escribir y comunicar, de compartir. Y eso, estimados lectores, lo he encontrado muy pocas veces en las otras literaturas.
Sirva este pequeño comentario de homenaje a todos los rincones y sus literaturas de rincón. Y por supuesto a uno en especial, por la dedicación y constancia en mantener bien barrido un rincón que se queda pequeño para todos aquellos que, por lo menos alguna vez al día, decidimos pasarnos por allí y ver que nos cuenta.
La literatura de rincón nunca ganará un nobel, jamás tendrá premios o grandes reconocimientos, pero lo que si tiene para el lector atento es un torrente de ganas de escribir y comunicar, de compartir. Y eso, estimados lectores, lo he encontrado muy pocas veces en las otras literaturas.
Sirva este pequeño comentario de homenaje a todos los rincones y sus literaturas de rincón. Y por supuesto a uno en especial, por la dedicación y constancia en mantener bien barrido un rincón que se queda pequeño para todos aquellos que, por lo menos alguna vez al día, decidimos pasarnos por allí y ver que nos cuenta.
Friday, February 02, 2007
Un lunes de mucho frío
“Un CSMA/CD: la estación escucha mientras transmite”… tendré que ver como arreglo la cita de hoy a la tarde… “…libre, transmite. Si está ocupado espera a libre y transmite. Si detecta colisión, se transmite trama corta de colisión y cesa la transmisión…”. Oye Juan, deberíamos ver como es posible pedir otro aparato de estos a la central sin que los de presupuesto se mareen y tengamos que dar explicaciones, bueno, no más de las justas.
Cogeré la cazadora parece que ahí fuera hace frío. La verdad es que no me enteró mucho, pasarse más de doce horas encerrado en el laboratorio sin ver más luz que la alógena y más vistas que la pantalla parpadeante y los malditos cacharritos todos conectados unos con otros. La verdad es que Julia tiene razón, soy un prisionero de guerra reciclado en técnico de laboratorio informático.
¿Julia?... qué tal estás cielo. Acabo de salir y estoy a punto de entrar en el metro. Supongo que si todo va bien y el trencito no llega tarde estaré ahí dentro de unos veinte minutos. ¿Quieres qué lleve algo? De acuerdo, te quiero, un beso. Y muchas gracias por la cazadora. Es preciosa.
Vaya, que sorpresa. El metro está repleto y el andén parece una verbena. En elecciones y ni siquiera ahora, cuando estos vampiros nos piden el voto solucionan el problema, y Julia esperando, con el frío que hace.
¿Si?, soy yo. Buenas tardes. Dígame. ¡Cómo! Pero si ni puede ser… si… si… hablé con ella hace menos de media hora… pero… pero… pero… un accidente de coche… hielo en la carretera…
Hace media hora que Julia ha muerto. No puedo llorar y no sé por qué. El móvil no para de sonar pero no tengo ganas de contestar a nadie. Tengo mucho frío. Pero desde que salí del metro y volví a la calle no me he movido. No puedo.
A lo lejos parece que alguien busca donde pasar la noche. Con la helada que está cayendo no lo tendrá fácil, yo tampoco. Me parece que está temblando. Por qué narices me estoy fijando en un don nadie. No lo sé. Simplemente tengo la sensación de que algo me invade y me empuja a ir hacia allí.
El pobre viejo está delirando, hablando de no sé que colegio y no sé que hospital. Parece que quiere coger algo con la mano pero no alcanza. ¡Claro!, ¡la manta!, quiere taparse. Sin embargo no creo que con una cosa tan delgada y los cartones sea capaz de pasar la noche. En fin. La vida es así. Hace cuarenta minutos que Julia no está y ahora un viejo vagabundo parece que tampoco tardará mucho en abandonar este juego.
Me quito la cazadora y ayudándole a coger la manta, le abrigo. No sé percata de nada. Mañana despertará y no sabrá como el abrigo habrá llegado hasta él. No sabrá que Julia habrá muerto por culpa del frío y que ella le habrá salvado la vida. Qué curioso. Un muerto le habrá salvado de la muerte.
Cogeré la cazadora parece que ahí fuera hace frío. La verdad es que no me enteró mucho, pasarse más de doce horas encerrado en el laboratorio sin ver más luz que la alógena y más vistas que la pantalla parpadeante y los malditos cacharritos todos conectados unos con otros. La verdad es que Julia tiene razón, soy un prisionero de guerra reciclado en técnico de laboratorio informático.
¿Julia?... qué tal estás cielo. Acabo de salir y estoy a punto de entrar en el metro. Supongo que si todo va bien y el trencito no llega tarde estaré ahí dentro de unos veinte minutos. ¿Quieres qué lleve algo? De acuerdo, te quiero, un beso. Y muchas gracias por la cazadora. Es preciosa.
Vaya, que sorpresa. El metro está repleto y el andén parece una verbena. En elecciones y ni siquiera ahora, cuando estos vampiros nos piden el voto solucionan el problema, y Julia esperando, con el frío que hace.
¿Si?, soy yo. Buenas tardes. Dígame. ¡Cómo! Pero si ni puede ser… si… si… hablé con ella hace menos de media hora… pero… pero… pero… un accidente de coche… hielo en la carretera…
Hace media hora que Julia ha muerto. No puedo llorar y no sé por qué. El móvil no para de sonar pero no tengo ganas de contestar a nadie. Tengo mucho frío. Pero desde que salí del metro y volví a la calle no me he movido. No puedo.
A lo lejos parece que alguien busca donde pasar la noche. Con la helada que está cayendo no lo tendrá fácil, yo tampoco. Me parece que está temblando. Por qué narices me estoy fijando en un don nadie. No lo sé. Simplemente tengo la sensación de que algo me invade y me empuja a ir hacia allí.
El pobre viejo está delirando, hablando de no sé que colegio y no sé que hospital. Parece que quiere coger algo con la mano pero no alcanza. ¡Claro!, ¡la manta!, quiere taparse. Sin embargo no creo que con una cosa tan delgada y los cartones sea capaz de pasar la noche. En fin. La vida es así. Hace cuarenta minutos que Julia no está y ahora un viejo vagabundo parece que tampoco tardará mucho en abandonar este juego.
Me quito la cazadora y ayudándole a coger la manta, le abrigo. No sé percata de nada. Mañana despertará y no sabrá como el abrigo habrá llegado hasta él. No sabrá que Julia habrá muerto por culpa del frío y que ella le habrá salvado la vida. Qué curioso. Un muerto le habrá salvado de la muerte.
Friday, January 26, 2007
Hablando y pensando
Hablando con un amigo ayer sobre lo divido y lo humano (incluso lo mundano), entre risas y bromas, llegué a una conclusión: mi problema no está en la falta de lo uno, sino en la necesidad de lo otro. Y aunque pueda parecer que no cuento nada en esta entrada, no hacen falta más palabras para expresar todo lo que ahora siento dentro.
Simple juego de palabras…. ahora jueguen ustedes.
Simple juego de palabras…. ahora jueguen ustedes.
Sunday, January 21, 2007
Sin inspiración
Cuando las palabras se niegan a ver la luz y el blanco color monopoliza la hoja de papel, la inspiración parece haber abandonado al pobre escritor que desesperado no encuentra nada que contar. Y que cosa más triste. El escritor que no cuenta es el corazón que no late, pues sin letras el escritor no existe, ya que nada justifica entonces su existencia.
Se introduce así en un bucle extraño donde el escritor intenta ser pero no es mientras no escriba y no escribe porque las palabras, que son la sangre del corazón poeta, se niegan a imprimirse en esa maldita superficie que nada vale, pero que vacía incomoda como incomoda todo vacío que nos rodea.
Tengamos condescendencia con ese pobre poeta, que por ser no es ni poeta, porque seco al igual que un árbol en el desierto, su mano no vierte lluvia para germinar las flores de la poesía. Yierma está su hoja, espejo fiel de su alma.
Pero mirad, mirad ahora, mirad como de pronto la pureza se ve rota y las palabras comienzan de nuevo...
Se introduce así en un bucle extraño donde el escritor intenta ser pero no es mientras no escriba y no escribe porque las palabras, que son la sangre del corazón poeta, se niegan a imprimirse en esa maldita superficie que nada vale, pero que vacía incomoda como incomoda todo vacío que nos rodea.
Tengamos condescendencia con ese pobre poeta, que por ser no es ni poeta, porque seco al igual que un árbol en el desierto, su mano no vierte lluvia para germinar las flores de la poesía. Yierma está su hoja, espejo fiel de su alma.
Pero mirad, mirad ahora, mirad como de pronto la pureza se ve rota y las palabras comienzan de nuevo...
Wednesday, January 03, 2007
1 Enero 2007
Son las ocho y veintidós de las mañana. No es que esté completamente borracho, pero digno es reconocer que tampoco estoy sobrio. Me pongo delante del portátil, abro una carpeta y a los pocos segundos ya tengo música. ¿La intención de todo este caos? Averiguar que narices puede salir de mis deditos con unas copitas de más. No es la primera vez que lo hago, así que dejaré desconectado de todo lo poco que queda en mi cerebro racional y dejaré rienda suelta a mi subconsciente. ¿Me acompañan en este viaje sin destino ni itinerario?
Cinco minutos enteros han pasado y lo único que ha pasado es que me he quedado mirando la pantalla del ordenador, embobado y escuchando a Carlos Chaouen.
Era una semilla tan egoísta y engreída que floreció hacia su interior para no compartir con nadie la belleza de su flor.
Un soldado era tan cobarde que murió en su trinchera sin saber que la guerra allá fuera había terminado.
La poesía es el canto desesperado del cobarde que no tiene agallas para decir en voz alta lo que siente, sin embargo es capaz de no dejar nada en su alma cuando adorna palabras en un papel en blanco.
Dice: “recoges aquello que siembras”, debería decir: “siembras lo que puedes y recoges lo que te dejan”.
Felicidades, te has acordado de llamar en fin de año, ahora sólo queda que no pierdas la costumbre el resto del año. Si no es así, no colapses las líneas por compromiso, piensa que puede haber gente que si sienta de verdad felicitar en año nuevo.
Amor es aquel estado de egoísmo supremo donde uno se encuentra tan jodídamente bien con uno mismo, que decide compartirlo con alguien para siempre.
Auditoria de cosas importantes: uno, dos, tres… ¡vaya! Un año más y sigo perdiendo aquello que pensaba que me importaba.
Nobleza, compromiso, lealtad, trabajo, entrega. He aquí unas palabras que muchos visten y pocos practican. Y lo peor de todo es que ni siquiera están de moda.
Mi sobrino lloró en las campanadas. No por el ruido de éstas, sino por la emoción de ver a todos haciendo algo que hasta ahora nunca había visto, desearse unos a otros cosas buenas. Reflexión: qué narices hacemos el resto del año.
Niños que saltan y saltan, que hacen barcos de papel y castillos de arena, que convencen a Papa Noel para que se jubile. Paraguas y bloc de esbozos llenos de palabritas y dibujos. Que buenos troncos de madera para seguir calentando este fuego que tengo dentro.
El beso que no dí, el abrazo que necesitaba y la mano que presté. Verbos al fin y al cabo.
Tengo sueño, me voy a la cama. La cabeza sigue dando vueltas y más vueltas, pero creo que ya he dejado mucha libertad a lo que tengo dentro. Fin del trayecto al abismo de mi subconsciente. Gracias por acompañarme.
Cinco minutos enteros han pasado y lo único que ha pasado es que me he quedado mirando la pantalla del ordenador, embobado y escuchando a Carlos Chaouen.
Era una semilla tan egoísta y engreída que floreció hacia su interior para no compartir con nadie la belleza de su flor.
Un soldado era tan cobarde que murió en su trinchera sin saber que la guerra allá fuera había terminado.
La poesía es el canto desesperado del cobarde que no tiene agallas para decir en voz alta lo que siente, sin embargo es capaz de no dejar nada en su alma cuando adorna palabras en un papel en blanco.
Dice: “recoges aquello que siembras”, debería decir: “siembras lo que puedes y recoges lo que te dejan”.
Felicidades, te has acordado de llamar en fin de año, ahora sólo queda que no pierdas la costumbre el resto del año. Si no es así, no colapses las líneas por compromiso, piensa que puede haber gente que si sienta de verdad felicitar en año nuevo.
Amor es aquel estado de egoísmo supremo donde uno se encuentra tan jodídamente bien con uno mismo, que decide compartirlo con alguien para siempre.
Auditoria de cosas importantes: uno, dos, tres… ¡vaya! Un año más y sigo perdiendo aquello que pensaba que me importaba.
Nobleza, compromiso, lealtad, trabajo, entrega. He aquí unas palabras que muchos visten y pocos practican. Y lo peor de todo es que ni siquiera están de moda.
Mi sobrino lloró en las campanadas. No por el ruido de éstas, sino por la emoción de ver a todos haciendo algo que hasta ahora nunca había visto, desearse unos a otros cosas buenas. Reflexión: qué narices hacemos el resto del año.
Niños que saltan y saltan, que hacen barcos de papel y castillos de arena, que convencen a Papa Noel para que se jubile. Paraguas y bloc de esbozos llenos de palabritas y dibujos. Que buenos troncos de madera para seguir calentando este fuego que tengo dentro.
El beso que no dí, el abrazo que necesitaba y la mano que presté. Verbos al fin y al cabo.
Tengo sueño, me voy a la cama. La cabeza sigue dando vueltas y más vueltas, pero creo que ya he dejado mucha libertad a lo que tengo dentro. Fin del trayecto al abismo de mi subconsciente. Gracias por acompañarme.
Saturday, December 30, 2006
Zapatillas o el relato de cómo se hizo un post
Esta historia está inspirada en una foto. Se trata de un relato ficticio que intenta contarnos el cómo se originó esa entrada. Evidentemente cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
Hacía frío. La gente en la calle caminaba dejando detrás de sí un aliento blanco como si fuesen un tren, esos trenes de película al que todos en nuestra infancia nos hubiese gustado montarnos. E iban cargados estos trenes de carne y hueso de bolsas y bolsas de diferentes colores, tamaños y formas y cargadas de vete a saber qué cosas y para quién. Pero desde luego, algo estaba claro, hacía frío.
En pijama y con una taza de café con leche caliente, miró por última vez a través de la ventana y se dirigió hacía el ordenador, que con su pantalla blanquecina iluminada la habitación a oscuras y dotada a todo el cuarto de un ambiente artificial. En la pantalla del computador una hoja en blanco esperando. Tenía que terminar una entrada para su blog y se sentía trabado, sin ideas. No era la primera vez que tal cosa le ocurría, pero hoy por motivos desconocidos no parecía encontrar la inspiración. Puso música y comenzó a teclear sin leer lo que sus rápidos dedos dictaban. Era la historia de navidad y de un niño. Continuó hasta que parando de golpe, borró todo lo que tenía escrito. Tomó un sorbo de café y se dejó caer en su silla.
Con un giro de 180º y quedando de espaldas a la pantalla se levantó y fue al baño. Se ajustó bien las zapatillas y se levantó, mirando de reojo el ordenador y cogiendo en su mano derecha el café.
En el aseó la bombilla se iluminó. Mientras orinaba divisó una enorme caja llena de zapatos y zapatillas. Ya tenía entrada pensaba mientras se lavaba las manos.
Tenía que preparar el montaje para sacar la foto. Colocó el calzado en el suelo y probando la mejor toma zas. Una foto y una entrada nueva para el blog. Sin embargo, mientras la página de Internet le decía que la subida del post se había completado correctamente, él seguía mirando atentamente ese conjunto de zapatillas y zapatos. Pasó el tiempo, tic-tac, tic-tac, tic-tac.... y la música de fondo.
Se levantó de golpe, se quitó el pijama y se dirigió hacia el armario donde cogió lo primero que encontró. Vio su cuerpo desnudo en el espejo, vio sus ojos reflejados y se vistió. Se acercó al montón de zapatillas y zapatos, cogió un par de las primeras, se calzó y dando el último trago al café con leche salió de casa...
Hacía frío. La gente en la calle caminaba dejando detrás de sí un aliento blanco como si fuesen un tren, esos trenes de película al que todos en nuestra infancia nos hubiese gustado montarnos. E iban cargados estos trenes de carne y hueso de bolsas y bolsas de diferentes colores, tamaños y formas y cargadas de vete a saber qué cosas y para quién. Pero desde luego, algo estaba claro, hacía frío.
En pijama y con una taza de café con leche caliente, miró por última vez a través de la ventana y se dirigió hacía el ordenador, que con su pantalla blanquecina iluminada la habitación a oscuras y dotada a todo el cuarto de un ambiente artificial. En la pantalla del computador una hoja en blanco esperando. Tenía que terminar una entrada para su blog y se sentía trabado, sin ideas. No era la primera vez que tal cosa le ocurría, pero hoy por motivos desconocidos no parecía encontrar la inspiración. Puso música y comenzó a teclear sin leer lo que sus rápidos dedos dictaban. Era la historia de navidad y de un niño. Continuó hasta que parando de golpe, borró todo lo que tenía escrito. Tomó un sorbo de café y se dejó caer en su silla.
Con un giro de 180º y quedando de espaldas a la pantalla se levantó y fue al baño. Se ajustó bien las zapatillas y se levantó, mirando de reojo el ordenador y cogiendo en su mano derecha el café.
En el aseó la bombilla se iluminó. Mientras orinaba divisó una enorme caja llena de zapatos y zapatillas. Ya tenía entrada pensaba mientras se lavaba las manos.
Tenía que preparar el montaje para sacar la foto. Colocó el calzado en el suelo y probando la mejor toma zas. Una foto y una entrada nueva para el blog. Sin embargo, mientras la página de Internet le decía que la subida del post se había completado correctamente, él seguía mirando atentamente ese conjunto de zapatillas y zapatos. Pasó el tiempo, tic-tac, tic-tac, tic-tac.... y la música de fondo.
Se levantó de golpe, se quitó el pijama y se dirigió hacia el armario donde cogió lo primero que encontró. Vio su cuerpo desnudo en el espejo, vio sus ojos reflejados y se vistió. Se acercó al montón de zapatillas y zapatos, cogió un par de las primeras, se calzó y dando el último trago al café con leche salió de casa...
Wednesday, December 13, 2006
A quién buen árbol se arrima….
No sé si alguna vez les han dicho que no todas las personas son trigo limpio. Lamentablemente eso es cierto, porque por mucho que uno quiera ponerse la venda de la bondad absoluta, mas bien ingenuidad extrema, y ver a todas las personas que nos rodean como excelentes seres humanos llenos de virtud y dignidad, la realidad es muy diferente. Si amigos, no todas esos seres que nos circundan tienen cosas buenas.
Por eso les recomiendo, si es que me permiten tan osadía, que sean tremendamente egoístas a la hora de rodearse de personas. Y aunque miles de veces hayan oído que no es bueno pedir nada a cambio, que hay que dar para recibir o que la amistad se basa en algo más que una relación de toma y daca; eso es falso. Uno tiene que conseguir, por salud y bienestar propio, de gente que le aporte algo nuevo y valioso, de personas de las cuales, aunque no aprendamos siempre, nos enseñen cosas antes desconocidas y nos descubran aquello que antes no sabíamos.
Pero no sólo en el terreno más meramente intelectual, como quizás se puede entender la lista anterior. Es necesario rodearse de gente que nos transmita vitalidad, ganas de vivir, sentimientos, si han leído bien, sentimientos ahora que estos parece que nadie valora correctamente, pero no solamente sentimientos, sino también valores y creencias que nos motiven a ser mejores personas. Más de uno, bueno, principalmente uno me dirá que eso debe buscarlo la persona de manera personal, sin necesitar de nadie más, y aunque es cierto, ¿no es una pretensión de soberbia y falta de modestia decir que no necesitamos de nadie para que nos enseñe cosas nuevas, nos motive?
Si amigos, rodéense de ese tipo de personitas que les hacen sentir bien, no se preocupen por ser egoístas. De esa gente que disfruta con su compañía, que mantienen una charla amena, que les oyen, que aunque parezca mentira sin saber muy bien por qué siguen ahí año tras año a pesar de los altibajos.
Mi filosofía siempre ha sido rodearme de los mejores o de aquellos a los que creo mejor que yo. Puedo decir bien alto que todas las personas que de verdad me importan y rodean tienen muchísimas más virtudes y bondades que yo, que de ellas aprendo cosas que por mí sólo jamás conseguiría alcanzar y que me motivan a ser mejor cada día porque ellos lo son también. Por eso a todos ellos, los pocos, los elegidos y elegidas, gracias por todo lo que me enseñan.
Por eso les recomiendo, si es que me permiten tan osadía, que sean tremendamente egoístas a la hora de rodearse de personas. Y aunque miles de veces hayan oído que no es bueno pedir nada a cambio, que hay que dar para recibir o que la amistad se basa en algo más que una relación de toma y daca; eso es falso. Uno tiene que conseguir, por salud y bienestar propio, de gente que le aporte algo nuevo y valioso, de personas de las cuales, aunque no aprendamos siempre, nos enseñen cosas antes desconocidas y nos descubran aquello que antes no sabíamos.
Pero no sólo en el terreno más meramente intelectual, como quizás se puede entender la lista anterior. Es necesario rodearse de gente que nos transmita vitalidad, ganas de vivir, sentimientos, si han leído bien, sentimientos ahora que estos parece que nadie valora correctamente, pero no solamente sentimientos, sino también valores y creencias que nos motiven a ser mejores personas. Más de uno, bueno, principalmente uno me dirá que eso debe buscarlo la persona de manera personal, sin necesitar de nadie más, y aunque es cierto, ¿no es una pretensión de soberbia y falta de modestia decir que no necesitamos de nadie para que nos enseñe cosas nuevas, nos motive?
Si amigos, rodéense de ese tipo de personitas que les hacen sentir bien, no se preocupen por ser egoístas. De esa gente que disfruta con su compañía, que mantienen una charla amena, que les oyen, que aunque parezca mentira sin saber muy bien por qué siguen ahí año tras año a pesar de los altibajos.
Mi filosofía siempre ha sido rodearme de los mejores o de aquellos a los que creo mejor que yo. Puedo decir bien alto que todas las personas que de verdad me importan y rodean tienen muchísimas más virtudes y bondades que yo, que de ellas aprendo cosas que por mí sólo jamás conseguiría alcanzar y que me motivan a ser mejor cada día porque ellos lo son también. Por eso a todos ellos, los pocos, los elegidos y elegidas, gracias por todo lo que me enseñan.
Tuesday, December 05, 2006
Orgullo y satisfacción
satisfacción.
(Del lat. satisfactĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de satisfacer o satisfacerse.
2. f. Razón, acción o modo con que se sosiega y responde enteramente a una queja, sentimiento o razón contraria.
3. f. Presunción, vanagloria. Tener mucha satisfacción de sí mismo.
4. f. Confianza o seguridad del ánimo.
5. f. Cumplimiento del deseo o del gusto.
6. f. Una de las tres partes del sacramento de la penitencia, que consiste en pagar con obras de penitencia la pena debida por las culpas cometidas.
orgullo.
(Del cat. orgull).
1. m. Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas.
Suele decir cierta persona regia en estas épocas que se acercan tan navideñas eso de "me llena de orgullo y satisfacción...". Pues yo también hoy quiero decir esas dos palabritas bien alto y bien claras. Me siento ORGULLOSO Y SATISFECHO, y mucho. Les cuento el porque.
Tengo dos amigos que mira por donde comparten nombre: David. El primero regenta cierto rincón y acaba de aprobar su proyecto con Matrícula de Honor. El segundo es de Coruña y compañero mío de facultad que acaba de aprobar unas oposiciones al INE, es decir, tiene ya trabajo de por vida.
Sirva este post de regalo y reconocimiento de este humilde intento de escritor para ambos. El primero por demostrar que el trabajo, el esfuerzo, la dedicación constate, la profesionalidad y esa cosita que tienen algunos por lo bien hecho tiene recompensa, y vaya recompensa. En dos palabras. Muy bien campeón, con dos huevos si señor. Me siento orgulloso y satisfecho.
Al segundo, por luchar contra viento y marea, por no dejarse vencer por los dimes y diretes que le aconsejaban todo lo contrario, por los que no creían en él y demostrar que lo importante es tener un sueño e ir a por él.En dos palabras. Muy bien campeón, con dos huevos si señor. Me siento orgulloso y satisfecho.
Hace cinco días me hacía feliz el futuro funcionario y ayer el peazo de ingeniero en informática. A los dos mis mejores deseos, sólo espero que sigan dejándome disfrutar a su lado todos estos magníficos momentos.
(Del lat. satisfactĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de satisfacer o satisfacerse.
2. f. Razón, acción o modo con que se sosiega y responde enteramente a una queja, sentimiento o razón contraria.
3. f. Presunción, vanagloria. Tener mucha satisfacción de sí mismo.
4. f. Confianza o seguridad del ánimo.
5. f. Cumplimiento del deseo o del gusto.
6. f. Una de las tres partes del sacramento de la penitencia, que consiste en pagar con obras de penitencia la pena debida por las culpas cometidas.
orgullo.
(Del cat. orgull).
1. m. Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas.
Suele decir cierta persona regia en estas épocas que se acercan tan navideñas eso de "me llena de orgullo y satisfacción...". Pues yo también hoy quiero decir esas dos palabritas bien alto y bien claras. Me siento ORGULLOSO Y SATISFECHO, y mucho. Les cuento el porque.
Tengo dos amigos que mira por donde comparten nombre: David. El primero regenta cierto rincón y acaba de aprobar su proyecto con Matrícula de Honor. El segundo es de Coruña y compañero mío de facultad que acaba de aprobar unas oposiciones al INE, es decir, tiene ya trabajo de por vida.
Sirva este post de regalo y reconocimiento de este humilde intento de escritor para ambos. El primero por demostrar que el trabajo, el esfuerzo, la dedicación constate, la profesionalidad y esa cosita que tienen algunos por lo bien hecho tiene recompensa, y vaya recompensa. En dos palabras. Muy bien campeón, con dos huevos si señor. Me siento orgulloso y satisfecho.
Al segundo, por luchar contra viento y marea, por no dejarse vencer por los dimes y diretes que le aconsejaban todo lo contrario, por los que no creían en él y demostrar que lo importante es tener un sueño e ir a por él.En dos palabras. Muy bien campeón, con dos huevos si señor. Me siento orgulloso y satisfecho.
Hace cinco días me hacía feliz el futuro funcionario y ayer el peazo de ingeniero en informática. A los dos mis mejores deseos, sólo espero que sigan dejándome disfrutar a su lado todos estos magníficos momentos.
Monday, December 04, 2006
Te echo de menos
Un jardín de hojas cubre las calles. El viento las mueve a su antojo aquí y allá. Los árboles poco a poco comienzan a desnudarse, bonita ironía ahora que poco a poco el frío se instala en nuestros cuerpos. Gotitas de lluvia contra el cristal.
Mi mirada perdida a lo lejos, muy cerca de la ventana, intentando no perder de vista los últimos rayos de sol del día. Un café en la taza inundado de olor amargo la habitación, compitiendo por el espacio contra una sinfonía de piano y sus melancólicas notas. Las gotitas siguen lanzándose contra el cristal en su vano intento por mojarme.
Te echo de menos. Pocas palabras. Para qué usar más, para qué escribir miles de pensamientos agolpados incesantemente en mi cabeza, si con esas tristes y solitarias palabritas puedo decir todo lo que quiero: te echo de menos.
Qué más da que lo supiésemos. Ser consciente de un dolor no mitiga su efecto ni aligera su carga. Los dos sabíamos que la distancia era muy larga pero algo muy infantil nos llevaba a mantener a la más infiel e inestable de las mentiras: la esperanza.
Ahora podría decirme que echo de menos tus labios y tu cuerpo. Que añoro el olor de tu cabello y me siento vacío sin tus manos. Que anhelo tu compañía y extraño el calor de tu sexo. Que me pierdo los fines de semana sin tu sonrisa y me encierro dentro de mi alma al no ver tus ojos negros. Podría decírmelo, pero no me lo digo, no, me lo clavo en fuego al no poder olvidar que te echo de menos.
Por qué nos engañamos de esa manera al jurarnos que los caminos entre los dos no nos distanciarían a pesar de la distancia de nuestros cuerpos. Caímos en la dulce morfina de la vaga esperanza de los que saben que van a perder todo lo que tienen, pero aún así, esa noche me confesaste con tus lindos ojos que no sería así, y yo, como un drogadicto necesitado de sus dosis, tomé la metadona de tus labios sin pensar, iluso, el mono que ahora tengo de ti.
Sin embargo, a pesar de los meses pasados, me mantuve firme en mi compromiso. Fiel. Vaya palabrita más ridícula. Pocos saben lo que significa y menos aún los que la llevan a la práctica. Por qué te digo todo esto, ahora que te echo de menos. Porque el viento, mientras arrastraba a su antojo hojas amarillas y marrones, mientras dejaba desnudo el tronco de los árboles me susurró aquello que no quería oír. El castillo de naipes se desmoronó. La esperanza se perdió.
Los dos sabíamos que era mucho tiempo, que mayor aún era la distancia que nos separaba, pero yo, tonto de mí, volaba cada noche a tu lado. No necesitaba de aviones o aves que me transportasen, me sobraba con pensar en tu cabello y tus suaves manos, en el dulce tacto de tus labios y la alegre sonrisa de tu boca.
No importan las causas ni el por qué. Lo hecho hecho está. Ahora ya no podré volar más a tu lado. No te culpo, has buscado cerca aquello que tenías lejos. Sin embargo dime como has logrado librarte de este sentimiento que yo tengo, cómo has conseguido enterrar la sangre que ahora corre por mis venas clamando al unísono un grito al viento: esa estúpida frase de que te echo de menos.
Mi mirada perdida a lo lejos, muy cerca de la ventana, intentando no perder de vista los últimos rayos de sol del día. Un café en la taza inundado de olor amargo la habitación, compitiendo por el espacio contra una sinfonía de piano y sus melancólicas notas. Las gotitas siguen lanzándose contra el cristal en su vano intento por mojarme.
Te echo de menos. Pocas palabras. Para qué usar más, para qué escribir miles de pensamientos agolpados incesantemente en mi cabeza, si con esas tristes y solitarias palabritas puedo decir todo lo que quiero: te echo de menos.
Qué más da que lo supiésemos. Ser consciente de un dolor no mitiga su efecto ni aligera su carga. Los dos sabíamos que la distancia era muy larga pero algo muy infantil nos llevaba a mantener a la más infiel e inestable de las mentiras: la esperanza.
Ahora podría decirme que echo de menos tus labios y tu cuerpo. Que añoro el olor de tu cabello y me siento vacío sin tus manos. Que anhelo tu compañía y extraño el calor de tu sexo. Que me pierdo los fines de semana sin tu sonrisa y me encierro dentro de mi alma al no ver tus ojos negros. Podría decírmelo, pero no me lo digo, no, me lo clavo en fuego al no poder olvidar que te echo de menos.
Por qué nos engañamos de esa manera al jurarnos que los caminos entre los dos no nos distanciarían a pesar de la distancia de nuestros cuerpos. Caímos en la dulce morfina de la vaga esperanza de los que saben que van a perder todo lo que tienen, pero aún así, esa noche me confesaste con tus lindos ojos que no sería así, y yo, como un drogadicto necesitado de sus dosis, tomé la metadona de tus labios sin pensar, iluso, el mono que ahora tengo de ti.
Sin embargo, a pesar de los meses pasados, me mantuve firme en mi compromiso. Fiel. Vaya palabrita más ridícula. Pocos saben lo que significa y menos aún los que la llevan a la práctica. Por qué te digo todo esto, ahora que te echo de menos. Porque el viento, mientras arrastraba a su antojo hojas amarillas y marrones, mientras dejaba desnudo el tronco de los árboles me susurró aquello que no quería oír. El castillo de naipes se desmoronó. La esperanza se perdió.
Los dos sabíamos que era mucho tiempo, que mayor aún era la distancia que nos separaba, pero yo, tonto de mí, volaba cada noche a tu lado. No necesitaba de aviones o aves que me transportasen, me sobraba con pensar en tu cabello y tus suaves manos, en el dulce tacto de tus labios y la alegre sonrisa de tu boca.
No importan las causas ni el por qué. Lo hecho hecho está. Ahora ya no podré volar más a tu lado. No te culpo, has buscado cerca aquello que tenías lejos. Sin embargo dime como has logrado librarte de este sentimiento que yo tengo, cómo has conseguido enterrar la sangre que ahora corre por mis venas clamando al unísono un grito al viento: esa estúpida frase de que te echo de menos.
Tuesday, November 28, 2006
Otro poema para seguir jugando
Como mis queridos lectores, sobre todo uno, han decidido dejarme sin una entrada donde tenía pensado traducir un poema escrito en alemán. Aquí les dejo uno escrito en lengua andina para retarles haber si encuentran su traducción (por favor, no usen google.)
mawa llamina kawchiri chanqa
wyañuy wañu chikuypi
hathun tayta pachacamac
p'aqo apasanka
apukuwa wan tiraj chanqa
hiway
¿maypinchay sañu wat'ejqa
wiñay kawsay chikarichipuxta
mawa llamina kawchiri chanqa
wyañuy wañu chikuypi
hathun tayta pachacamac
p'aqo apasanka
apukuwa wan tiraj chanqa
hiway
¿maypinchay sañu wat'ejqa
wiñay kawsay chikarichipuxta
CUMPLEAÑOS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Pues sí, hoy, oficialmente a las tres de la madrugada tengo ya 27 preciosos y muy bien llevados añitos. Para que decir más.
P.D.: Gracias a los que me han felicitado ya en el anterior post. Son ustedes unas joyas sin precio. Un abrazo para David y Rocío.
P.D.: Gracias a los que me han felicitado ya en el anterior post. Son ustedes unas joyas sin precio. Un abrazo para David y Rocío.
Monday, November 27, 2006
Un añito más pal saco....
Pues si señores, 27 añitos hace ya que el aquí presente anda suelto por los mundos de dios (ahorrarse comentarios sarcásticos referentes a la edad, por favor). Ahora que el 2 se va y el 3 se acerca, para que vamos a negarlo, la sensación de que uno es joven pero ojo, (y esto va a por ti, si, que tienes cierta tendencia a llamarme abuelo o cosas peores), no es sinónimo de ser viejo o mayor. Me siento muy joven y con ganas de seguir aprendiendo y experimentando cosas nuevas, al igual que le ocurre a todo adolescente que aún no ha recibido las suficientes galletas de la vida para que cambie su actitud fardona y retadora. Algunos no escarmentamos nunca.
27 años que, independientemente de ser valorados como muchos o como pocos, para mí han sido maravillosos, donde he vivido decenas de experiencias buenas y malas, donde he conocido a gente increíble y estupenda que sigue a mi lado después de tanto tiempo y otras que han desaparecido, unas haciendo más ruido que otras.
Por eso, ahora que estoy de cumpleaños quiero agradecer a todos los que después de tanto tiempo siguen ahí, no importa el medio ni el cómo, la compañía y la amistada dada, no voy a decir sin nada a cambio, porque la amistad necesita ser trabajada día a día, segundo a segundo. Y si siguen ahí, es porque mi trabajo da sus frutos y ustedes, mis amigos y lectores, consideran que merezco recoger los beneficios de mi tarea.
Para todos ustedes, para todos vosotros: un brindis virtual y un trozo de tarta, espero que dentro de otros 27 años, podamos seguir celebrando no sólo mi cumpleaños, sino también los suyos.
27 años que, independientemente de ser valorados como muchos o como pocos, para mí han sido maravillosos, donde he vivido decenas de experiencias buenas y malas, donde he conocido a gente increíble y estupenda que sigue a mi lado después de tanto tiempo y otras que han desaparecido, unas haciendo más ruido que otras.
Por eso, ahora que estoy de cumpleaños quiero agradecer a todos los que después de tanto tiempo siguen ahí, no importa el medio ni el cómo, la compañía y la amistada dada, no voy a decir sin nada a cambio, porque la amistad necesita ser trabajada día a día, segundo a segundo. Y si siguen ahí, es porque mi trabajo da sus frutos y ustedes, mis amigos y lectores, consideran que merezco recoger los beneficios de mi tarea.
Para todos ustedes, para todos vosotros: un brindis virtual y un trozo de tarta, espero que dentro de otros 27 años, podamos seguir celebrando no sólo mi cumpleaños, sino también los suyos.
Tuesday, November 21, 2006
En alemán
Conozco un Oso con gran interés por los idiomas. Por eso, ahora que me ha dicho que asiste a clases de alemán, dejo aquí uno de los pocos poemas que tengo en mi cuaderno azul escritos en la lengua de Goethe y que asi vaya entrenándose.
Dankesschuld (50 Jahre nach der Machteinsetzung Hitlers)
Viel zu gewohnt / uns vor Entrüstung zu schütteln / über die Verbrechen / der Hakenkreuzzeit // vergessen wir / unseren Vorgängern doch ein wenig / dankbar zu sein / dafür daß uns ihre Taten // immer noch helfen könnten / die ungleich größere Untat / die wir heute vorbereiten / rechtzeitig zu erkennen
P.D.: Un día de estos la traducción. Por cierto, resulta divertida la entrada que la RAE trae al rspecto de lo que es un oso. Espero que nadie se sienta aludido a todas las características que los académicos parecen atribuírle a este plantígrado.
Dankesschuld (50 Jahre nach der Machteinsetzung Hitlers)
Viel zu gewohnt / uns vor Entrüstung zu schütteln / über die Verbrechen / der Hakenkreuzzeit // vergessen wir / unseren Vorgängern doch ein wenig / dankbar zu sein / dafür daß uns ihre Taten // immer noch helfen könnten / die ungleich größere Untat / die wir heute vorbereiten / rechtzeitig zu erkennen
P.D.: Un día de estos la traducción. Por cierto, resulta divertida la entrada que la RAE trae al rspecto de lo que es un oso. Espero que nadie se sienta aludido a todas las características que los académicos parecen atribuírle a este plantígrado.
Monday, November 20, 2006
Lavado de cara
Los blog al igual que todas las cosas necesitan un lavado de cara e imagen para no aburrir y pasar inadvertidos. Me resistía a cambiar el aspecto de este blog porque tengo una relación con este espacio muy especial, algo que no puedo describir muy bien pero que seguro que todos los que escriben sus respectivos rincones saben a lo que me refiero.
Post it a cambiado de cara porque el autor ha cambiado también, o por lo menos lo siente así. Lo que no se ha modificado es la filosofía del blog, ni tampoco la alegría que me supone cada vez que entro a él y encuentro nuevos post it escritos por mis escasos pero excelentes lectores. Seguiría escribiendo aunque ustedes no me leyesen, pero saber que ustedes están ahi es una droga que estimula para hacerlo cada vez mejor. Gracias.
Post it a cambiado de cara porque el autor ha cambiado también, o por lo menos lo siente así. Lo que no se ha modificado es la filosofía del blog, ni tampoco la alegría que me supone cada vez que entro a él y encuentro nuevos post it escritos por mis escasos pero excelentes lectores. Seguiría escribiendo aunque ustedes no me leyesen, pero saber que ustedes están ahi es una droga que estimula para hacerlo cada vez mejor. Gracias.
Sunday, November 05, 2006
Sentir
Seguro que lo han sentido alguna vez, esa quemazón, esa desazón intranquila que les duele muy dentro del cuerpo. Una punzada clavada que les impide pensar claramente en otra cosa que no sea ese objeto de deseo y sufrimiento. ¿Quién no lo ha sentido alguna vez?
El levantar la vista y ver esos ojos que uno ansía en todo momento lejos y cercanos a la vez, los zafiros brillantes de una cara dulce que nos sonríe abiertamente, mientras sonrojados apartamos la mirada cuando nos vemos descubiertos.
Recordar cada día un gesto, un simple roce fortuito, una palabra, cualquier cosa que nos haga especiales, elegidos, únicos, que confirme nuestros más profundos sueños y deseos. Si, es suficiente un simple gesto para que nuestra alma ansiosa se vea colmada por unos momentos de paz, para al instante volver a desear más, cada día un poco más, cual drogadicto con síndrome de abstinencia.
Noches enteras en vela con la mirada perdida en una esperanza falsa de compromiso y aceptación, de melancolía desenfrenada pensando. Decenas de cartas y hojas escritas escondidas bajo llave en cajón, signo de la cobardía y el miedo al rechazo, al más duro de los fracasos y el más desalentador de los dolores. Canciones sonando en todo momento, ocultado un silencio tenebroso, llenando el vacío de una voz que nos falta, que sentimos lejos y queremos a nuestro lado. Letras de esperanza y dolor que se entremezclan, que nos dicen lo que queremos oír.
Esa punzada cada vez más honda y fuerte en nuestro corazón, el deseo cada vez más imperioso de estar más tiempo a su lado, el continuo teatro de mentiras y engaños para ocultar lo que nuestro ser quiere besar. El querer tocar el cielo y no llegar más allá de un palmo del maldito suelo, el intentar besar esos labios tan carnosos y rojos que se fijan como un tatuaje de fuego en la retina de nuestros ojos. La desesperanza continua de la esperanza futura, de la realidad siempre soñada, del beso nunca logrado, de la caricia perdida una noche de fiesta.
Perdidos en una soledad ruidosa de gente que nos rodea, los solitarios que beben buscando valentía, refugio, olvido. Y a nuestro lado una figura que nos maltrata y nos llena por igual, el dulce cuerpo del deseo que anhelamos y nos castiga por no poder poseerlo.
Quién no lo ha sentido alguna vez…
El levantar la vista y ver esos ojos que uno ansía en todo momento lejos y cercanos a la vez, los zafiros brillantes de una cara dulce que nos sonríe abiertamente, mientras sonrojados apartamos la mirada cuando nos vemos descubiertos.
Recordar cada día un gesto, un simple roce fortuito, una palabra, cualquier cosa que nos haga especiales, elegidos, únicos, que confirme nuestros más profundos sueños y deseos. Si, es suficiente un simple gesto para que nuestra alma ansiosa se vea colmada por unos momentos de paz, para al instante volver a desear más, cada día un poco más, cual drogadicto con síndrome de abstinencia.
Noches enteras en vela con la mirada perdida en una esperanza falsa de compromiso y aceptación, de melancolía desenfrenada pensando. Decenas de cartas y hojas escritas escondidas bajo llave en cajón, signo de la cobardía y el miedo al rechazo, al más duro de los fracasos y el más desalentador de los dolores. Canciones sonando en todo momento, ocultado un silencio tenebroso, llenando el vacío de una voz que nos falta, que sentimos lejos y queremos a nuestro lado. Letras de esperanza y dolor que se entremezclan, que nos dicen lo que queremos oír.
Esa punzada cada vez más honda y fuerte en nuestro corazón, el deseo cada vez más imperioso de estar más tiempo a su lado, el continuo teatro de mentiras y engaños para ocultar lo que nuestro ser quiere besar. El querer tocar el cielo y no llegar más allá de un palmo del maldito suelo, el intentar besar esos labios tan carnosos y rojos que se fijan como un tatuaje de fuego en la retina de nuestros ojos. La desesperanza continua de la esperanza futura, de la realidad siempre soñada, del beso nunca logrado, de la caricia perdida una noche de fiesta.
Perdidos en una soledad ruidosa de gente que nos rodea, los solitarios que beben buscando valentía, refugio, olvido. Y a nuestro lado una figura que nos maltrata y nos llena por igual, el dulce cuerpo del deseo que anhelamos y nos castiga por no poder poseerlo.
Quién no lo ha sentido alguna vez…
El otoño
La ventana se llena de gotitas de agua pequeñitas, gotas de lluvia descarriadas en su caminar hacia el suelo que se pierden por un momento delante mía. El frío se asoma a lo lejos, desafiante y altivo, amenazando con su gélido tacto todo aquello que se atreva a entrometerse en su avance. Las hojas se desmoronan desde las alturas en un vuelo lento y gracioso, llevadas por un viento que las mece y las transporta al mismo tiempo.
Los días han perdido luz y han ganado marrones y ocres, tonalidades de tierra y agua, colores que transmiten la tranquilidad después de la explosión del verano. Es momento de pasear en alfombras de hojas marchitas y sentir las primeras notas de frío, jugar con el vaho al respirar, pisar los charcos del camino como niños, tomar café leyendo poemas y viendo correr sombras por culpa de la lluvia.
El otoño ha llegado…
Los días han perdido luz y han ganado marrones y ocres, tonalidades de tierra y agua, colores que transmiten la tranquilidad después de la explosión del verano. Es momento de pasear en alfombras de hojas marchitas y sentir las primeras notas de frío, jugar con el vaho al respirar, pisar los charcos del camino como niños, tomar café leyendo poemas y viendo correr sombras por culpa de la lluvia.
El otoño ha llegado…
Friday, October 27, 2006
La habitación de llorar
Regreso a mi blog después de un tiempo de descanso auto-impuesto por una necesidad interna de pensar y guardarme ciertas cosas y mi adaptación a lo que es mi nueva casa, Madrid.
La adaptación de momento está en ciernes, pues es demasiado pronto para hacer una evaluación sobre lo bien o lo mal que puede tratarme esta ciudad, de la cual se oyen miles de dimes y diretes increíblemente buenas y malas. Confieso que estoy asombrado y maravillado de las miles de cosas nuevas que se muestran a mis ojos y que ansioso deseo conocer y descubrir (esta ciudad para un sociólogo es un tesoro y gratis).
El pensar y guardar mis pensamientos es una etapa que sufro de vez en cuando, que me permite reflexionar en voz baja, tranquila e íntima sobre los temas y problemas que me interesan y preocupan, con el sosiego y la paz que supone no tener que dar explicaciones a nadie sobre por qué martirizo mis neuronas con esos pensamientos, y sobre todo, sin tener que preocupar a la gente que me rodea con ellos.
No voy a decirles sobre lo que he pensado en este período de tiempo, pero si quiero compartir con todos aquellos que me leen la conclusión a la que llegué. No se trata de una gran frase con profundidad filosófica o vitalista, ni guarda una gran sabiduría que guíe nuestra vida y aporte las respuestas a las preguntas que el camino nos lanza en todo momento. Simplemente se trata de la habitación para llorar, y antes de prejuzgarme sigan leyendo, denme una oportunidad antes de tacharme de amargado y melancólico.
La habitación de llorar se trata al fin y al cabo de una actitud, una forma de ser respetable pero nada afortunada. Ese cuarto de lágrimas al que me refiero, es si queremos verlo así, como el espacio íntimo e invisible al que recurrimos cuando los problemas de la realidad nos desbordan y nada parece mostrarse claro. En ella obtenemos el silencio, la paz, la tranquilidad e incluso puede, que el sosiego que se busca cuando vivimos una mala situación; incluso puede que recibamos alguna visita de alguien importante para nosotros que nos de aliento y ánimos. ¿Que bonito lugar es la habitación de llorara verdad?, pues no. Es una mierda. La peor decisión que uno puede tomar, diría más, es la opción del cobarde. Siento ser tan duro, sobre todo para aquellos que recurren constantemente a ese rincón, pero es una realidad.
Las cuatro paredes de la amargura no sirven de nada porque, amigos míos, cuando uno se harta de llorar y decide volver a salir de él, se da cuenta de una trágica realidad: los problemas siguen ahí y no se han solucionado. ¿Qué hacemos entonces, volvemos a la habitación a lagrimar de nuevo? Seguro que muchos habrán ya pensado que volver significa que cuando volvamos a salir, las cosas seguirán sin resolverse.
Así que frente al rincón triste de las lágrimas sólo nos queda una cosa, el hacer algo, así de simple. Ante una actitud pasiva se nos impone la necesidad de ser activos, de sacar fuerzas de flaqueza y mirar los problemas cara a cara y buscarles una respuesta. Claro que no es el camino fácil, todo lo contrario, es el más largo, duro y difícil de todos, e incluso por si todo lo anterior no fuese suficiente, tenemos que sumar el dato de que muchas veces nos partimos el cuerpo y el alma buscando soluciones y nos damos cuenta de que no hay nada que hacer. Pero ahí radica la grandeza de esta otra forma de ser, de vivir.
Cuando uno toma la actitud de actuar, aunque se fracase o no se obtengan los resultados esperados, sabremos que hemos puesto de nuestra parte toda la carne en el asador, somos conscientes de que las palabras miedo, pereza, pasividad, cobardía no nos definen, que no van con nosotros. Nos queda el orgullo de habernos estrellado contra el muro con toda la fuerza, y no quedarnos encerrados sin hacer nada y acabar estrellados más tarde, porque eso sí, el muro no va a desaparecer por mucho que intentemos derribarlo a base de lágrimas.
Para terminar, me permito la desfachatez y la osadía de darles un consejo: si conocen a una persona de esas que no se esconde en la habitación de llorar, no la dejen escapar, cuídenla y mantengan contacto con ella en todo momento, cueste lo que les cueste, pero sobre todo, aprendan de ella todo lo que puedan y escuchen muy atentamente lo que les dice, no la martiricen siempre con sus problemas y abran sus mentes y cállense un momento, verán que sin darse cuenta, ellos mismos le están dando la solución a sus problemas, pero únicamente están esperando que sean ustedes los que se decidan hacerlo, es decir, a que sean ustedes los que se levanten e inicien el camino difícil que ellos ya están recorriendo; no podemos ser tan malos y pedirles que también nos guíen a nosotros.
La adaptación de momento está en ciernes, pues es demasiado pronto para hacer una evaluación sobre lo bien o lo mal que puede tratarme esta ciudad, de la cual se oyen miles de dimes y diretes increíblemente buenas y malas. Confieso que estoy asombrado y maravillado de las miles de cosas nuevas que se muestran a mis ojos y que ansioso deseo conocer y descubrir (esta ciudad para un sociólogo es un tesoro y gratis).
El pensar y guardar mis pensamientos es una etapa que sufro de vez en cuando, que me permite reflexionar en voz baja, tranquila e íntima sobre los temas y problemas que me interesan y preocupan, con el sosiego y la paz que supone no tener que dar explicaciones a nadie sobre por qué martirizo mis neuronas con esos pensamientos, y sobre todo, sin tener que preocupar a la gente que me rodea con ellos.
No voy a decirles sobre lo que he pensado en este período de tiempo, pero si quiero compartir con todos aquellos que me leen la conclusión a la que llegué. No se trata de una gran frase con profundidad filosófica o vitalista, ni guarda una gran sabiduría que guíe nuestra vida y aporte las respuestas a las preguntas que el camino nos lanza en todo momento. Simplemente se trata de la habitación para llorar, y antes de prejuzgarme sigan leyendo, denme una oportunidad antes de tacharme de amargado y melancólico.
La habitación de llorar se trata al fin y al cabo de una actitud, una forma de ser respetable pero nada afortunada. Ese cuarto de lágrimas al que me refiero, es si queremos verlo así, como el espacio íntimo e invisible al que recurrimos cuando los problemas de la realidad nos desbordan y nada parece mostrarse claro. En ella obtenemos el silencio, la paz, la tranquilidad e incluso puede, que el sosiego que se busca cuando vivimos una mala situación; incluso puede que recibamos alguna visita de alguien importante para nosotros que nos de aliento y ánimos. ¿Que bonito lugar es la habitación de llorara verdad?, pues no. Es una mierda. La peor decisión que uno puede tomar, diría más, es la opción del cobarde. Siento ser tan duro, sobre todo para aquellos que recurren constantemente a ese rincón, pero es una realidad.
Las cuatro paredes de la amargura no sirven de nada porque, amigos míos, cuando uno se harta de llorar y decide volver a salir de él, se da cuenta de una trágica realidad: los problemas siguen ahí y no se han solucionado. ¿Qué hacemos entonces, volvemos a la habitación a lagrimar de nuevo? Seguro que muchos habrán ya pensado que volver significa que cuando volvamos a salir, las cosas seguirán sin resolverse.
Así que frente al rincón triste de las lágrimas sólo nos queda una cosa, el hacer algo, así de simple. Ante una actitud pasiva se nos impone la necesidad de ser activos, de sacar fuerzas de flaqueza y mirar los problemas cara a cara y buscarles una respuesta. Claro que no es el camino fácil, todo lo contrario, es el más largo, duro y difícil de todos, e incluso por si todo lo anterior no fuese suficiente, tenemos que sumar el dato de que muchas veces nos partimos el cuerpo y el alma buscando soluciones y nos damos cuenta de que no hay nada que hacer. Pero ahí radica la grandeza de esta otra forma de ser, de vivir.
Cuando uno toma la actitud de actuar, aunque se fracase o no se obtengan los resultados esperados, sabremos que hemos puesto de nuestra parte toda la carne en el asador, somos conscientes de que las palabras miedo, pereza, pasividad, cobardía no nos definen, que no van con nosotros. Nos queda el orgullo de habernos estrellado contra el muro con toda la fuerza, y no quedarnos encerrados sin hacer nada y acabar estrellados más tarde, porque eso sí, el muro no va a desaparecer por mucho que intentemos derribarlo a base de lágrimas.
Para terminar, me permito la desfachatez y la osadía de darles un consejo: si conocen a una persona de esas que no se esconde en la habitación de llorar, no la dejen escapar, cuídenla y mantengan contacto con ella en todo momento, cueste lo que les cueste, pero sobre todo, aprendan de ella todo lo que puedan y escuchen muy atentamente lo que les dice, no la martiricen siempre con sus problemas y abran sus mentes y cállense un momento, verán que sin darse cuenta, ellos mismos le están dando la solución a sus problemas, pero únicamente están esperando que sean ustedes los que se decidan hacerlo, es decir, a que sean ustedes los que se levanten e inicien el camino difícil que ellos ya están recorriendo; no podemos ser tan malos y pedirles que también nos guíen a nosotros.
Sunday, October 08, 2006
El pasado con una sonrisa
No es bueno ni saludable tener la vista anclada en el pasado, simplemente porque como dice el refrán agua pasada no mueve molinos, así de simple, sin embargo es necesario alguna vez hacer un alto en el camino y ver como hemos llegado hasta donde estamos, ver lo que ha pasado, las cosas que han cambiado y las que siguen igual, porque nunca se sabe lo que uno puede sacar en conclusión de dicha reflexión.
No voy yo a exponerles aquí mi vida resumida en breves líneas ni a contarles cosas de mi pasado, para eso tienen otros mensajes en este blog si quieren ver cubierta su curiosidad. Este post es llano y sencillamente una puesta en escrito sobre las cosas que pueden habernos ocurrido a todos nosotros o no, como un experimento en el fondo para comprobar hasta que punto, quizás, la vida y sus sucesos no nos separen tanto a este intento de escritor y ustedes, mis valiosos lectores y lectoras (cada vez más, algo que alimenta mi ego, para que ocultarlo J ).
En los añitos que tengo ya, 26, que no es que sean muchos la verdad, por mucho que se empeñe el dueño de cierto rincón barrido en llamarme viejo, he vivido ya unas cuantas experiencias muy interesantes vistas ahora desde la lejanía y la calma del tiempo pasado.
¿Se han preguntado alguna vez cuánta gente han conocido ya en sus vidas? Y hablo sólo de las que se acuerdan mejor o peor, no de toda esa otra gente que en algún momento formo parte de su vida y que ahora mismo, no guardan ni un ápice de recuerdo sobre ellas, como si nunca hubiesen existido. He intentando sacar un número aproximado y tuve que parar cuando llegue cerca de los 300 sólo entre compañeros, profesores y amigos de mi vida académica. Con mi vida amorosa lo he tenido más fácil porque aún me acuerdo de todas mis parejas (por lo escasas evidentemente), tanto las más serias como las más formales. Pero les aseguro que el número total de esas personas de poder hallarse sería increíble.
Los recuerdos que más gracia me hacen son los referentes a esos amores insufribles que todos hemos tenido, con mayor o menor intensidad. Esas chicas o esa chica que nos volvió loco, que nos trajo por la calle de la amargura, embobados, enamorados hasta los últimos rincones de nuestro cuerpo. La de veces que imaginaba que reunía el valor para declararme, la de cartas y escritos creados para ella, las entradas en el diario, las borracheras para aliviar el dolor o disimular la debilidad que sentíamos, las falsas esperanzas que nos subían en una montaña rusa de felicidad y tristeza continúas. Ese momento mágico cuando una de ellas nos hizo caso por un segundo o unos minutos, cuando pensamos que nuestros sueños iban a verse cumplidos, cuando nos cogió de la mano, cuando nos rozamos por primera vez. Incluso es probable que nos diese un beso, y ¡que beso amigos!, como en ese pasado ya vivido, parecía que no había persona más alegre en el mundo. Cuando nos dijo que éramos su mejor amigo en una confesión bajo el alcohol o después de un desengaño amoroso, ¡y la cara de gilipollas que se me quedó! No se ustedes, pero vistos ahora estos recuerdos me hacen mucha gracia y me muestran que en este tema, sigo igual de cándido que años atrás.
Y los amigos. La de litros de alcohol que hemos compartido, la de juergas y risas, enfados, peleas, confesiones, descubrimientos, decepciones, etc. Siempre me ha intrigado como nace esa complicidad entre dos personas, esa confianza capaz de superar vergüenzas, miedos y obstáculos internos y que nos permite contar aquello que nunca contaríamos a otra persona. ¿Dónde están los primeros amigos? Los de la infancia, con los que jugábamos inocentemente al balón, a ir en bicicleta, en imaginar mil y un mundos donde éramos los absolutos dueños. ¿Y los otros? Los de hace no mucho, cuando empezábamos a perder la inocencia y la vida nos obligaba a entrar en el mundo de los adultos a trompicones y de forma poco educada. ¿Los conservan aún, tienen contactos con ellos? ¿Cuantas personas siguen ahí después de tanto tiempo? Personalmente en este tema he tenido tantas buenas y malas experiencias por igual que me sorprendo que aún siga pensando que la amistad es un tesoro. Conservo amigos, bueno, uno, desde hace exactamente trece años, nada más y nada menos. Otros se quedaron por el camino, por dejadez, problemas o simplemente por que la vida pasa. Mis amigos más recientes no tienen tantos años, exactamente cinco y cuatro años respectivamente. El tiempo dirá lo que sucede, pero me sigue llamando poderosamente la atención como las promesas de amistad no duran más allá del contacto y las noches de juerga, y no es que me parezca mal.
Si queridos lectores, muchas cosas hemos vivido ya y muchas más nos quedan aún por vivir. Y esa es la magia de la vida, tener la esperanza y la valentía de desear en cada minuto de nuestra existencia que ocurran cosas nuevas, buenas y malas. Que les vaya bonito.
No voy yo a exponerles aquí mi vida resumida en breves líneas ni a contarles cosas de mi pasado, para eso tienen otros mensajes en este blog si quieren ver cubierta su curiosidad. Este post es llano y sencillamente una puesta en escrito sobre las cosas que pueden habernos ocurrido a todos nosotros o no, como un experimento en el fondo para comprobar hasta que punto, quizás, la vida y sus sucesos no nos separen tanto a este intento de escritor y ustedes, mis valiosos lectores y lectoras (cada vez más, algo que alimenta mi ego, para que ocultarlo J ).
En los añitos que tengo ya, 26, que no es que sean muchos la verdad, por mucho que se empeñe el dueño de cierto rincón barrido en llamarme viejo, he vivido ya unas cuantas experiencias muy interesantes vistas ahora desde la lejanía y la calma del tiempo pasado.
¿Se han preguntado alguna vez cuánta gente han conocido ya en sus vidas? Y hablo sólo de las que se acuerdan mejor o peor, no de toda esa otra gente que en algún momento formo parte de su vida y que ahora mismo, no guardan ni un ápice de recuerdo sobre ellas, como si nunca hubiesen existido. He intentando sacar un número aproximado y tuve que parar cuando llegue cerca de los 300 sólo entre compañeros, profesores y amigos de mi vida académica. Con mi vida amorosa lo he tenido más fácil porque aún me acuerdo de todas mis parejas (por lo escasas evidentemente), tanto las más serias como las más formales. Pero les aseguro que el número total de esas personas de poder hallarse sería increíble.
Los recuerdos que más gracia me hacen son los referentes a esos amores insufribles que todos hemos tenido, con mayor o menor intensidad. Esas chicas o esa chica que nos volvió loco, que nos trajo por la calle de la amargura, embobados, enamorados hasta los últimos rincones de nuestro cuerpo. La de veces que imaginaba que reunía el valor para declararme, la de cartas y escritos creados para ella, las entradas en el diario, las borracheras para aliviar el dolor o disimular la debilidad que sentíamos, las falsas esperanzas que nos subían en una montaña rusa de felicidad y tristeza continúas. Ese momento mágico cuando una de ellas nos hizo caso por un segundo o unos minutos, cuando pensamos que nuestros sueños iban a verse cumplidos, cuando nos cogió de la mano, cuando nos rozamos por primera vez. Incluso es probable que nos diese un beso, y ¡que beso amigos!, como en ese pasado ya vivido, parecía que no había persona más alegre en el mundo. Cuando nos dijo que éramos su mejor amigo en una confesión bajo el alcohol o después de un desengaño amoroso, ¡y la cara de gilipollas que se me quedó! No se ustedes, pero vistos ahora estos recuerdos me hacen mucha gracia y me muestran que en este tema, sigo igual de cándido que años atrás.
Y los amigos. La de litros de alcohol que hemos compartido, la de juergas y risas, enfados, peleas, confesiones, descubrimientos, decepciones, etc. Siempre me ha intrigado como nace esa complicidad entre dos personas, esa confianza capaz de superar vergüenzas, miedos y obstáculos internos y que nos permite contar aquello que nunca contaríamos a otra persona. ¿Dónde están los primeros amigos? Los de la infancia, con los que jugábamos inocentemente al balón, a ir en bicicleta, en imaginar mil y un mundos donde éramos los absolutos dueños. ¿Y los otros? Los de hace no mucho, cuando empezábamos a perder la inocencia y la vida nos obligaba a entrar en el mundo de los adultos a trompicones y de forma poco educada. ¿Los conservan aún, tienen contactos con ellos? ¿Cuantas personas siguen ahí después de tanto tiempo? Personalmente en este tema he tenido tantas buenas y malas experiencias por igual que me sorprendo que aún siga pensando que la amistad es un tesoro. Conservo amigos, bueno, uno, desde hace exactamente trece años, nada más y nada menos. Otros se quedaron por el camino, por dejadez, problemas o simplemente por que la vida pasa. Mis amigos más recientes no tienen tantos años, exactamente cinco y cuatro años respectivamente. El tiempo dirá lo que sucede, pero me sigue llamando poderosamente la atención como las promesas de amistad no duran más allá del contacto y las noches de juerga, y no es que me parezca mal.
Si queridos lectores, muchas cosas hemos vivido ya y muchas más nos quedan aún por vivir. Y esa es la magia de la vida, tener la esperanza y la valentía de desear en cada minuto de nuestra existencia que ocurran cosas nuevas, buenas y malas. Que les vaya bonito.
Tuesday, September 26, 2006
Diario de un suicida cobarde
Hace tres años. Si, lo recuerdo perfectamente, hace tres años era un naufrago de esta puta vida. No sé si ustedes habrán sentido alguna vez lo que intento decirles. Esa sensación de vacío, de no saber muy bien el lugar que el cruel destino depara a uno, me encontraba totalmente falto de sentimientos, me sentía como una sombra oscura y triste, perdido en mil acontecimientos que ocurrían a mi alrededor y que no sabía interpretar, y mucho menos saber el papel que me correspondía en los mismos.
Fue una etapa muy difícil para mí, muy difícil, quizás el más largo y doloroso periodo de tiempo donde el que aquí humildemente se desnuda, pasó tragos amargos y sufridos. Y no es que el pasado hubiese sido más comprensivo, pues echando la vista atrás compruebo que tampoco es que todo hubiese sido un camino de rosas, pero no sé muy bien por qué, esas dificultades pasadas se mostraron más fáciles de solucionar o por lo menos, de encontrarle un sentido.
Sin embargo, hace tres años comprobé que la vida a veces como un auténtico puñal duele y mucho. Crearon en mí ser una sensación de algo parecido a la derrota, aunque debo matizar que tampoco se trataba de un sentimiento de perdida o derrota como ya he dicho, simplemente notaba que las fuerzas me habían abandonado, que dentro de mi cuerpo, de mi mente, todo se mostraba muy oscuro y demasiado liado. Jamás durante tanto tiempo se había apoderado totalmente de mi persona el abatimiento, la melancolía, la desgana, el hastío, la necesidad de no hacer nada, en definitiva, era un vagabundo deambulando por una vida que no comprendía y que no hacía más que darme puñaladas, una tras otra y con una saña que hasta llegue a preguntarme si, el destino había decidido joderme como no había jodido a nadie.
Acompañando a todo ese manojo de sensaciones, el impulso incontrolable de beber, de buscar refugio en la bebida de una forma que nunca antes había experimentado. Y bebía porque estaba desolado y aterrado, inundado por un miedo incomprensible a no poder superar ese estado de pobreza moral.
Buscaba calor humano de forma compulsa, casi como un enfermo, era una especie de vampiro de compañía que ansiaba en todo momento no sentirse solo, que tenía pánico de la soledad. El sexo se convirtió en un carrusel de despropósitos desenfrenados, de búsqueda desesperada de algo que no llegaba nunca, pero que ansioso buscaba. Era sexo por el simple gozo de cuerpos, de perderse por unos momentos en unos sentimientos falsos y vacíos, pero que hacían olvidar las otras sensaciones de oquedad y aislamiento. Evidentemente no servía de nada, y lo único que conseguía era aumentar esa sensación desolación interior.
Era una autentica carcasa vacía. Y me consumía poco a poco más aún en esa miseria y oscuridad.
No sé si ustedes alguna vez habrán sentido esa sensación de encontrarse vacíos, de mirarse al espejo y pensar que la única compañía que le esperaba a uno, día tras día, semana tras semana, era una soledad inmensa y sobrecogedora.
Han pasado tres años. Años de cambios, evoluciones, alegrías no esperadas y tristezas no deseadas. De vida en estado puro. La sensación ya no es la misma y la esperanza se muestra en el horizonte como una estrella brillante, dejando los malos recuerdos en eso precisamente, malos recuerdos.
Ha sido un largo viaje y muy difícil, donde unos se han marchado, otros han seguido y algunos se han incorporado. A todos ellos, sin rencor, gracias, y a los que aún siguen ahí, ánimo, como dice un sabio al que debo algunas cosas, nadie dijo que la vida fuese fácil.
Un viaje donde la catarsis de la escritura se ha mostrado como una medicina del alma inmejorable, donde las nuevas metas han abierto caminos que deseo recorrer ansioso, lleno de emoción y ganas de vivir.
No sé si ustedes alguna vez han sentido lo que he intentado decirles, pero si ha sido así, que largos y duros se hacen esos años…
Fue una etapa muy difícil para mí, muy difícil, quizás el más largo y doloroso periodo de tiempo donde el que aquí humildemente se desnuda, pasó tragos amargos y sufridos. Y no es que el pasado hubiese sido más comprensivo, pues echando la vista atrás compruebo que tampoco es que todo hubiese sido un camino de rosas, pero no sé muy bien por qué, esas dificultades pasadas se mostraron más fáciles de solucionar o por lo menos, de encontrarle un sentido.
Sin embargo, hace tres años comprobé que la vida a veces como un auténtico puñal duele y mucho. Crearon en mí ser una sensación de algo parecido a la derrota, aunque debo matizar que tampoco se trataba de un sentimiento de perdida o derrota como ya he dicho, simplemente notaba que las fuerzas me habían abandonado, que dentro de mi cuerpo, de mi mente, todo se mostraba muy oscuro y demasiado liado. Jamás durante tanto tiempo se había apoderado totalmente de mi persona el abatimiento, la melancolía, la desgana, el hastío, la necesidad de no hacer nada, en definitiva, era un vagabundo deambulando por una vida que no comprendía y que no hacía más que darme puñaladas, una tras otra y con una saña que hasta llegue a preguntarme si, el destino había decidido joderme como no había jodido a nadie.
Acompañando a todo ese manojo de sensaciones, el impulso incontrolable de beber, de buscar refugio en la bebida de una forma que nunca antes había experimentado. Y bebía porque estaba desolado y aterrado, inundado por un miedo incomprensible a no poder superar ese estado de pobreza moral.
Buscaba calor humano de forma compulsa, casi como un enfermo, era una especie de vampiro de compañía que ansiaba en todo momento no sentirse solo, que tenía pánico de la soledad. El sexo se convirtió en un carrusel de despropósitos desenfrenados, de búsqueda desesperada de algo que no llegaba nunca, pero que ansioso buscaba. Era sexo por el simple gozo de cuerpos, de perderse por unos momentos en unos sentimientos falsos y vacíos, pero que hacían olvidar las otras sensaciones de oquedad y aislamiento. Evidentemente no servía de nada, y lo único que conseguía era aumentar esa sensación desolación interior.
Era una autentica carcasa vacía. Y me consumía poco a poco más aún en esa miseria y oscuridad.
No sé si ustedes alguna vez habrán sentido esa sensación de encontrarse vacíos, de mirarse al espejo y pensar que la única compañía que le esperaba a uno, día tras día, semana tras semana, era una soledad inmensa y sobrecogedora.
Han pasado tres años. Años de cambios, evoluciones, alegrías no esperadas y tristezas no deseadas. De vida en estado puro. La sensación ya no es la misma y la esperanza se muestra en el horizonte como una estrella brillante, dejando los malos recuerdos en eso precisamente, malos recuerdos.
Ha sido un largo viaje y muy difícil, donde unos se han marchado, otros han seguido y algunos se han incorporado. A todos ellos, sin rencor, gracias, y a los que aún siguen ahí, ánimo, como dice un sabio al que debo algunas cosas, nadie dijo que la vida fuese fácil.
Un viaje donde la catarsis de la escritura se ha mostrado como una medicina del alma inmejorable, donde las nuevas metas han abierto caminos que deseo recorrer ansioso, lleno de emoción y ganas de vivir.
No sé si ustedes alguna vez han sentido lo que he intentado decirles, pero si ha sido así, que largos y duros se hacen esos años…
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